POR JOAQUÍN MUÑOZ CORONEL, CRONISTA OFICIAL DE CORRAL DE CALATRAVA Y POZUELO DE CALATRAVA (CIUDAD REAL)
Con la participación estelar de la soprano María Ruiz, el coro AMAO y la OFMAN, fue inigualable, insuperable… e inolvidable.
Según Operabase, la web que recopila estadísticas de representaciones a nivel mundial del mundo de la ópera, Madama Butterfly (Giacomo Puccini) es la sexta ópera más representada en el mundo, tras La Traviata, Carmen, La flauta mágica, La Bohème y Tosca. En los puestos 7 al 10, figuran Las noches de Fígaro, El barbero de Sevilla, Rigoletto, y Don Giovanni. Y, para completar la estadística, diremos que de las diez primeras óperas, tres son obra de Mozart y otras tres Puccini; dos son de la autoría de Verdi, y Bizet y Rossini son los compositores de cada una de las otras dos óperas restantes.Pero centrémonos ya en la ópera que hoy nos ocupa, Madama Butterfly -título italiano y apellido anglosajón- que en la traducción del japonés (Cio-Cio-San) con el mismo significado nos da “Señora mariposa”. Y dentro de esta ópera, Un Bel di Vedremo es el aria más conocida, y tal vez una de las piezas musicales más emocionantes dentro de la literatura operística. Aunque será “una felicidad y un bien anhelado” que nunca llegará al hogar de nuestra desdichada protagonista.
El término aria (del italiano Aria = Aire) es un elemento esencial en la ópera, y en otras formas de teatro musical. Creada para ser interpretada por una voz solista, un aria permite al cantante de ópera mostrar sus habilidades vocales, sin la compañía del coro. Aunque generalmente se acompaña de una orquesta, el protagonismo recae en la voz del solista, que resuena entre todos los asistentes de la sala. Esta estructura musical, nacida en el Renacimiento, ha evolucionado hasta convertirse en uno de los momentos más emocionantes y esperados de cada ópera.
Y diremos que el aria en una ópera cumple varias funciones cruciales, que enriquecen tanto la narrativa como la experiencia del espectador.
