POR ANTONIO LUIS GALIANO PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA (ALICANTE)
Sigo insistiendo en que no soy o al menos intento no ser adepto a las fiestas cumpleañeras, en tanto en cuanto que tengan como objetivo el echarte un año más a la espalda. Aunque, para ser sincero, «gracias a la desgracia» del covid con el que tantas personas fueron llevadas por la parca, al estar confinados, con solo la posibilidad de salir a la calle para comprar el pan o echar la basura a los contenedores, o asomarnos por las noches tocando palmas a modo de palmeros flamencos al igual que hacía un chinito de pocos años que vive enfrente de mi domicilio que además golpeaba la cacerola con primor, probablemente sin saber para qué, o al igual que otro vecino aprovechaba para salir muchísimas veces al día con el chucho como excusa como si el animal tuviera cistitis: he llegado a la conclusión de que se ha creado un paréntesis en nuestra vida que viene a cubrir casi o todo un año. Por eso, tal vez, al que viene me sienta con una anualidad menos y quite una vela de la tarta, aunque reitero que no soy muy adicto a ello.
Ahora bien, hay momentos agradables en nuestras vidas que no sean sólo los de los cumpleaños anuales que se van repitiendo uno tras otro, sino que podemos conmemorarlos recordando cuándo y en qué momento acaecieron. En este caso, voy a desplazarme en el tiempo cuarenta años atrás, concretamente al 15 de marzo de 1985 en que, por cierto, ha sido de las dos o tres veces que mi cara no estaba protegida por la barba y gozaba de más pelo en la cabeza.
Me estoy refiriendo al 15 de marzo de 1985, en el que se cumplió una de las mayores ilusiones de mi vida: glosar el Pregón de la Semana Santa. Pero recordemos cuáles eran algunos momentos que ocurrieron en nuestra ciudad por esas fechas.
El año 1985 no comenzó con buen pie, puesto que, en la infausta noche del 1 al 2 de enero, unos desaprensivos con intenciones desconocidas aserraron a metro y medio de su base La Cruz de la Muela y la despeñaron. Aquello movilizó solidariamente a todos los vecinos de la ciudad y la huerta incluyendo a la Corporación municipal, partidos políticos y empresarios, al observar que en el paisaje faltaba su Cruz. Siendo José Vegara Soto, portero del Seminario, quien dio la voz de alarma al detectar que había desaparecido cuando se dirigía a su trabajo. En la tarde del viernes 4 de enero, un grupo de oriolanos entronizaron una Cruz de madera, hasta que se pudiera reparar y reponer la de hierro. El domingo 10 de marzo, fue descendida desde la cumbre con un helicóptero para ser restaurada y se intentó reponerla en la tarde del día 15 de dicho mes, Viernes de Cuaresma y Pregón, pero hubo problemas técnicos para emplazarla por su poca base y por la dificultad del piloto en lograr la verticalidad. Después de tres intentos se dejó depositada en la ladera de la sierra a unos 150 metros de la cima. Por fin, tras buscar otras soluciones, a las 23 horas del día 27 de junio, volvía la Cruz a ser vista en lo alto del Monte de la Muela.
El día 18 de enero de 1985, se dedicaba un homenaje al oriolano Justo García Soriano con motivo del centenario de su nacimiento el 14 de abril del año anterior. Para ello, se colocó una placa en la calle del Pintor Agrasot (Corredera) en el primer edificio de los números impares de la misma. Placa que desapareció después de unas obras efectuadas en ese inmueble. Así mismo, en el Salón Dorado del Palacio de Ruvalcaba se dictó una conferencia titulada «Orihuela y García Soriano» a cargo de su hijo Justo García Morales, archivero y bibliotecario y ex director del Centro del Patrimonio Documental y Bibliográfico. Se completó el homenaje con la publicación en facsímil de la conferencia «Charla sobre motivos oriolanos» que Justo García Soriano pronunció en el Círculo de Bellas Artes oriolano el 11 de septiembre de 1928.
