POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ)
Fue concebida como el primer espacio destinado a impulsar la educación superior femenina en España.
Hace algo más de un siglo nació en Madrid la Residencia de Señoritas, vinculada a la célebre Residencia de Estudiantes y concebida como el primer espacio destinado a impulsar la educación superior femenina en España.
Junto con el Lyceum Club Femenino Español, fundado en 1926, se convirtió en uno de los epicentros de la vida intelectual de las mujeres que marcaron la cultura española durante las décadas de 1920 y 1930.
La Residencia de Señoritas: un hito en la educación femenina en España
La Residencia de Señoritas fue fundada en 1915 en Madrid, bajo el impulso de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE). Su creación respondió a la necesidad de proporcionar un espacio académico y vital a las mujeres que comenzaban a acceder a la educación superior en España. Hasta entonces, las universitarias eran minoría y carecían de residencias o centros propios que les ofrecieran apoyo y un entorno adecuado para sus estudios.
María de Maeztu y el proyecto pedagógico
La dirección recayó en María de Maeztu, una pedagoga visionaria que convirtió la institución en un lugar de formación integral. Su idea no se limitaba al alojamiento: la Residencia debía ser un centro de excelencia educativa y cultural, en sintonía con la modernización que la JAE promovía en toda España.
El modelo se inspiraba en la Residencia de Estudiantes, aunque adaptado a las necesidades de las mujeres. En sus instalaciones se ofrecían clases de idiomas, cursos de ciencias y humanidades, actividades deportivas y artísticas, además de conferencias impartidas por personalidades de relevancia internacional.
Un espacio de vanguardia
La Residencia de Señoritas fue pionera en muchos aspectos. Promovió la autonomía femenina, ofreciendo alojamiento seguro y digno en un momento en que la vida independiente de las mujeres estaba mal vista.
Fomentó el contacto internacional, gracias a los vínculos con instituciones estadounidenses como el International Institute for Girls in Spain, con el que colaboró estrechamente.
Impulsó el deporte femenino, con secciones de baloncesto, hockey o tenis, cuando la práctica deportiva de las mujeres era todavía una rareza.
Creó redes intelectuales, en las que participaron figuras como Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Marie Curie o Gabriela Mistral, quienes impartieron conferencias o apoyaron su labor.
Las residentes y su legado
Entre sus alumnas y residentes se encuentran nombres fundamentales de la cultura española del siglo XX: María Zambrano, filósofa; Clara Campoamor y Victoria Kent, juristas y políticas; Zenobia Camprubí, escritora y traductora; Concha Méndez, poeta; Maruja Mallo, pintora vanguardista.
Estas mujeres no solo destacaron en sus campos, sino que también simbolizaron un nuevo modelo de mujer moderna, activa y con voz propia en la vida pública.
El final del proyecto
La Guerra Civil (1936-1939) marcó el abrupto final de la Residencia de Señoritas. Muchas de sus residentes y profesoras tuvieron que exiliarse y la institución desapareció bajo el nuevo régimen. Su huella perdura como un laboratorio de modernidad y emancipación, una semilla que anticipó la incorporación plena de las mujeres a la vida universitaria y cultural en España.
Es acertado resaltar la figura de María de Maeztu, cuya visión pedagógica permitió que la Residencia se convirtiera en mucho más que un alojamiento: fue un auténtico espacio de transformación social y cultural.
Sin embargo, aunque se destaca la innovación y el carácter vanguardista de la institución, sería interesante profundizar en las limitaciones y contradicciones a las que se enfrentó. Por ejemplo, el acceso a la Residencia estaba condicionado por un cierto nivel económico y social, lo que dejaba fuera a muchas jóvenes de origen humilde. Además, pese a su carácter emancipador, seguía funcionando dentro de un marco social profundamente patriarcal, en el que las mujeres eran toleradas en la esfera académica pero seguían marginadas en la política y en gran parte de la vida profesional.
Limitaciones y contradicciones de la Residencia de Señoritas
– Acceso restringido. Aunque se presentó como una institución abierta al progreso, el acceso a la Residencia estaba limitado a un perfil social y económico medio-alto. La mayoría de las residentes eran hijas de familias con recursos que podían permitirse enviar a sus hijas a Madrid a estudiar. Por tanto, el proyecto no llegó a las mujeres de clases populares, que continuaban sin acceso a la educación superior.
– Carácter “femenino” dentro de un marco patriarcal. La Residencia ofrecía a las jóvenes una vida independiente, pero bajo una supervisión constante que buscaba evitar cualquier “riesgo moral”. María de Maeztu diseñó una convivencia moderna, pero marcada por la disciplina y la vigilancia, pues la sociedad de la época no aceptaba del todo la autonomía de la mujer. En cierta forma, la Residencia fue un espacio de libertad tutelada.
– La paradoja del progreso limitado. Se enseñaban idiomas, ciencias, humanidades y deportes, pero muchas veces se pensaba que el objetivo final de esa formación no era la plena incorporación de la mujer a la vida laboral o política, sino que la educación femenina mejoraría su papel en el hogar y en la crianza. En ese sentido, convivían en la Residencia dos visiones: la emancipadora y la más conservadora.
– Dependencia de redes internacionales. Una parte de su prestigio vino de los vínculos con instituciones extranjeras, como el International Institute for Girls in Spain. Esta colaboración trajo profesores y modelos pedagógicos modernos, pero también mostró la debilidad de las estructuras educativas españolas, que sin apoyo exterior difícilmente hubieran impulsado una iniciativa semejante.
