POR FABIÁN LAVADO RODRÍGUEZ, CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA DE ZARZA (BADAJOZ)
La Santa Visita o Visita Pastoral
La Santa Visita, o Visita Pastoral como es conocida hoy día, era una inspección periódica que realizaba un superior eclesiástico a las comunidades y parroquias que tenía a su cargo, en el caso que tratamos un obispo prior. Inicialmente se componía de una inspección e inventario de las propiedades de los visitados, un cuestionario sobre la vida religiosa y, finalmente, una serie de recomendaciones o mandatos para corregir los problemas encontrados.
Tras el Concilio de Trento (1545–1563), la visita se consolidó como una obligación anual del obispo, convirtiéndose en una valiosa fuente para el estudio de la vida social, económica y eclesiástica de la parroquia y villa visitada.
Según Domínguez Teba, en su estudio sobre la visita pastoral a Bollullos Par del Condado en el siglo XVIII, la visita se articulaba en dos grandes bloques: el edificio parroquial y su contenido (visitatio rerum), y la conducta y fidelidad de los clérigos y laicos (visitatio hominum). La visitatio rerum comprendía la iglesia parroquial (sagrario, altar mayor, otros altares, pila bautismal y crismeras), sacristía (plata, reliquias y ornamentos), coro, campanario, casa parroquial, ermitas y cementerio; asimismo los libros relativos a personas y gestión de los bienes eclesiásticos (estatutos, constituciones, inventarios, libros de fábrica, censos, etc.) y las tareas administrativas de los párrocos. La visitatio hominum abarcaba la vida, deberes y costumbres del clero y pueblo.
Para finalizar, el visitador ordenaba ciertas normas y recomendaciones de cara a mejorar la vida parroquial denominados mandatos. Unos iban encaminados a la honesta administración de los bienes parroquiales; otros a la mejora intelectual, moral, espiritual y parroquial del clero: asistencia a misas de tercia, conferencias morales, estudio, predicación pastoral, enseñanza de la doctrina cristiana, administración de los sacramentos, etc. También trataban de regular la conducta de los fieles como la mejora moral, asistencia a actos de piedad y devoción, precepto dominical y pascual…Otras veces recomendaba la compra de ornamentos y vasos sagrados, arreglo de los deteriorados, adquisición de imágenes o la reparación de la iglesia, ermitas y altares.
La visita comprendía personas, lugares y cosas. Era una exploración completa de la espiritualidad y los asuntos temporales de la parroquia. Se convertía así en una de las más importantes funciones episcopales para garantizar la reforma del clero y de los fieles, y justificar el cumplimiento de las disposiciones emanadas de la Iglesia. Por lo tanto, reforma y corrección: reforma de las costumbres y erradicación de los pecados públicos.
El contacto con el pueblo le permitía realizar un análisis de la situación, conocer las condiciones de vida humana y cristiana de sus feligreses, con el fin de elaborar un plan pastoral en función de las necesidades observadas. Muy importante eran los elementos relacionados con la conducta de vida y formación intelectual del clero, sobre todo, su preparación para la administración de los sacramentos y la enseñanza de la doctrina cristiana, estableciendo seminarios y conferencias morales, y escuelas para la instrucción religiosa del pueblo.
Las limosnas de misa
Por otro lado, las limosnas de misa entregadas en la ermita de Nuestra Señora de las Nieves se destinaban al sufragio o ayuda espiritual por el alma de uno o más difuntos. La intención podía aplicarse a la celebración de una sola misa o de varias consecutivas: tres misas en el caso de un triduo, nueve en una novena o treinta en un ciclo de misas gregorianas. Era aconsejable realizar una misa por lo menos en el aniversario de la muerte del fallecido, también pedir la aplicación de las intenciones de la misa por las almas del Purgatorio más abandonadas; costumbres que se van perdiendo con el paso del tiempo. La limosna de misa se convertía de esta manera en una forma de practicar la caridad y la justicia para con el clero (formaba parte de su sustento) y con aquellos por los cuales la misa era ofrecida.
Santa Visita a la villa de la Zarza junto Alange en 1818
Durante los días 2, 3 y 4 de mayo de 1818, pasada la guerra de la Independencia contra los franceses, la villa de la Zarza junto Alange, recibió al Ilmo. Sr. D. Joseph Casquete de Prado, de la Orden de Santiago, del Consejo de Su Majestad, Obispo y Prior de la Real Casa de San Marcos de León y su Provincia por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica, estando en Santa Visita para conocer la iglesia parroquia de San Martín, las ermitas (San Marcos, San Gregorio y Virgen de las Nieves) y toda la documentación y cuentas relativas a ellas.
