POR JOSÉ LUIS CABO SARIEGO, CRONISTA OFICIAL DE RIOSA (ASTURIAS).

El pasado día 31 de julio recaló en L´Ará (Riosa) Luis Cereceda Estramiano acompañado de su familia, quisó volver a la zona donde hace 58 años trabajó.
Luis es un burgalés, nacido en el pueblo de Cillaperlata, que en los años 1967-1968 .., con 27 años, trabajó en la cantera de Peñamiel (Morcín), con motivo de la construcción de la carretera nacional 630 por Mieres. Por esa razón, se relacionó con personas de Riosa y Morcín.
Le pusieron en contacto conmigo y en una mesa de la terraza, del bar «Yo que se..», me contó muchas historias y anécdotas de aquella época que aún, hoy, recuerda con cariño.
Su empresa estaba subcontratada por «Dragados y Construcciones» S.A. , adjudicataria de la obra y él trabajaba como maquinista con una caterpillar 977H. Su misión era la de retirar, lo más pronto posible, las grandes piedra que caían de la montaña después de las voladuras. Y lo hacía echandolas al cauce del Río Riosa, que en algún momento llegó a formar una laguna antes de desembocar en el Río Caudal. Al final, también a él le tocó retirar del cauce del rio Riosa todas aquellas piedras que, para ganar tiempo y abrir al tráfico en la carretera de Peñamiel a Riosa lo más pronto posible, había tirado directamente al cauce. Otra de sus tareas era la aportar una selección de piedras para el molino, debía tener un tamaño adecuado al diámetro del embudo de la tolva para evitar que quedaran trabadas. Algún que otro quebradero de cabeza le traía esta tarea. El encargado del molino era muy exigente. Normal que se enfadara cuando solo salían trescientas toneladas de áridos, debido alguna obstrucción en la mandíbula de la tolva debido al exceso de diámetro de las piedras. Estas interrupciones impedían la salida de las 1.000 toneladas, que diariamente se producían, incluso, en dias excepcionales, hasta 1.300 toneladas. A la empresa le interesaba el máximo rendimiento.
Junto a su máquina «Caterpillar 977H» también se utilizaba una máquina de empuje, una «Skoda».
Luis pernoctaba en Mieres, en una pensión muy cercana a la Estación del «Vasco», por lo que diariamente se trasladaba en el tren hasta el apeadero de Peñamiel y cruzaba el Río Caudal atravesando el puente colgante. El primer túnel después del Río Riosa, les servía de vestuario. Más tarde, cuando ya estaba en funcionamiento la carretera N- 630, Luis se trasladaba a Peñamiel desde Mieres, en su coche, un seat-600 que había adquirido en Mieres- el que aparece en una de las fotos.
Cobraba 18.000 pts al mes, llegando algunas veces hasta las 22.000 pts.. Recuerda que cuando iba a cobrar la nómina a un banco de Mieres, el cajero le decía que ganaba más que él.
Por la máquina se pagaba a 1.000 pts la hora. Lo que sí nos confirmó el horario de trabajo: era durante todo el día, incluso los domingos y días festivos que dedicaban a hacer labores de mantenimiento en las máquinas.
Entre las personas que recuerda de Riosa, está Mari Luz, la taxista. Cuando se hacían las voladuras, siempre colocaban su máquina a una cierta distancia para cortar el tráfico. Precisamente, Mari Luz, en muchas ocasiones, quedaba parada hasta que se limpiara la carretera. Por esa razón y durante el tiempo de espera, solía hablar con ella. En alguna ocasión, estuvo en el bar de sus padres, Concha y Baltasar, en L´Ará.
Lo mismo que está orgulloso de los años de trabajo la Cantera de Peñamiel, Luis, es un enamorado de su pueblo y como buen vecino nos recordó dos hechos de la historia de Cillaperlata. El primero se remonta a finales del siglo XIX y, el más antiguo, al siglo XII y, además, relacionado con la «Santina» de Covadonga.
Respecto al primero, me contó como su pueblo cambió cuando un industrial vasco, Timoteo San Millán, buscaba en la zona un lugar apropiado para el emplazamiento de una presa para la generación de energía eléctrica. Sabía de la riqueza en agua de este lugar, ya que el Río Ebro y sus afluentes, El Losa y El Purón, atravesaban todo el Valle de Tobalina y encontró el lugar idóneo en Cillaperlata, instalando la presa entre Cillaperlata y el de Quintana Martín Galindez, situados a ambas márgenes del río Ebro. Eso fue el principio, después llegó Santa María de Garoña y algunos otros aprovechamientos. Al final todo esto supuso un gran cambio para los pueblos del entorno de los saltos de agua y, también, cumplir el objetivo de la empresa de suministrar energía electrica a las incipientes y pujantes industrias vascas. Para ello fue necesario realizar un tendido electrico de 62 km.
Respecto al segundo, está relacionado con la «Santina de Covadonga», patrona de Asturias. Para mi, era un hecho conocido, pero Luis quiso recordarmelo, para mostrarme la relación de su pueblo con Asturias. Y es que en Cillaperlata se conserva la talla más antigua – una talla románica del siglo XII – de Nuestra Señora de Covadonga. Se considera una réplica de la que se veneraba en el Santuario de Covadonga. En la actualidad esta talla de «La Santina», es la más antigua que se conserva, ya que la del Santuario de Covadonga quedó destruida en un incendio ocurrido 17 de octubre de 1777. La segunda talla románica de la virgen sedente de Covadonga estaba en el Monasterio de San Juan de La Hoz para, después, pasar al altar mayor de la Iglesia parroquial de Cillaperlata.
Al año siguiente del incendio de la talla de la Virgen de Covadonga, el Cabildo de la Catedral de Oviedo – 1778 – donó al Santuario de Covadonga una nueva y bella imagen, sin embargo, en nada se parece a la original ni a su gemela de Cillaperlata. La diferencia es sustancial, la actual no es una virgen sedente sinó erguida.
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