MUJERES EN LA HISTORIA: EL REALISMO MÁGICO DE ELENA GARRO
Sep 06 2025

POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ).

Elena Garro

Escritora brillante, ex esposa de Octavio Paz, pionera involuntaria de un género que nunca quiso reconocer como suyo y condenada durante años al destierro intelectual por sus posturas políticas y personales

Elena Garro, escritora brillante, ex esposa de Octavio Paz, pionera involuntaria de un género que nunca quiso reconocer como suyo y condenada durante años al destierro intelectual por sus posturas políticas y personales constituyó una figura incómoda en México.

¿Qué es el realismo mágico?

El realismo mágico es un género narrativo surgido en América Latina a mediados del siglo XX, caracterizado por la convivencia natural de lo fantástico con lo cotidiano. No se trata de literatura fantástica en sentido estricto, porque lo extraordinario no aparece como ruptura de la realidad, sino como parte de ella. Sus características principales serían:

– Lo mágico como cotidiano: hechos sobrenaturales (milagros, apariciones, metamorfosis) suceden sin sorpresa, integrados en la vida diaria.

– Cosmovisión indígena y popular: el mito, la tradición oral y la espiritualidad de los pueblos originarios influyen en su estructura.

– Tiempo circular: el pasado y el presente se confunden, la historia se percibe como repetición.

– Lenguaje poético y detallista: se describe lo prodigioso con naturalidad y lo común con un aura de misterio.

– Crítica social y política: bajo la apariencia fantástica, se denuncian la violencia, el autoritarismo y las injusticias de la historia latinoamericana.

Dentro de este género son autores y obras fundamentales:

– Arturo Uslar Pietri (Venezuela): considerado precursor con su noción de realismo mágico en 1948.

– Juan Rulfo (México): Pedro Páramo (1955) presenta un mundo poblado por vivos y muertos que coexisten.

– Elena Garro (México): Los recuerdos del porvenir (1963) es vista por muchos como obra inaugural del género, aunque ella rechazó la etiqueta.

– Gabriel García Márquez (Colombia): Cien años de soledad (1967) consolidó y mundializó el género.

– Alejo Carpentier (Cuba): habló de “lo real maravilloso americano”, una noción cercana, en novelas como El reino de este mundo (1949).

Aunque Garro se negó siempre a ser llamada “madre del realismo mágico”, su obra comparte muchos de los rasgos del género: la fusión de historia y mito, la memoria como motor narrativo y la incorporación de elementos sobrenaturales en escenarios campesinos y provincianos. Ella prefería hablar de cosmovisión indígena o de literatura fantástica, pero la crítica ha reconocido en Los recuerdos del porvenir un punto de partida clave del realismo mágico.

Trayectoria vital

Ella decía que: “Cuando una mujer escribe, muere. Es una sentencia de muerte”. La frase, condensa el drama de su vida marcada por la sombra del Nobel mexicano, enfrentada a la ortodoxia d

e las ideologías y castigada por los círculos culturales de su tiempo.

Aun así, construyó una obra literaria inconfundible, que con frecuencia se considera una de las semillas del realismo mágico, etiqueta que ella rechazaba con vehemencia.

Según recordaba la investigadora Patricia Rosas Lopátegui, biógrafa y amiga cercana de la autora, Garro defendía que el llamado realismo mágico no era más que “la esencia de la cosmovisión indígena” y, por lo tanto, no constituía novedad alguna.

Sin embargo, su novela Los recuerdos del porvenir (1963) es vista por críticos como una pieza fundacional del género que consagrarían García Márquez y otros escritores latinoamericanos. La obra, nacida de un borrador escrito en Suiza y rescatada por su hija de una chimenea en Nueva York, ganó el prestigioso premio Xavier Villaurrutia y marcó un antes y un después en las letras mexicanas.

La biografía de Garro es inseparable de su obra. Nació en Puebla en 1916, aunque ella misma manipuló fechas y datos sobre su vida. En 1937 contrajo matrimonio con Octavio Paz, una relación que se reveló asfixiante, pues mientras él ascendía hacia el poder cultural y político, ella se rebelaba desde los márgenes, defendiendo a campesinos, denunciando injusticias y escribiendo una literatura crítica, ferozmente independiente.

Su trayectoria vital la llevó por escenarios tan dispares como la España de la Guerra Civil, el París de los sesenta o el México convulso del 68. Su postura frente a la masacre de Tlatelolco y sus supuestos vínculos con los servicios de inteligencia la convirtieron en paria entre los intelectuales mexicanos. Acusada de delación, Garro quedó atrapada en un fuego cruzado de rumores, destierros y persecuciones que afectaron tanto a su vida personal como a la circulación de su obra.

