Hoy buscamos datos sobre un niño nacido en el pueblo de Pandiello, Cofiño. ¿Por qué? Pues porque si él fue un personaje con mérito dentro del mundo militar, mucho más lo fue su hijo, dentro de la esfera de la arquitectura española.
Así, encontramos el siguiente registro: «En el día Nueve de Henero del año mil ochocientos y cinco, Bernardo Cofiño presvítero bautizó de orden del infraescrito en una de esta parroquia de Cofiño, a un niño que nació en otro día y se le puso por nombre Cosme, hijo legítimo de Cosme Fernández y de María de Vega Prieto?». Este es el inicio del registro de bautismo que hoy, más de dos siglos después, traemos a esta tribuna de papel. Vemos como aún enero se escribía con «h», entre otros detalles. El padre del bautizado era natural de Cereceda y su madre de Cofiño.
Aquel niño cursó sus primeras letras en la escuela unitaria de su pequeño pueblo y, llegada la hora de cumplir el servicio militar, salió de Pandiello, fue sorteado en Arriondas, capital del concejo de Parres, el 27 de abril de 1827, como tantos otros, y, dice su ficha: «?soltero, pelo castaño, ojos azules, nariz regular, barba lampiña, oficio labrador, fue entregado al oficial que recibe los quintos, el 1.º de julio del mismo año, para servir a S. M. el tiempo de seis años, como «soldado quinto». Sirvió primero a Fernando VII; a la Reina Regente, después, y a Isabel II, al final. Participó en la I Guerra Carlista y se encontró entre absolutistas y liberales.
Concluido el tiempo del servicio militar, Cosme Fernández y de Vega decidió no regresar a Pandiello y se quedó en la milicia para el resto de sus días. Su sentido de la disciplina y del recto proceder le empujó en los ascensos. Veamos su hoja de servicios del Regimiento de Infantería de España nº 30, repetida y ampliada en el Regimiento de Infantería de Navarra nº 25:
«1.º de julio de 1828, cabo 2.º por elección; sólo un mes después, cabo 1.º por elección; el 15 de agosto de 1830, sargento 2.º; y de esta forma llegó a sargento 1.º en 1836. Por méritos de guerra le dieron el grado de subteniente un año después y el de teniente -por antigüedad- en 1839. El 30 de junio de 1843 es ascendido a capitán. Y en julio de 1854, con 49 años de edad, promocionó a comandante».
Ya es hora de que le dejemos hablar:
-PREGUNTA: Excelentísimo Señor -como usted mismo suele firmar-, viéndole con todos esos diplomas, medallas, cruces y distinciones, cualquier vecino del concejo donde nació dirá que fue un verdadero acierto enrolarse en la vida militar. ¿Ha sido tan fácil como parece?
-RESPUESTA: Mi intención era fundar una familia y dar estudios a mis hijos, si los tenía, y era consciente de que en mi querido pueblo de Pandiello no sería fácil. Hubo un tiempo en que estuve decidido en emigrar a México, pero, en 1821, aquel tránsito violento de virreinato a nación independiente, de la que había sido Nueva España, me hizo meditar y decidí quedarme. Mejor ser súbdito de la Corona aquí que extranjero en aquel nuevo país.
-P: Pero en los detallados documentos que se guardan en los regimientos por donde usted pasó, especialmente en el Archivo General Militar de Segovia, se recoge que le encomendaron decenas de misiones muy arriesgadas. LA NUEVA ESPAÑA
FUENTE: https://www.lne.es/oriente/2012/10/03/milicia-arquitectura-20797933.html
