POR MANUEL GARCIA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN ( BADAJOZ)
RESUMEN: El territorio que se circunscribe al área geográfica entre Mérida y Badajoz, cruzado por el río Guadiana, fue elegido por la Orden Franciscana para plantar el carisma de su fundador, Francisco de Asís. Con la llegada de la centuria del dieciséis, en tiempos pretridentinos, se consolida su presencia en dos ramas: Observantes y Descalzos. Los primeros abren casas en el interior o zonas próximas a su casco urbano. Los segundos buscaron alejarse del ruido de las poblaciones, construyendo eremitorios reducidos, sencillos y austeros, en lugares abiertos por la gratuidad de la naturaleza, buscando mayor perfección y una espiritualidad más comprometida desde la oración, el estudio, el desprendimiento y la pobreza, que fue su usus pauper, su seña de identidad. Emplearon en sus formas constructivas mampostería, cantería y ladrillo.
El territorio entre Mérida y Badajoz estuvo insertado en la Provincia de San Miguel de los observantes; y con la observancia reformada en la provincia de San Gabriel de los descalzos, a los que San Pedro de Alcántara añadió mayor severidad. Los unos y los otros, observantes y descalzos, abrieron casas en el territorio de Mérida a Badajoz: La Antigua y San Francisco en Mérida, Madre de Dios en Arroyo de San Serván, San Isidro de Loriana en Puebla de Obando, San Antonio en Montijo, Santiago de Lobón, junto a los de San Francisco y San Gabriel en Badajoz.
En las fundaciones de los conventos estudiados, en un elevado porcentaje, intervino la nobleza, financiando también reformas y reconstrucciones. También lo hicieron los Concejos y la Orden Militar de Santiago. Los franciscanos buscaban así ayuda en sus necesidades. El asentamiento de un convento, el de San Francisco de la ciudad de Badajoz, fue decisivo gracias al prelado fray Simón (OFM), durante su pontificado en el Obispado de Badajoz (1309-1324).
Desde estos cenobios los hijos del Poverello de Asís expandieron su labor apostólica en las llamadas correrías apostólicas. Fueron peregrinos de la predicación, especialmente en los llamados tiempos litúrgicos fuertes de la Iglesia. Se movieron de pueblo en pueblo llevando el Paz y Bien como saludo identitario. Apoyaron las cofradías de la Vera-Cruz y Santo Entierro, junto con la devoción mariológica de la Inmaculada Concepción.
Promovieron la educación ante las elevadas tasas de analfabetismo, abriendo escuelas para dar clases con gratuidad para los más necesitados. En algunos de sus centros enseñaron arte, teología, moral, gramática y filosofía. Edificios que seguían un modelo constructivo formado por la portería, cocina, refectorio, sacristía, enfermería, claustro, iglesia, celdas y biblioteca. Interesante también es la función que realizan los conventos-enfermería, entre ellos el de Montijo, sin olvidar la asistencia espiritual que presentaron a los conventos de las hermanas pobres de Santa Clara, clarisas.
Los religiosos de tosco y pardo sayal, nudosa cuerda y sobrias sandalias se adelantaron al signo de los tiempos, caracterizados por las reformas y rupturas que se dieron en el seno de la Iglesia, con un modelo de espiritualidad que caracterizó parte de los Tiempos Modernos. Vivieron en pobreza, virtud predilecta de San Francisco.
Algunos de los franciscanos que vivieron en los conventos estudiados viajaron al Nuevo Mundo. La aportación del clero regular a la evangelización fue incesante, destacando el predominio de los hijos de San Francisco de Asís, hecho que necesariamente se relaciona con la gran implantación conventual que tuvo la orden en la región extremeña.
El quinquenio monstruoso de la vida pública española, enfrentamiento bélico (1808-1812), trajo ruina y graves secuelas a las casas franciscanas. Fue el anticipo de lo que estaba por llegar, el huracán de la desamortización de Mendizábal, que acarreó la exclaustración de los religiosos, quedando deshechas la vida fraterna y comunitaria que había habitado en los conventos durante más de tres siglos.
Tuvo que pasar más de un siglo para que los franciscanos volviesen a fundar la nueva casa de San Antonio en Montijo. Fue la única restauración de los antiguos conventos en el territorio Mérida-Badajoz. Llegó en tiempos de posguerra, con dificultades, aflicciones y estrecheces. Los franciscanos sembraron esperanza, actividad, educación y luz en los jóvenes. Su labor pastoral fue cercana y muy popular, calando en la sociedad y en los pueblos de colonización, aunque no fue un camino de rosas, apareciendo el desánimo por ilusiones quebradas, integrándose sus religiosos en otros conventos de la Provincia Bética.
FUENTES DOCUMENTALES
ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (AHN). Sección Nobleza. Ducado de Frías. C-1647, D.13.
ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL (AHP), OOMM. Santiago. Libro 1109-C. Año 1515. M.F. 38.
ARCHIVO GENERAL DE INDIAS (AGI). Catálogos de pasajeros. Volumen VII.
ARCHIVO MUNICIPAL DE LOBÓN (AML). Legajo 4, Carpeta 12. 5/IX/1797. Legajo 5, Carpeta 2, 1799. Legajo 6, Carpeta 5, 1804. Legajo 28, Carpeta 13, 1817.
ARCHIVO MUNICIPAL DE MONTIJO (AMM). Catastro de Ensenada. Libro de Repuestas Generales. 1753. Legajo 4, Carpeta 85, 1808. Registro Actas de Sesiones (1859-1862).
ARCHIVO PARROQUIA DE LOBÓN (APL). Catastro Ensenada. Respuestas Generales. Cofradía Ntra. Sra. de los Remedios. Libro de cuentas, años 1655-1733, fol. 197. Libro VI de Bautismos (Años 1804-1828), Libro IV de Matrimonios (Años 1803-1828) y los Libros IV y V de Defunciones (Años 1770-1807 y 1807-1841).
ARCHIVO PARROQUIA DE MONTIJO (APM). Libro de la fábrica parroquial 1797-1837.
ARCHIVO PARROQUIA DE PUEBLA DE LA CALZADA (APPC). Libro II de Defunciones, 1717-1748.
ARCHIVO PARROQUIA LA ROCA DE LA SIERRA (APRS). Libro de Cuentas Cofradía de las Ánimas Benditas-Santos Mártires (1723-1749). Libro de cuentas de la cofradía de la Santa Vera Cruz (1677-1804).
ARCHIVO PARROQUIA DE TALAVERA LA REAL (APTR). Libro IX de Bautismos, 1698-1713.
FUENTE: M.G.C.
Trabajo que me ha sido publicado en el volumen XX, año 2024, de Pax et Emerita, revista de Teología y Humanidades que edita la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, dirigida por don Francisco José Andrades Ledo. El trabajo se inserta en la sección de Historia, en las páginas 173-225.