DON QUIJOTE Y YO
Abr 09 2025

POR ANTONIO HERRERA CASADO, CRONISTA OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GUADALAJARA.

He tenido la oportunidad de recorrer los caminos de la Mancha, de esa comarca castellana a la que los árabes apelaron como “la seca” y que es hoy, al inicio de la primavera de este año 2025, un vergel que chorrea agua, por lo que deberíamos cambiarle el nombre, y llamarle “la húmeda”. El caso es que me he entretenido en visitar lugares y plazas, palacios y templos, monasterios y museos, para buscar en ellos la sombra y el espíritu del Caballero Andante. Está, y se siente, ese aliento de don Quijote, el de la Mancha, aunque el tal caballero solo la recorriera en la imaginación prolífica de Miguel de Cervantes.

Ahora quiero entretener esta página con mi recuerdo de las formas, tiempos, y emociones con que me he encontrado a lo largo de mi vida con don Quijote. “Don Quijote y yo” es la nota final de esta partitura, que resulta ser el “quijote sostenido mayor” frente al que me he visto en muchas ocasiones, esperando a escucharle. A lo largo de los años que recuerdo haber vivido, he sido bastantes cosas. He sido médico, profesor, ciclista, periodista, filatelista, cronista, excursionista, y últimamente, en el medio siglo anterior, he sido editor de libros, tarea en la que he empleado muchas de mis horas y en las que me he entretenido bastante.

Y ha sido en esta ocupación que he tenido las más intensas emociones junto a don Quijote. Lo hemos hablado, él y yo, y creo que don Alonso ha quedado bastante contento. Y yo, sin dudarlo, muy consolado. Porque he dedicado algunas energías a darle pábulo a su historia, de muy diversas maneras. La primera de ellas, reeditando (porque andaba agotado y casi olvidado) el librillo que a principios del siglo XX escribió mi paisano horchano don Ignacio Calvo, y que tituló “Historia Domini Manchegui” y que no era otra cosa que el Quijote traducido al latín macarrónico. Se rió con la tarea hasta el mismísimo hidalgo de Santa María del Campo Rus. Y he seguido reeditando la cosa porque siempre ha habido un cura viejo, o muchos, que me lo han pedido.

Después, y en 1999, con el entusiasmo incondicional de Isabel Fernández Morales, desde El Toboso, me propuse dar a luz una obra que se titulara “El Quijote entre todos” y que en dos tomos reuniría los 126 capítulos de ambas partes del Quijote de Cervantes, cada uno de ellos comentado por un escritor, e ilustrado por un artista. El resultado fue muy bueno, porque todos nos sentimos felices: escritores escribiendo sobre don Quijote, ilustradores dibujando al hidalgo de la Mancha, y lectores aprendiendo y disfrutando.

Al fin, en 2016, por conmemorar de algún modo el Centenario de la edición de la segunda parte del libro, me propuse montar una obra gigantesca que en sus dos tomos llegó a pesar 7 kilos y componerse de 2100 páginas de gran tamaño, bajo el título de “El Quijote manuscrito y políglota”. Allí reunimos a otros 126 autores, la mayoría de ellos cervantistas de pro, que pusieron su mano para escribir con su pulso y en su idioma uno de los 126 capítulos de la obra cervantina. José Saramago escribió el prólogo, y quienes lo han visto y han posado sus ojos sobre sus hojas han quedado maravillados.

Esta es, pues, mi relación, brevemente dicha, aunque largamente disfrutada, con don Quijote, con su aventura secular, con su locura maravillosa y sus palabras, sus denuestos y sus ilusiones: siempre le reconoceré como un hermano, y en los momentos de tribulación, que vendrán, volveré a pedirle su opinión, que aunque no la merezco, seguro que me va a ayudar, y mucho.

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