– Progreso truncado. Aunque se presentaba como un espacio de modernidad y apertura, la Residencia nunca llegó a consolidarse como un modelo plenamente integrado en la universidad española. Su carácter innovador dependía de personas concretas (como Maeztu y la JAE) y no de un cambio estructural en el sistema educativo. La Guerra Civil dejó en evidencia esa fragilidad: bastó el conflicto y la llegada del franquismo para desmantelar de raíz el proyecto.
– La Residencia de Señoritas representó un avance extraordinario, pero dentro de los límites de su época. Abrió camino, aunque solo para unas pocas; defendió la educación de las mujeres, aunque aún bajo tutela; y fue motor de cambio, aunque su legado quedó interrumpido durante décadas.
En cuanto a la red internacional que favoreció la Residencia, algo que la distinguía de otras iniciativas educativas de la época. No obstante, se podría señalar que esta apertura al exterior contrastaba con la situación interna del país, donde el conservadurismo social y las resistencias a la igualdad de género ralentizaban los avances. Respaldó a la Residencia de Señoritas, pues gracias a ella se pudieron incorporar modelos pedagógicos modernos, conferencias de personalidades extranjeras y una perspectiva global que reforzó la calidad educativa y cultural del centro. Sin embargo, esta apertura al exterior también revela una contradicción significativa: mientras la Residencia promovía ideas avanzadas sobre la educación y autonomía femenina, la sociedad española de la época permanecía profundamente conservadora. Las mujeres que aspiraban a estudiar y desarrollarse fuera del hogar se enfrentaban a prejuicios sociales, restricciones legales y limitaciones económicas.
En este sentido, la red internacional no solo era un recurso enriquecedor, sino también una especie de válvula de escape frente a un contexto interno hostil: los avances logrados en la Residencia dependían en gran medida del contacto con ideas y apoyos extranjeros, mostrando que la modernización educativa española era aún frágil y parcial. Esto evidencia la paradoja de la Residencia: un espacio de vanguardia que brillaba en contraste con la realidad social y cultural del país, donde las oportunidades para la mayoría de las mujeres seguían siendo muy limitadas.
La enumeración de las residentes ilustres (Zambrano, Campoamor, Kent, Mallo, Méndez, entre otras) resulta eficaz para dar una idea del impacto de la institución en la vida cultural española. Pero se corre el riesgo de que la memoria de la Residencia quede vinculada únicamente a estas figuras célebres, cuando en realidad fue fundamental también para centenares de mujeres anónimas que encontraron allí un espacio para formarse y desarrollar su autonomía.
Finalmente, en la referencia al ocaso tras la Guerra Civil convendría matizar que la clausura de la Residencia no solo supuso el fin de un proyecto educativo, sino también la interrupción de un proceso de modernización social que apenas estaba comenzando. No existió un equivalente directo con la misma filosofía de emancipación y autonomía femenina. Sin embargo, sí surgieron iniciativas que, de manera parcial, ocuparon algunos espacios educativos y sociales para mujeres, aunque con fines muy distintos:
Servicio Social femenino. Durante el régimen personalista del general Franco se implantó el Servicio Social de la Mujer, obligatorio para mujeres jóvenes que completaban sus estudios o ingresaban en determinadas instituciones. Su objetivo era formar a las mujeres en roles considerados “propios de su sexo”, principalmente tareas asistenciales, domésticas o de voluntariado, muy lejos de la formación universitaria y cultural avanzada que promovía la Residencia de Señoritas.
Educación universitaria femenina. Las mujeres continuaron accediendo a la universidad, pero sin la red de apoyo, la autonomía y el entorno progresista que ofrecía la Residencia. Las instituciones educativas eran más rígidas y jerarquizadas, con escasa promoción de actividades culturales, deportivas o intercambios internacionales.
No hubo un reemplazo directo de la Residencia de Señoritas y se priorizó un modelo de mujer doméstica y subordinada. El Servicio Social fue una forma de reestructurar la educación femenina según esos ideales, borrando gran parte del legado emancipador que la Residencia había promovido en los años 20 y 30.
La Residencia de Señoritas fue un hito en la historia de la educación femenina en España, pero pueden señalarse limitaciones como el acceso restringido a mujeres de ciertas clases sociales, la tutela moral dentro del centro y la dependencia de apoyos internacionales.
La Residencia promovía la emancipación femenina, lo hacía en un país marcado por el conservadurismo, la desigualdad de género y resistencias culturales.
Hay que reconocer que fue un espacio pionero que formó a mujeres que luego serían referentes culturales y políticas, dejando un legado que anticipó cambios profundos, aunque interrumpidos por la Guerra Civil, que no empezó con el pronunciamiento en 1936, ya existía desde mucho antes, aunque no declarada: Desde 1931 se estaban realizando atentados programados por el frente popular, -al frente del cual estaba como líder, Largo Caballero-, contra personas civiles o religiosas, con especial encono en los religiosos, iglesias, conventos, etc. El clima de anarquía total provocó la determinación del ejército de hacer lo que le da sentido a su existencia, proteger a España y a los españoles, a unos gustó este recurso más y a otros, menos, pero las sacas y checas se fueron terminando, los carteles con la figura de los asesinos mayores de la historia, genocidas, desaparecieron de la Puerta de Alcalá y con represión en el bando republicano y en el bando alzado, se fue caminando hacia la paz, hasta que terminó el conflicto en 1939 y España renovó valores masacrados, progresó y encauzó la senda para la restauración del orden democrático y de la monarquía parlamentaria.
FUENTE: https://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/5409797/residencia-senoritas
