POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN)
Construcción
Aunque el origen del Teatro-Cine Regio nos remite a su sección de verano, bajo el nombre de “Rascayú”, hemos de aplazar la historia de este inicio de la empresa al apartado de proyecciones cinematográficas en sus inmuebles conocidos como “Cines de Verano”.
Es en diciembre de 1949 cuando Trinidad Carrascosa Álvarez, “Don Trini”, solicita del Excmo. Ayuntamiento autorización para la construcción de un local destinado a Cine de Invierno, en la calle Carrera. Las obras comienzan con la demolición del edificio, describiéndose las dificultades que supuso trasladar las enormes vigas que se utilizaron.
Al respecto, creo necesario reflejar el equipo humano que la llevó a cabo: Arquitecto, D. Juan Ortega Cano y Aparejador, D. Alberto Coronado. Albañiles oficiales: Manuel Carrasco, Miguel Á. Navarrete y Tomás Rubio. Peones, ayudantes y pinches: Juan Moreno, Antonio Alarcón, Alfonso Cabrera, Marcelino Alarcón, Juan Carrillo, Juan Luna, Juan López, Francisco Moreno, Juan Antonio Sánchez, Andrés Cameros y Simón Cabrera. El destierro corrió a cargo de Juan Villanueva.
Inauguración
Tuvo lugar el 27 de septiembre de 1951, a las once de la noche, con la proyección de la película “Agustina de Aragón”; llegándose a reponer durante los dos días siguientes, en dos funciones: la primera, a las ocho cuarenta y cinco y la segunda, a las once de la noche. El domingo 30, por la mañana, se ofreció un recital de Roberto Grever. Las películas que siguieron proyectándose fueron “Balarrasa”, “Dos hermanas de Boston” y “Capitán Loyola”, entre otras; junto al espectáculo o Revista de Folklore “Sueños de Gloria”.
Los Operadores de Cine
Aunque durante numerosos años figuró como titular de proyección Emilio Campos Carrasco, quien tenía oficialmente el título para ello fue Emilio Carrascosa Bedmar. El carnet se obtenía en Madrid, a través de un examen teórico y práctico. Lo obtuvo en 1952, con el número 39, al ser declarado APTO y, en determinados momentos, fue ayudado en su labor por Tomás Muñoz Collado. Manuel Carrascosa Bedmar, hermano de Emilio, también obtuvo el título de proyección, aunque nunca llegó a ejercer tal misión.
Personal
La relación del personal necesario para mantener el local y realizar las proyecciones fue la siguiente: Taquilleros: Andrés Burgos Fuentes, Tomás Luna Leal, Pascual Megina Lamarca y Alfonso Yeste Bezares. Administración: César Merino Manjón. Acomodadores: Pedro A. Torres Navarro y Antonio Alarcón Gallego. Porteros: Antonio Caparrós, Antonio Moreno López, Luis del Pozo Gallego y José Requena. Conserje: Antonio Alarcón, quien, junto a José Navarro, se responsabilizó del transporte y facturación. Cabina de proyección: Además de los ya citados, Francisco Martínez. Calefacción y limpieza: José Navarro Aibar y su esposa Ángeles. Técnicos de mantenimiento: Celso Carrascosa Bedmar y Emilio Campos.
Aforo
Su capacidad fue de 985 localidades, distribuidas del siguiente modo: 450 butacas, 230 sillas en anfiteatro y 305 en general o “gallinero”.
Precio de las entradas
En los primeros años fue de 3 pesetas la butaca, 2,60 pesetas la silla y 1 peseta general. El precio fue subiendo y el último año el de la butaca fue de 20 pesetas.
Servicio de bar, vendedores de chucherías…
El servicio del bar siempre lo gestionó, desde sus inicios, Francisco Muñoz Ruiz; pagando una módica cantidad en concepto de alquiler; iniciada con 2.000 pesetas anuales y alcanzando una cantidad próxima a las 4.000 pesetas, al término de la primera década. Paco fue ayudado por su familia y fueron numerosas las anécdotas que mantuvo con actores y público en general. Los momentos de mayor afluencia de trabajo eran los descansos que se realizaban durante la proyección de la película, mientras se producía el cambio de las bobinas. Este período, de unos 15 minutos, era aprovechado por los espectadores para tomarse alguna rápida consumición. La barra estaba situada en el vestíbulo de entrada, a mano izquierda. Una segunda barra se ubicó en la antesala de acceso a los asientos de sillas y “gallinero”, con un público más joven y con otras peticiones de consumición.
Antes de entrar los espectadores en el local se proveían de los productos que ofrecían los vendedores en las proximidades del Cine. A tal efecto, hemos de citar a Manolo “Carpeta”, que vendía garbanzos tostados y a Magdalena. Generalmente, portaban en una cesta de mimbre sus productos; aunque los hubo que disponían de carros con ruedas, donde colocaban los caramelos y otros géneros, los cuales se podían contemplar, tras los cristales, en el interior del carro. También era frecuente la venta de helados en las proximidades del Cine. Fueron muchas, en este sentido, las personas que dieron vida y recuerdos a las páginas de este legendario edificio en la localidad.
Los bares de la Plaza Mayor se llenaban de matrimonios o novios que tomaban su “aperitivo”, a la espera de que finalizase la primera sesión del cine (generalmente de seis a ocho de la tarde) para asistir a la segunda sesión que comenzaba a las ocho o a la última, a las once. Los domingos y festivos había una función infantil de cuatro a seis de la tarde.
Las películas y su calificación
Como norma, todas las películas tenían una calificación que las propias autoridades clasificaban en relación con las diferentes clases de espectadores que asistían a la sala y que eran las siguientes: Autorizadas para todos los públicos y autorizadas sólo para mayores de 14, 15 y 18 años. Las autoridades religiosas también clasificaban las películas, siendo las de 3 R las destinadas, generalmente, a las películas de “destape”.
El “NO-DO”
Con anterioridad a la proyección de la película, los sábados y domingos podía verse el NO-DO (Noticiarios y Documentales Cinematográficos); siendo obligatoria su exhibición. Durante el resto de la semana se proyectaban “Imágenes”. Respecto del noticiario NO-DO cabe resaltar un reportaje cinematográfico sobre Villanueva del Arzobispo, con el número 535, proyectado en el año 1953 con el siguiente contenido: Fumigación de olivos”.
FUENTE: M.L.F.