Casquete de Prado (Fuente de Cantos 1756 – Llerena 1838), además de obispo, fue político con un destacado papel en la elaboración de la Constitución española de 1812, conocida como “la Pepa”. Diputado por la provincia de Extremadura en las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en Cádiz (1810-1813), ocupó la presidencia de éstas durante la elaboración de la constitución desde el 24 de noviembre al 23 de diciembre de 1811. Significado realista y defensor de Fernando VII, fue uno de los más firmes valedores de la Iglesia desde una postura conservadora.
El 2 de mayo, después de ejecutada la visita a la parroquia, el obispo mandó traer el libro de misas que se encargaban y celebraban en el santuario de Nuestra Señora de las Nieves, recordando que en la anterior visita de 10 de octubre de 1802 se verificaron y asentaron 5332 reales, y se tomaron todas las medidas no solo para la buena administración de los fondos de esta ermita, sino también para la distribución de las limosnas de misa y arqueo de caudales. De esa cantidad, se extrajeron del arca de caudales en su día 400 reales para misas, siguiendo el proceso indicado de abrir sus tres cerraduras, cuyas llaves poseían el cura párroco, el alcalde Pedro García y el mayordomo Fernando Benítez Belloso.
Por más investigaciones y diligencias que se realizaron, no se pudo encontrar dicho libro de misas y cuentas para que el obispo tuviera conocimiento tanto de los caudales contabilizados como los recaudados posteriormente, por lo que se tuvo que fiar de la buena fe de la cofradía respecto a lo invertido en la celebración de misas. Lo único que se encontró fue un resto de 2720 reales, de fecha 11 de septiembre de 1815, que unido a 3816 reales que se juntaron de limosna en ese mismo año, sumaba la cantidad de 6536 reales. Al año siguiente, 1816, se colocaron en el arca 3980 reales recaudados de limosna, pero para evitar el robo de este dinero, el 26 de octubre, los claveros o poseedores de las tres llaves lo extrajeron y entregaron al mayordomo. Posteriormente, también pasaron a poder del mayordomo 3800 reales de las limosnas de 1817. En total, las tres partidas sumaban la cantidad de 13.524 reales.
A cuenta de esta cantidad, se pagaron 6432 reales por limosna de 1608 misas, restando 7092 reales. También aparecen los asientos de los recibos firmados por los párrocos de las misas celebradas esos años, pero todo de una manera muy confusa.
Ordenó el obispo que las operaciones se anotaran de manera más sencilla, por meses, rindiendo la cuenta al final de cada año, como estaba dispuesto en todo el territorio de la orden. También expresó que las providencias de la Santa Visita no podían alterarse y que la extracción de caudales debía haberse realizado con el mandato de la autoridad competente. Por último, mandó, una vez restablecida la sociedad de las calamidades que trajo consigo la guerra de la Independencia, se observara en adelante la providencia de la anterior visita, siempre que no entrara en oposición con los capítulos siguientes:
1.- Que el arca de tres llaves que está en el santuario de las Nieves se traslade a la casa del mayordomo Antonio Cortés Montero de Espinosa, contabilizándose 6000 reales, de los cuales 1092 reales se dejarán en su poder para la celebración diaria de misas. Toda esta operación la efectuará el secretario con la asistencia de los claveros, entregando por separado una llave a cada uno bajo su responsabilidad, firmando todos el enarque de las cuentas, y el mayordomo el recibo de los reales recibidos.
2.- Que terminada dicha partida para la celebración de misas, se saque otra nueva practicando las mismas diligencias por parte del secretario.
3.- Que reunida la limosna recaudada el día de la Virgen de las Nieves, se haga el enarque de ella todos los años, firmándola los claveros.
4.- Que todos los años en el mes de enero, el mayordomo deberá rendir cuenta de la celebración de las misas realizadas, poniéndose por cargo las partidas que se hayan extraído del arca y por data las limosnas de misas celebradas, las que se asentarán en el libro en el lado opuesto donde quedan asentadas las “cuentas de misas”.
5.- Que para acreditar la celebración mensual, se debe colocar en la sacristía del santuario un “papel” donde todos los días firmen los párrocos las misas que se celebren. Éste será el documento que acredite la data y la localidad, sin que al mayordomo se le admitan más partidas de misas que las anotadas en dicha tablas.
