POR JOSÉ LUIS ARAGÓN PANÉS, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ)
La ley de 1851, para el reclutamiento de quintos, establecía el servicio militar obligatorio de ocho años de duración a los jóvenes varones españoles de veinte años, para servir en el Ejército. Pero existían diversas formas de no cumplir con este servicio: por incapacidad física o mental, por sustitución o la rendición en metálico al Estado de 1500 pesetas (9,02€). Solo las familias pudientes podían hacerlo con sus hijos. La medida era impopular. Las clases menos pudientes y pobres lo pagaban con «el tributo de sangre»: enviar sus hijos a la guerra. Tras la revolución de 1868, «La Gloriosa», muchos ayuntamientos decidieron pagar al Estado la rendición de todos sus quintos; sin embargo, algunas poblaciones no lo hicieron y hubo revueltas, motines y asonadas con muertos, heridos y detenidos.
En Chiclana, del 15 de marzo de 1869, tal día como hoy, se celebró sesión extraordinaria de cabildo para tratar de resolver el asunto de las quintas «y la de arbitrar recursos para conseguir que no se lleve á efecto en esta Villa el sorteo de los mozos para el reemplazo del ejército en la quinta del año actual». El tema se deliberó detenidamente; algunos miembros del Cabildo se manifestaron en contra, mientras otros vieron «la conveniencia y popular medida de que dicho acto [el sorteo] no se llegase a cabo». Finalmente, se acordó que no se hiciese y se redimiesen todos los quintos.
El siguiente paso era cómo disponer de los fondos necesarios. La Corporación, convencida «de no haber otro alguno sino de imponer arbitrios sobre determinados artículos de consumo, acordó que dicha imposición se hiciese sobre los vinos, licores y aguardientes hasta donde fuese prudentemente posible y justo». Y si no fuese suficiente, se hiciese lo mismo sobre el aceite. Sin embargo, surgía un problema: el pago había que abonarlo de una sola vez. Así, se acordó «levantar un empréstito, con la autorización de la Diputación provincial». Pero antes, se convocaría una «numerosísima pública y solemne reunión ó cabildo con asociados contribuyentes (…) para que se establezca definitivamente lo que mejor y más conveniente parezca á la mayoría».
Con la proclamación de la I República Española, se abolió el sistema de quintas sustituyéndolo por soldados voluntarios retribuidos que cobraban dos pesetas diarias, salario superior al que ganaba un jornalero en el campo.
Bibliografía: AHMCh. Legajo nº 46. AA. CC. Sesión extraordinaria de 15 de marzo de 1869. WIKIPEDIA: Artículo, «Quintas». Foto, grabado de Antonio Macipe.
