Cronista oficial de Viveiro, Carlos Nuevo acaba de publicar el libro «San Roque, a peste, o cólera e outras enfermidades. A xénese das festas patronais». Conoce a fondo no solo la evolución histórica de la villa, sino también la de las Festas Patronais.
-¿De dónde vienen las Festas Patronais de Viveiro?
-Las fiestas de San Roque tienen su origen en el siglo XVI, en la época de la peste negra. En cualquier lugar al que llegaba la enfermedad, se encomendaban a San Roque como santo protector. En Viveiro hubo tres brotes: en 1569, 1576 y 1598. Cuando se supera esta última, en el Concello aumenta la devoción por San Roque. Santo Tomás era el patrón desde el siglo XIII y San Roque se convierte en el copatrón. Después, pasaron los años y, además de otras iniciativas, empezó a celebrarse una misa con sermón y procesión en su día. También se realizaba una comida corporativa en la que se llevaba a cabo un lanceo de toros. Los muchachos más fuertes de la villa participaban en el acto. Hay que tener en cuenta que aquellos años la comida era escasa y la carne de los toros se vendía después a precios populares.
-¿Cómo evolucionó la figura de San Roque?
-San Roque ya era popular, pero cada vez que había un rebrote se le llamaba para hacer frente a la mortalidad. En cuanto a la peste negra, los dos primeros brotes llegaron por tierra, desde Betanzos, y la tercera vino por mar, de Santander. Se hablaba de un clérigo francés que llegó infectado a Viveiro. A principios del siglo XVII, se tuvo en cuenta que el monte San Roque era un lugar mágico por el que salía el sol y que cuenta con acuíferos, manantiales y leyendas. Así que era un lugar muy especial para colocar a San Roque en la Cova de San Juan Vello, que fue el santuario hasta el siglo XVIII. Así, la fe fue creciendo y en 1680 se construyó el altar de los patronos, Santo Tomás y San Roque, en San Domingos. Más adelante se sumó San Fernando.
-Entonces, la repercusión de San Roque fue a más…
-En popularidad, era el que crecía. Después de la peste negra, aparecieron otras enfermedades como el tifus, la gastroenteritis, el cólera morbo… Este último se originó en la India y San Roque ya había sido el santo protector con la peste y de todos los males. Las enfermedades fueron evolucionando y la figura de San Roque fue cogiendo más fuerza. De hecho, en el siglo XVII empezó a haber eremitas y mayordomos que cuidaban la capilla. Así que el santo ya atraía gente de toda la comarca y el monte era un lugar ideal para realizar peregrinaciones.
–¿Cómo repercutió esto en las fiestas?
-A finales del siglo XVII, se realizaba una romería muy especial que era el acto más fuerte de las fiestas. Además, San Roque tomó fuerza porque se convirtió en santo de toda A Mariña. Los «botiquíns» típicos de las romerías se hacían con las velas de los barcos. Y La romería se convirtió en un rito iniciático para los jóvenes, porque, entonces, dormir fuera de casa era extraño. La epidemia de la gripe, en 1918, fue la última en la que se recurrió a San Roque. Entonces, bajaban al santo del monte y Santo Tomás y la virgen salían a recibirlo para acompañarlo a Santa María do Campo. Y allí permanecía hasta que pasaba la pandemia.
-Esto se rompió con la Covid19…
-Se rompió la tradición. Las mentalidades cambian. Antes la sociedad era más teocéntrica, la esperanza de vida era corta… Además, la medicina ha evolucionado mucho. Los médicos de otras épocas inventaban lo que podían con la base de Roma y Grecia.
-¿Cuándo evoluciona la fiesta a la estructura actual?
-En 1892, César Regino Riego, que fuera alcalde, tuvo la idea de organizar unas ferias generales. Desde la década de 1850, visitantes de Lugo, Valladolid o León venían a tomar los baños de mar. Así que se realizó una feria en la que se mezclaban los mundos rural y urbano. En aquel momento, se acababan de recoger las cosechas y la gente tenía que prepararse para el invierno. La fiesta acababa con un desfile por la villa con los animales. Pero también había actos programados con San Roque, A Nosa Señora y las comidas campestres. A Sardiñada, a Xira de Portochao… Además, en la villa se celebraban otras fiestas más elegantes como los paseos de moda, el baile en el casino o las actividades deportivas.
-Había una gran variedad…
-Eran actividades para todo tipo de públicos. De hecho, en 1892 se creó una plaza de toros de madera donde en la actualidad se encuentra el IES María Sarmiento. En ella lidiaban tanto algunos aficionados de Viveiro como toreros profesionales. Pero la plaza cerró después de tres años. También es cierto que, después de tres o cuatro años, las fiestas decayeron, pero construyeron la base de lo que siguen siendo en la actualidad con los cambios lógicos de cada época. A finales del siglo XIX se originaron los cabezudos. También hay verbenas, fuegos artificiales… Y el Naseiro, que es la romería más nueva, de los años veinte, y que se convirtió con Fraga en la de «o bo xantar». En definitiva, las fiestas son una ruptura con lo cotidiano y un momento de pasarlo bien con las actividades y la música.
-¿Y usted cómo las vive?
-Como unas fiestas muy tradicionales y bonitas. Viveiro es un lugar abierto al mar, en el que todos nos conocemos, y muy asequible para los visitantes. Y las fiestas también son un momento de encuentro porque muchos de los que están fuera regresan.