El 3 de mayo, el secretario Juan Joseph Fernández mandó comparecer, para el enarque de las cuentas decretado por el obispo, al licenciado Juan Pablo de Silba, cura párroco de la villa, a Bernardo González, alcalde ordinario por el estado noble, y a Antonio Cortés Montero de Espinosa, mayordomo actual. El primero no pudo comparecer por estar enfermo de la vista, ocupando su lugar el teniente de cura Francisco Cortés de las Cuentas, y el segundo se hallaba convaleciente en la cama, siendo sustituido por su compañero Francisco Mejía, alcalde por el estado llano. Estando todos los llamados, se reunieron en casa del mayordomo Antonio Cortés para abrir el arca de las limosnas de misa perteneciente al santuario de Nuestra Señora de las Nieves e introducir en ella 6000 reales, compuestos por 18 onzas de oro en monedas y tres escudos de 80 reales cada uno, como lo había ordenado el obispo. Quedaron en poder del mayordomo 1900 reales para la celebración diaria de misas, de los que dará cuenta en la forma ordenada por el obispo. Guardado el dinero y asentado en el libro de cuentas, se cerró el arca con sus respectivas llaves. El alcalde Francisco Mejía y el teniente de cura Francisco Cortés recogieron las suyas para entregárselas a sus titulares, la tercera al mayordomo Antonio Cortés, recalcando el secretario la providencia dictada por el obispo en cuanto a su observancia y cumplimiento. Testigos de toda esta operación fueron Fernando Camacho de las Cuentas, Fernando Ortiz y Juan de Vargas.
El 4 de mayo, finalizada la Santa Visita con la revisión de los templos y las cuentas, el obispo prior Casquete de Prado determinó los consecuentes mandatos:
1.- Que se cumplan los anteriores mandatos siempre que no se opongan a los presentes.
2.- Que el párroco y su teniente de cura sigan instruyendo a los fieles en la doctrina cristiana y las verdades de la Santa Fe durante los domingos y días festivos, particularmente en tiempo de Adviento y Cuaresma con el fin de que los feligreses aprendan “a separarse y huir del vicio y amar la virtud”.
3.- Siendo los sacerdotes los doctores de la ley, y por tanto maestros y guías del pueblo cristiano, deben estar instruidos en las materias morales y rúbricas del misal (instrucciones y normas que guían la celebración de la misa en el rito romano), por lo que los eclesiásticos de La Zarza, sin excusas, tendrán conferencias semanales de las primeras y una al mes de las segundas, señalando con antelación el cura o teniente que las ha de presidir.
4.- En el ofertorio (parte de la misa, en la cual, antes de consagrar, el sacerdote ofrece a Dios la hostia y el vino del cáliz) de todas las misas de tercia celebradas en domingo y días festivos se hará por parte del celebrante los actos de Fe, Esperanza y Caridad para que los fieles presten a Dios este culto y homenaje con el fin de ganar las muchas indulgencias que están concedidas a los que practiquen este santo ejercicio.
5.- Enterado de que la misa de alba no se toca ni se celebra a la hora convenida, los sacerdotes pondrán el celo necesario para que se cumpla esta obligación, teniendo en cuenta que los labradores no falten a sus faenas en tiempos de sementera y recolección, y los ganaderos tengan tiempo de acudir a la misa de once junto a sus compañeros.
Todos estos mandatos se observarán puntualmente y de su cumplimiento rendirán cuenta en la próxima visita, además se leerán en el ofertorio de la misa del primer día festivo después de la partida del obispo de la villa de La Zarza.
Para concluir, el 20 de mayo, el mayordomo Antonio Cortés Espinosa de los Monteros, en cuya casa estaba el arca de las limosnas de misa con el dinero y el libro de cuentas, convocó a los otros dos claveros para comunicarles lo insufrible y pesado que le suponía tener el arca en su casa, ya que su cuidado y vigilancia no le dejaban un instante de sosiego. Estaría más tranquilo si retornaba el arca a la ermita, donde había estado por la providencia dictada en la Santa Visita de octubre de 1802. Los tres claveros acordaron que se devolviera el arca al camarín del santuario de las Nieves donde antaño estuvo colocada, no sin antes recontar de nuevo el dinero que contenía para que el traslado no perjudicase al mayordomo.
FUENTE: Libro de Feria y Fiestas 7-10 septiembre, La Zarza, Real Patronato de Nuestra Señora de las Nieves, 2025.
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