La masacre de Tlatelolco

También llamada matanza del 2 de octubre, fue uno de los episodios más trágicos y oscuros de la historia contemporánea de México. El 2 de octubre de 1968, apenas diez días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México, miles de estudiantes, profesores y ciudadanos se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, para protestar contra la represión gubernamental y exigir libertades democráticas. La manifestación fue brutalmente reprimida por el Ejército y por grupos paramilitares vinculados al Estado, como el Batallón Olimpia. Hacia el anochecer, después de que un helicóptero lanzara bengalas verdes —señal acordada para iniciar el operativo—, soldados y tiradores encubiertos comenzaron a disparar contra la multitud. Cientos de personas quedaron atrapadas en la plaza. Se reportaron ejecuciones, detenciones masivas y persecución incluso dentro de edificios cercanos.

El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz intentó ocultar la magnitud del crimen, asegurando que habían muerto unas pocas decenas. Sin embargo, testigos y organismos independientes estiman que los muertos oscilaron entre 200 y 300, además de miles de heridos y detenidos. El número exacto sigue siendo desconocido debido a la censura y destrucción de documentos oficiales.

El movimiento estudiantil de 1968 no pedía una revolución armada, sino libertades democráticas básicas: fin de la represión, disolución de cuerpos policiacos represivos, y respeto a los derechos de asociación y expresión. El gobierno, preocupado por la imagen internacional del país ante los Juegos Olímpicos, interpretó el movimiento como una amenaza a su autoridad. La masacre de Tlatelolco marcó a toda una generación. Supuso la ruptura definitiva entre el Estado y la intelectualidad crítica mexicana. Durante años, el tema fue silenciado en los medios oficiales, pero permaneció vivo en la memoria colectiva a través de testimonios, literatura, cine y movimientos sociales. El lema “2 de octubre no se olvida” sigue siendo hoy un grito de memoria y resistencia contra la violencia de Estado.

La relación entre Elena Garro y la masacre de Tlatelolco es una de las zonas más polémicas de su biografía, porque en 1968 su nombre quedó asociado —para bien o para mal— al trauma nacional del 2 de octubre. Los vínculos principales fueron:

Su posición crítica frente a los intelectuales. Garro no se identificaba plenamente con el movimiento estudiantil. Aunque asistió a marchas y mostró simpatía por los jóvenes, rechazaba la influencia de la izquierda marxista e intelectual que rodeaba al movimiento. Esto la colocó en un lugar incómodo, porque ni el gobierno ni los estudiantes la consideraban realmente aliada.

La acusación de delación. Tras la masacre, varios escritores e intelectuales la acusaron de haber señalado a líderes estudiantiles ante la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Documentos desclasificados muestran su nombre en archivos de la policía política, pero los historiadores discuten si colaboró voluntariamente o si fue víctima de manipulación, intimidación y persecución.

El costo de la sospecha. La intelectualidad mexicana la castigó con dureza: fue marginada de los círculos culturales y considerada “traidora” por haber supuestamente colaborado con el aparato represivo del Estado. Escritores como Carlos Monsiváis la ridiculizaron públicamente y su figura quedó marcada con un estigma que la acompañó hasta el final de su vida.

Exilio y paranoia. Después de 1968, Garro vivió bajo la sensación constante de persecución. Sufrió vigilancia de los servicios de inteligencia, pero también el repudio de sus colegas. Ante la presión, se exilió primero en Estados Unidos y luego en Europa. Esta etapa acentuó su tendencia a la soledad, el resentimiento y la obsesión persecutoria.

Hoy se tiende a matizar su papel: se reconoce que fue más víctima que cómplice. La “leyenda negra” que la acusaba de delatora probablemente fue alimentada por enemigos literarios y políticos, pero también por un sistema patriarcal que la castigó con mayor severidad que a muchos de sus contemporáneos.

El 2 de octubre de 1968 marcó la vida y obra de Elena Garro no porque fuera protagonista del movimiento, sino porque quedó atrapada en medio de un fuego cruzado: rechazada por la izquierda, utilizada por los servicios de inteligencia y condenada por la comunidad intelectual. Su exilio y su marginalidad literaria posterior se entienden en gran parte a la sombra de Tlatelolco.

Activa en el exilio, regreso y fin de sus días

En el exilio escribió teatro y narrativa, defendió causas campesinas y protagonizó gestos intempestivos que alimentaron su leyenda. Al final, regresó a México en 1993, ya enferma y empobrecida, acompañada de su hija y de decenas de gatos en una casa decadente de Cuernavaca. Murió en 1998, apenas unos meses después de Paz, con quien nunca dejó de librar una batalla silenciosa. Quizás sea verdad aquello de que “los amores reñidos, son los más queridos”.

Hoy, su figura se reivindica como la de una escritora indispensable. Su independencia intelectual, su prosa cargada de memoria y su compromiso con los olvidados le otorgan un lugar de honor en la literatura del siglo XX.

Como ella misma escribió en Los recuerdos del porvenir: “Quisiera no tener memoria o convertirme en el piadoso polvo para escapar a la condena de mirarme”. Palabras que parecen anticipar el destino de una autora que, a pesar de los silencios y los destierros, se alzó como una de las voces más singulares de América Latina.

FUENTE: https://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/5417403/mujeres-historia-realismo-magico-elena-garro

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