El 21 de febrero, en el Salón de Actos de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, Francisco Martínez Marín ofreció una disertación con imágenes sobre el origen de la Semana Santa de Orihuela, siendo presentada por Emilio Bregante Palazón, presidente de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa.
Al fin llegaba el 15 de marzo y en el Cine Avenida se celebraba el acto del Pregón de la Semana Santa, y coincidiendo con el acto se programó un homenaje por parte de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades al fundador de la misma, y primer glosador, Eladio Belda Irles. Asistió el obispo Pablo Barrachina y Estevan, y Emilio Bregante Palazón, como presidente, me hizo entrega del salario que abonaban por realizar la Glosa: el escudo de Orihuela que me fue impuesto por el alcalde Vicente Escudero Esquer.
En sus palabras de presentación del acto, dicho presidente hacía referencia a la situación política por la que atravesaba el Ayuntamiento, hasta el punto que en esa misma mañana la Corporación municipal aplazaba la cesión del Palacio de Pinohermoso al Ministerio de Cultura y otros asuntos se dejaban sobre la mesa, entre ellos algunos referentes a la Semana Santa. A su vez, anunciaba la próxima inauguración del Museo de la misma. Por su parte, el alcalde Escudero, tras indicar que al tener que intervenir, obligado por el protocolo diría unas breves palabras, dijo: «La tradición crea costumbre y la costumbre según los juristas, crea derecho, y este derecho de ocupar las calles lo tiene el pueblo de Orihuela y creo que lo tendrá siempre para que se celebren los desfiles profesionales». Por mi parte, hice lo que pude con mi glosa que me salió desde lo más íntimo, siendo publicada después el 5 de abril de ese año.
La Semana Mayor estaba cerca y se daba a conocer el nombramiento del general de Ingenieros Joaquín Martínez Reymundo como Caballero Cubierto. Las cofradías y hermandades se esforzaban en mejorar sus efectos procesionales y en dar a la luz publicaciones que quedaron para la historia. Así, la Cofradía Ecce Homo estrenaba un estandarte y una bandera para el tercio de «La Sentencia» y la Cruz Penitencial, que fueron bendecidos el día de San José en su fiesta anual en la Catedral, que tuvo como celebrante al arcipreste de Orihuela Antonio Roca Cabrera, interviniendo en la parte musical el Grupo de Cantores Pepe Rodríguez del Círculo Católico dirigido por Bienvenido Espinosa. Así como se presentó un facsímil de la revista de Semana Santa de 1935. La Hermandad del Santísimo Cristo de Zalamea publicaba un tríptico con imágenes de los desfiles procesionales, del Cristo de Zalamea y de la Virgen del Consuelo, y una reseña histórica. La Cofradía de la Samaritana organizó una exposición de Carteles de Semana Santa, que fue presentada por Emilio Bregante Palazón, interviniendo en la inauguración el Grupo de Cantores de la Primitiva Pasión «Federico Rogel». En este año el cartel tenía como motivo por el cuadragésimo aniversario del paso de la Flagelación de Enrique Galarza una fotografía de Antonio Sevilla. Por otro lado, se publicó la revista Carteles y Poesía de la Semana Santa, dirigida por Carmelo Illescas Pérez auxiliado por Emilio Bregante Illescas entre otros, en la que se recordaba a Antonio Roda López, a Enrique Luca Parra, a Pepe Torres y a Francisco Giménez Mateo. También vio la luz el «Libro de Oro de la Semana Santa de Orihuela» de Francisco Martínez Marín.
Así, transcurrió la Cuaresma, dejando huérfanos a nuestros ojos de la Cruz en el paisaje de sierra. Pero ello no me impidió recordar en esa tarde del 15 de marzo «que el telón de fondo será el mismo, y arriba, en lo alto, la Cruz de la Muela». Y, así es, y siempre los será.
FUENTE: https://www.informacion.es/opinion/2025/03/08/15-marzo-1985-orihuela-115060927.html
