LAS REPUTADAS ALCARRAZAS DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ)
Jul 24 2025

POR JOSÉ LUIS ARAGÓN PANÉS, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ)

El extenso periodo histórico de casi ocho siglos (711-1492) de dominación islámica sobre la Hispania visigoda, nos ha dejado una profunda e imborrable huella en nuestra historia; su cultura impregnó la sociedad en todos sus ámbitos y disciplinas, legándonos un valioso y considerable patrimonio cultural material e inmaterial en todo un territorio al que le impusieron el nombre de al-Ándalus. Ejemplo de ese importantísimo y significativo patrimonio inmaterial, es su aportación e incorporación a nuestra primitiva lengua latina de palabras y vocablos al idioma español: los «arabismos». Una parte considerable de ellos, más de cuatro mil, representan un ocho por ciento de nuestro vocabulario actual, muy especialmente en los antiguos territorios del sur de la península ibérica, al-Ándalus, de cuyo topónimo deriva el nombre de nuestra comunidad autónoma de Andalucía.

De entre todos, hoy nos centraremos en un arabismo con el que se denominada a un objeto muy común que existía en muchos hogares de España, incluida Chiclana, especialmente en la mesa y la alacena –otro arabismo muy empleado en nuestra ciudad– de las que tenemos noticias a partir del siglo XVI: una vasija de barro a la que llamaban, «alcarrazas».

El sufijo «al», que es artículo en árabe –aunque de origen latino– tiene en nuestro idioma un significado distinto; sirve de unión para la formación de palabras (sustantivos) procedente de la lengua árabe-hispana: alcancía, almacén, alquería, alcahuete, almanaque, alberca, almohada, albóndiga, alcalde, alberca, alfarero… Y un sinfín de vocablos más; síntoma del bilingüismo existente durante siglos entre al-Ándalus (donde convivían en paz árabes y mozárabes) y los habitantes de los reinos castellanos.

Las alcarrazas, de igual modo que otros objetos cotidianos de cerámica frecuentes en los hogares, fueron representadas en la pintura española en el Barroco hispano por pintores de la talla de Murillo, Velázquez, Zurbarán o Ribera… Esto se debe, según nos cuenta el doctor en Historia del Arte e investigador especialista en alfarería y cerámicas, Alfonso Pleguezuelo, a nuestra costumbre de beber mucha agua desde la «época musulmana y mudéjar»; un factor medioambiental, además de otras de origen culinario como el uso muy común de la pimienta.

El historiador y viajero Antonio Ponz, citó los lugares donde se fabricaban: «También se hacen (…) en otras ciudades de España, principalmente en Valencia, Chiclana, Murcia…». Sí, Chiclana, «in illo tempore», famosa por la fabricación de esas vasijas de barro. La notoriedad de nuestras alcarrazas se extendió más allá de la villa, la provincia, la región y gran parte del país. Refrescaban el agua mejor que otras de la comarca y eso se debía al barro empleado para su cocción. La alcarraza fue el antecedente del búcaro que hemos conocido en el siglo XX. Siendo de tan buena condición, no era de extrañar que se exportasen a toda la península y territorios españoles de ultramar. No exageramos; de ultramar tenemos noticia de ellas, a través del periódico de La Habana, «El Aviso» (1805-1810). Es una relación de las entradas de embarcaciones en el puerto, del 23 de marzo de 1808. Entre otras, citaba al «bergantín Rocklan capitaneado por John Sherburne, procedente de Tenerife con una carga de aguardiente, almendras, hormas de azúcar y alcarrazas de Chiclana para la localidad de Machín en la provincia de Cienfuegos», que llegaría en treinta y cuatro días.

Tan arraigadas estaban, que aparecían entre los dichos del refranero andaluz. Cecilia Böhl de Faber, «Fernán Caballero», las renombra en sus Cuentos y poesías populares andaluces, dentro del relato intitulado, La oreja de Lucifer. Escribió: «En las salas aquellas se hallaron unas mesas puestas con unos manjares de los famosos, sus licores, sus alcarrazas de agua, sus aceitunas, y un pan como unas hostias”. Y en el mismo libro, en su apartado, Poéticas sin género determinado, recoge la conocida coplilla: «Para alcarrazas, Chiclana. / Para trigo, Trebujena, / y para niñas bonitas / Sanlúcar de Barrameda».

A finales del siglo XIX, el siglo de las exposiciones industriales-comerciales, las alcarrazas de Chiclana se presentaron en varias de ellas de carácter nacional como uno de los productos típicos y de gran prestigio comercial. Su fama fue digna de mención por otros escritores viajeros como el caso del escritor vasco Pío Baroja, que hizo referencia de ellas en su itinerario por la provincia de Cádiz y su breve paso en nuestra ciudad.

Hay un antiguo refrán cargado de sabiduría popular y acierto, que hace alusión al agua y a la vasija de barro. Dice: «Agua fresca la da el jarro, no de plata, sino de barro». Ahora, con nuestros actuales y modernos sistemas de refrigeración tan accesibles en casa, el jarro de barro ha quedado en nuestra cultura como una supervivencia del pasado, un «survival» etnográfico o un objeto de decoración del que se desconoce su historia. Quizá todavía existan en algunas casas antiguas. Si fuese así, ¡Consérvese como un apreciado y valioso patrimonio familiar! Publicado hoy en «El Periódico de Chiclana», pp. 18-19

Bibliografía:

-ARAGÓN PANÉS, J.L. (2024): «Noticas a la luz del tiempo». Manuscrito

-PLEGUEZUELO, A. (2000): «Cerámicas para agua en el Barroco español: una primera aproximación desde la literatura y la pintura». Ars. Longa: cuadernos de arte. Nº 9-10, pp. 123-138.

-TEJERO ROBLEDO, E. (1996): <Arabismos en la lengua castellana: pretexto para el reencuentro magrebí. Didáctica, Lengua y Literatura, 8, 295. En https://revistas.ucm.es/…/article/view/DIDA9696110295A

FUENTE: https://www.facebook.com/joseluis.aragonpanes

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