POR MIGUEL FORCADA SERRANO, CRONISTA OFICIAL DE PRIEGO DE CÓRDOBA (CÓRDOBA).
“El traslado” es una ceremonia nueva que se ha incorporado a la Semana Santa de Priego en los últimos años. La imagen de Jesús en la Columna es llevada, sobre unas pequeñas parihuelas, desde el camarín de su capilla hasta el trono que se ha colocado previamente ante el retablo del altar mayor. Hace 15 años el traslado se hacía privadamente, con las puertas de la iglesia de San Francisco cerradas al público y sin más adorno que el respeto que todo columnario siente hacia su imagen. Pero, hace poco más de diez años, alguien propuso acompañar con música ese recorrido por la nave central de la iglesia y la colocación de la imagen sobre el trono. Inmediatamente, sin que se hiciera mucha publicidad del acto, mucha gente comenzó a acudir y en los últimos años… es que no se cabe en la iglesia. La ceremonia comienza a las 11,30 de la noche; los mayordomos de Jesús sacan a la imagen sobre unas parihuelas, del camarín de su capilla, en la que el pregonero de la Semana Santa (este año el sacerdote Javier Rodríguez Calmaestra) declama un fragmento de su pregón dedicado a la Virgen de la Esperanza; en plena oscuridad, tras un cortejo solo de cirios y faroles encendidos, la imagen es llevada por el pasillo central de la iglesia (impresiona verlo tan cerca, casi desnudo y sangrando, entre la gente) hasta el trono colocado en el lugar de salida de la procesión del Jueves Santo. Dos violinistas (este año Ruth y Noemí del Rosal González) tocan una dulce melodía religiosa; al llegar al trono, el cantaor Antonio Carrillo (“Periquillo”) canta una saeta en la que pide a Jesús en la Columna que le reserve un lugar a su lado cuando llegue al cielo. Es una ceremonia sencilla, simple, pero los hermanos columnarios la viven con una intensidad cercana al éxtasis…
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