POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN)
Pedro Guijarro nos dejó en el mes de mayo. Compartí con él la admiración por sus maquetas, su ofrecimiento continuo a la comunidad educativa del Colegio “Nuestra Señora de la Fuensanta”; su aportación a la Cofradía del Nazareno; se organizaba para los encuentros en el “Bar Méndez” cuando su hermano Vicente llegaba de vacaciones desde Puerto Real, con nuevas aportaciones sobre la historia villanovense; su entrega, colaboración y amistad con los vecinos de la calle Nueva; su profesionalidad y atención para responder a la demanda, de numerosas peticiones de reparaciones de electrodomésticos, especialmente frigoríficos y lavadoras,
Formó parte de la Junta Directiva de la Cofradía “Nuestro Padre Jesús Nazareno”. Se le asignó la gestión de completar el paso del Nazareno con un Cirineo que ayudase a llevar el peso de la cruz; la adquisición en Sevilla de instrumentos musicales para la formación de una Agrupación Musical de la Cofradía.
De su viaje y reuniones con el imaginero Víctor González Gil, en Madrid, Pedro me narró y aportó la biografía del artista, su amistad con numerosos intelectuales, como Dámaso Alonso, Luis Cernuda o Miguel Hernández, quien colaboró en la revista que fundó el escultor “Rumbos”. Su estrecha amistad con éste, sobre todo a partir del año 1939, salvándole repetidas veces de la cárcel, hasta que el poeta, desoyendo sus recomendaciones, se marchó a su ciudad natal, Orihuela, donde fue detenido el mismo día en que celebraba el cumpleaños con su padre, comiendo una paella. Asimismo, narró el inmenso trabajo de D. Victot, que realizó en la reconstrucción de los templos, y talla de numerosas imágenes, tras finalizar la Guerra Civil.
El Cirineo era una imagen que estaba en el taller del imaginero y que consideraron oportuna su adquisición, aunque no estaba diseñada expresamente para el Nazareno. Desde el principio no agradó, a pesar de algunas intervenciones realizadas a lo largo del tiempo, se ha creido oportuno, que no figurase en el paso.
Sus maquetas
La infancia de Pedro transcurrió en lo que podíamos llamar “Calle de la Artesanía”: la calle San Miguel; que él llamó “polígono industrial”, con carpinteros como Joaquín Calero y José Fernández; herreros como los hermanos Cabrera, Antonio Rubio y los hermanos Fraile; y el hojalatero Manuel Herreros. Rodeado de estos auténticos artistas, la receptividad de Pedro marcará su interés en la realización de maquetas; elaborando, en su juventud, varias imágenes de Cristo en sarmientos de parra.
Influenciado por su trabajo de reparación de motores electromecánicos, visita las viejas almazaras en peligro de desaparición. Adquiere el compromiso de plasmar para la historia, vida y costumbres de nuestros pueblos el funcionamiento de las viejas almazaras. Así surge su primera maqueta: los empiedros, la batidora, el arca de bombas y presa; dotándola de motor eléctrico y correas. La acaba en 1990, presentándola en Canal Sur y en varias exposiciones locales. Recuperando la tradición de sus abuelos construye la maqueta de un molino harinero movido por el agua del río que sitúa junto a él. Este viejo molino es su segunda maqueta y es citado en la época de los Reyes Católico con el nombre de “Molino de la Torre”, junto al Guadalquivir. Ha continuado sorprendiendo en cada uno de sus nuevas y variadas maquetas; se puede ver el movimiento acompasado, los minuciosos detalles que complementan cada obra con todos los materiales reciclados que utiliza, hierro, madera,..: diminutas piezas que, como los relojeros, ha de ensamblar con gran precisión. Pedro pone en ellos sus manos y su mente, prodigiosas ambas, al servicio de la historia y las costumbres, ya perdidas, de un ayer muy cercano. Ha sido requerido para diversas exposiciones en numerosos lugares.
Cada mes de mayo, en unión de todos los vecinos de la calle Nueva, colaboraban en el tradicional vestido de la Cruz; aportando siempre su innegable toque de belleza y originalidad; y obteniendo, por parte del Jurado, un más que merecido premio y admiración. Periodos de convivencia de todos los vecinos, en las jornadas previas. Creo recordar que fue la calle Nueva la última, que mantuvo los tradicionales “Miércoles”; vistiendo los dos muñecos, colgándolos durante el día para ser apaleados y quemados el miércoles anterior a la Semana Santa.
En éste último mes de mayo, Pedro se nos fue; aunque, deja un legado permanente, de su intervención en las Cruces de mayo, de amistad sincera, de sus maquetas, a las que dotó`para siempre la vida en movimiento. Pedro Guijarro: con túnica de nazareno, una pequeña caja de herramientas sus maquetas, lleva un salvaconducto de artista que otorga vida, a su obra, lo que le permite un recuerdo que ha de perdurar en nuestra retina eternamente.
FUENTE: M.L.F
