LOS BAÑOS DE OLAS O BAÑOS DE MAR EN LA BARROSA
Ago 08 2025

POR JOSÉ LUIS ARAGÓN PANÉS, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ).

El origen de los baños de mar se remonta a la Antigüedad. Plinio El Viejo escribió en uno de sus manuscritos: «No hay mejor para la salud del cuerpo que la sal y el sol». Él y otros autores latinos dan cuenta de los efectos benéficos de esta práctica común y asidua en la cultura greco-romana en numerosos documentos y tratados. Del mismo modo, lo atestiguan importantes restos y vestigios arqueológicos. En todos ellos existen evidencias históricas de que fueron los romanos –sin ser sus verdaderos descubridores– los pioneros culturales en utilizar el agua del mar como complemento a su costumbre de tomar para baños como acción terapéutica curativa o paliativa.

Un claro antecedente fue el griego Hipócrates de Cos, padre de la Medicina. También otros autores como Suetonio, Celso, Galeno… escribieron sobre los efectos benéficos de los baños de mar sobre el cuerpo humano. Con ellos nacería la talasoterapia. El médico de origen griego Oribasio, médico personal de Juliano «El Apóstata», aconsejaba: «La mejor agua para tomar un baño frío, sobre todo cuando se empieza a tener esa costumbre, es el agua del mar (…) debe ser pura y transparente». Transparente y pura es el agua de nuestra Barrosa: «La playa más limpia, más tranquila, más hermosa y mejor que hay en el mundo» decía el periódico «El Correo de Cádiz» en agosto de 1920. Sin embargo, y a pesar de conocerse la práctica de la talasoterapia, Chiclana dio la espalda al paraje natural de La Barrosa entre pinos y mar– como espacio de baños, salvo que los romanos, presentes en nuestra zona desde el 206 a.C., hiciesen uso de ella en sus baños terapéuticos.

De igual manera desconocemos lo que ocurrió en los siguientes siglos hasta llegar el siglo XIX. Los «modernos» baños de mar –puestos de moda en Inglaterra en el siglo XVIII– no eran habituales. Aún en ese siglo, La Barrosa era un sitio boscoso, solitario y peligroso (en ocasiones por la presencia piratas, contrabandistas o malhechores) frecuentado por marineros, pescadores. Solo estos y sus hijos se bañaban en sus aguas, que han sido testigos y protagonistas de numerosos naufragios. En el informe de 1755 que el corregidor de Chiclana, Alonso Valdés Saavedra, envía al duque de Medina Sidonia sobre los estragos provocados por el terremoto de Lisboa en sus estados, se menciona el lugar como playa de La Barrosa. Allí fue a parar, por el posterior tsunami, la barca de pasaje del río Sancti Petri. Además –añadía el informe– solo perecieron algunos pobres que había en ella. En ese mismo litoral el duque mandaba calar dos almadrabas «de tiro», la de Conil y la de La Barrosa, que desaparecería a principios del siglo XX.

La tradición de tomar baños de mar en España se inició a mediados del siglo XIX. La reina Isabel II visitaba San Sebastián en 1845, y aconsejada por sus médicos, se bañó durante unos días en la playa de «La Concha» para mejorar una afección en la piel. La costumbre se convirtió en rito para la corte y la burguesía. La moda llegó para quedarse, extendiéndose a otras playas del país. En Cádiz la de «La Caleta» se hizo famosa. A ella debió ir a bañarse el príncipe de Asturias, Alfonso, pero finalmente el viaje, ya bien entrado el otoño, se suspendió.

Durante el proceso histórico de la Restauración (1875-1902), los baños de mar se hicieron muy populares en España entre las clases altas y media alta. En Chiclana, un angosto y mal camino de arena, que conducía a La Barrosa, fue objeto de atención del Cabildo en 1894. Dos razones existían para ello: emplear a los obreros sin trabajo –hubo sequía y la mala cosecha– en la mejora de aquella vía maltrecha, y proporcionar a los forasteros que venían a tomar las aguas de Fuente Amarga y Brake, un buen camino para que pudiesen hacerlo también en el mar. Muchos años después, Ramón Fossi construyó un magnífico hotel junto al antiguo molino de mareas de Almansa; sitio histórico durante la batalla de Chiclana.

En 1917, siendo alcalde Juan Fernández-Caro Mateos, el camino se volvió a arreglar con la aportación económica de los grandes contribuyentes de la ciudad. Señal que se compuso, es un «breve» de «El Correo de Cádiz», del 20 de agosto de 1920: «En la playa de la Barrosa, el próximo pasado domingo 15 del actual, vimos en esta hermosa playa, gran número de familias conocidas entre otras las señoras y señoritas de Conti, Fernández D. Tomás), Fernández de Martín (D. Ricardo), y de Macías». Representaban parte de la elite de la ciudad. No fue hasta mediados de los cincuenta cuando La Barrosa comenzó a acoger un significado número de bañistas los fines de semana. A partir de 1961, se inició expediente de tramitación para electrificar la zona; la playa, desde entonces, es tomada como lugar de ocio y disfrute de la ciudad. Antes de que finalizase la década, surgían las primeras urbanizaciones.

Bibliografía:

-ARAGÓN PANES, J.L. y CONDE MORA, F.G. (2019): «Chiclana de la Frontera en los archivos Apostólico del Vaticano, Fundación Casa Medina Sidonia e Histórico Municipal». Ayuntamiento de Chiclana, CEMEBASA. Imprime Alograf, S.L. Chiclana.

-ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE CHICLANA. Legajo nº 232. AA. CC. Sesión ordinaria del 14 de noviembre de 1894 y Legajo nº Sesión ordinaria del 18 de agosto de 1917.

-GONZÁLEZ SOUTELO, S. (2008): «Los baños de mar en el mundo antiguo: una propuesta de estudio». Galleacia, nº 27. pp. 227-240.

-BIBLIOTECA VIRTUAL DE PRENSA HISTÓRICA: «El Correo de Cádiz», 20 de agosto de 1920

FUENTE: https://www.facebook.com/photo/?fbid=4119028788353511&set=a.2850714261851643

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