POR MANUEL GONZÁLEZ RAMÍREZ, CRONISTA DE ZACATECAS (MÉXICO)
SÍ ES #ZACATECAS… «Altas y bajas del terreno, que son siempre una broma pesada». RAMÓN LÓPEZ VELARDE.
Esta es la calle Antonio Dovalí Jaime, ubicada en las faldas del Cerro del Grillo de la ciudad de Zacatecas, a un costado de la entrada de la Mina El Edén.
Es uno de los más elocuentes ejemplos de esas «Altas y bajas del terreno, que son siempre una broma pesada» que aludió Ramón López Velarde en su poema La Bizarra Capital de mi Estado (ca. 1915).
Desde cualquier elevación pueden contemplarse los matices de Zacatecas.
Un paisaje urbano de rocas intensamente coloreadas: lajas de piedra caliza, cantera blanca, rosa y naranja. Con ellas se levantó esta ciudad y se atrapó al tiempo.
Todos los matices de la cantera regional colorean la silueta de esta urbe; predomina la rosa, pero también hay naranja, blanca, veteada y la de color “sangre de pinchón”, está última se trae de Jerez, la tiene natal del poeta Ramón López Velarde.
