DIOS EN LA CALLE

POR ANTONIO LUIS GALIANO PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA (ALICANTE)

Unos días antes de Nochebuena, el 16 de diciembre del pasado año, participaba en Madrid en una mesa redonda en la 10 Jornada Buenas Prácticas, con el título «Comunicación creativa aplicada al Patrimonio», organizada por Hispania Nostra, cuyo tema fue «La importancia del relato histórico», y me correspondió disertar sobre la transmisión oral. Hasta aquí lo personal. Pero, como siempre me gusta conocer los lugares alrededor de donde se va a llevar a cabo el evento, me dirigí a la sede del Colegio de Arquitectos de Madrid en la calle Hortaleza, a unos pasos de la Gran Vía. Lindero con la misma me encontré de nuevo con la iglesia de San Antón, diseñada en un principio por el arquitecto Pedro de Ribera, siguiendo la línea del Barroco Madrileño. Con los años, este templo fue derribado y reconstruido, manteniéndose la portada, en la que en lo alto aparece el Santo Ermitaño con el cerdo a sus pies. Hace un tiempo fue entregado a los «Mensajeros de la Paz» del padre Ángel Rodríguez. Como en otra ocasión, me adentré en la iglesia que permanece abierta las veinticuatro horas del día, atendiendo a personas necesitadas. Allí, los bancos del templo estaban preparados para servir la comida y había una cesta de Navidad gigante, con la leyenda «Deja lo que puedas, coge lo que necesites».

Aquella imagen me recordaba otra anterior de a los años treinta del pasado siglo, en la que se aprecia una larga fila de personas en la Plaza de la Pía (hoy de Ramón Sijé) acudiendo a recoger pan, o aquella película de 1961 que fue candidata al Óscar a la mejor de habla no inglesa, titulada «Plácido», dirigida por Luis García Berlanga e interpretada por Cassen con su sufrido motocarro, José Luis López Vázquez y Manuel Alexandre, y teniendo como argumento, en la Navidad «Siente un pobre en su mesa». Pero esas colas interminables las hemos vuelto a ver y seguimos contemplándolas desde la pandemia en las puertas de las iglesias, en Cáritas y en los bancos de alimentos. Son como aquella imagen de la Plaza de la Pía, lo que con respeto podríamos llamar como «la cola del hambre». Sin embargo, hay otra de este tipo que la sufro próxima a mi domicilio en la que casi cien personas se congregan para cenar en un restaurante japonés, en el que sirven sopa con fideos. «Cola del hambre» que impide circular por esa acera y hay que cruzar a la de enfrente. Pero, ésta es otra clase de hambre.

Siguiendo con el tema de acciones solidarias, un año antes del estreno de la película de Berlanga, en vísperas de la Navidad, desde los micrófonos de La Voz de Orihuela, número 24 de la Red Española del Movimiento se lanzó la iniciativa de que las familias oriolanas sentaran en su mesa a aquellos niños alejados de sus padres o huérfanos, la mayor parte madrileños, andaluces y extremeños, que se encontraban asilados en el Patronato de San José Obrero. Sugerencia que fue atendida inmediatamente, y en una hora todos los niños eran recibidos por las familias como «Embajador de Dios».

Pero, no quedó aquí esta campaña navideña, ya que bajo el lema «¡Aquí, Radio Orihuela! Dios en la calle», se inició otra que tuvo por protagonista a fray Ismael de Vinalesa, guardián del Convento de Capuchinos. La emisora local dedicó las mejores horas de su programación para llevar a cabo ese proyecto, en el que los oyentes de Orihuela y de la Vega Baja, eran atendidos por teléfono por el buen fraile. El cual recibía las llamadas junto a otras personas, resultando al final 200.000 pesetas recaudadas, que hoy serían 1.202 euros. El P. Ismael contó para ello con un grupo de colaboradores, como Antonio Pascual del Riquelme, Barón de La Linde; el farmacéutico Buenaventura Cumella Orozco; el abogado Roberto Balaguer Balaguer; Antonio Rodríguez de Egío, «El Macando»; el ciclista Bernardo Ruiz, «El Pipa». Y en el último programa intervino el obispo de la Diócesis, Pablo Barrachina y Estevan, que estuvo acompañado por el alcalde Luis Cartagena Soriano; Ángel García Rogel, presidente de la Junta de Gobierno de la Caja de Ahorros de Nuestra Señora de Monserrate; Manuel Abadía Cabrera, director de la Caja Rural Central; Tomás López Galindo, decano del Ilustre Colegio de Abogados; Alberto Giménez Giménez, vice-presidente del Casino Orcelitano. Todos ellos, hicieron entrega de importantes donativos por parte de sus instituciones. Así mismo, varios equipos de jóvenes con motos, taxis y camiones recorrieron la ciudad recogiendo mantas, ropa de abrigo, colchones y camas. Por otro lado, las Mujeres de Acción Católica aportaron al programa 30.000 pesetas (180,31 euros) recaudadas para la campaña, que fue patrocinada por el Ayuntamiento oriolano y Cáritas Diocesanas.

Era una buena iniciativa solidaria en aquellos momentos. Ahora, también la encontramos en esas «colas del hambre» en que los necesitados vergonzantes aguardan frío o calor para poder recoger alimentos para su familia. Pero, no son esa otra «cola del hambre» que, con todo su derecho hace disfrutar a los clientes de la sopa con fideos japoneses.

FUENTE:  https://www.informacion.es/opinion/2023/01/22/dios-calle-81535589.html

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