POR MANUEL GONZÁLEZ RAMÍREZ, CRONISTA DE ZACATECAS (MÉXICO)
Se trata de Luis I, a quien se erigió un obelisco en la Plaza del Maestre de Campo de Zacatecas (hoy, Plaza de Armas), para celebrar su ascenso al trono.
Dicho obelisco fue demolido tras la consumación de la guerra de Independencia. El reinado de Luis I fue efímero, el 31 de agosto de 1724 murió de viruela, el rey más breve de la historia de España.
Hijo mayor de Felipe V y María Luisa de Saboya, en enero de 1724, Felipe V abdicó en favor de su hijo Luis, que contaba con 16 años. La abdicación de Felipe V se debió a una combinación de factores. Por un lado, el monarca sufría de trastornos mentales, descritos en la época como «frenesí, melancolía, morbo, manía y melancolía hipocondríaca», que le impedían ejercer adecuadamente sus funciones.
Por otro lado, se especuló que Felipe V albergaba la ambición de acceder al trono de Francia en caso de que su sobrino, Luis XV, muriera sin descendencia, lo cual estaba prohibido por el Tratado de Utrecht si ocupaba simultáneamente el trono español. A pesar de haber abdicado, Felipe V, junto con su esposa Isabel de Farnesio, continuaron ejerciendo una influencia significativa desde su retiro en el Palacio de La Granja de San Ildefonso. Esta situación generó una duplicidad de poderes que complicó la gestión del gobierno y limitó la autonomía de Luis I.
En un intento por afirmar su autoridad y distanciarse de la influencia de su madrastra, Isabel de Farnesio, Luis I se alineó con el llamado «partido español», apoyado por la nobleza local. Este movimiento buscaba contrarrestar las injerencias de los partidos «francés» e «italiano», que respaldaban a Felipe V e Isabel de Farnesio, respectivamente.
Sin embargo, su juventud e inexperiencia política, sumadas a una vida cortesana centrada en actividades recreativas como la caza y las salidas nocturnas, mermaron su capacidad para implementar cambios significativos. El 19 de agosto de 1724, el rey enfermó de viruelas, dolencia de la que no pudo recuperarse, durante la cual su esposa le prodigó todo tipo de cuidados, con dedicación y valentía, exponiéndose a la viruela y contagiándose también ella, aunque ella conseguiría sobrevivir. El 31 moría Luis I, siete meses y medio después de empezar a reinar y a los diecisiete años de edad. Así concluía el “reinado relámpago” marcado por la inestabilidad. La reina viuda, Luisa Isabel, fue enviada de regreso a Francia debido a la falta de apoyo en la corte y a la ausencia de descendencia de la pareja real.
En un acto de legitimidad cuestionada por algunos sectores, tras consultar al Consejo Real y a una junta de teólogos, olvidando lo establecido en la legislación respecto a la sucesión, Felipe V volvió a recuperar el trono de España.
