LA ÓPERA “HÄNSEL UND GRETEL”
Sep 18 2025

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFIIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

La ópera “Hänsel und Gretel” se representa por primera vez en los 132 años de historia del Teatro Campoamor abriendo la 78.ª temporada lírica de Oviedo =

En el texto original son dos los protagonistas de esta ópera -hermanos de ocho y diez años- los cuales pasan hambre y son obligados por sus tiránicos padres a trabajar.

Era el caso no excepcional de la infancia en el siglo XIX, y aún sigue siendo así en algunas partes del mundo.

La propuesta escénica del director Raúl Vázquez presenta en el Campoamor una versión en la que la imaginación y la fantasía se imponen a la miseria moral y material que desborda la historia estrenada en el Teatro de la corte alemana de Weimar en 1893, bajo la dirección de Richard Strauss.

Con los hermanos Grimm el formato de cuento de hadas acabó dando acogidas artísticas con muy diferentes lecturas.

La historia alcanzó enorme éxito y la ópera no fue una excepción en este tipo de expresiones.

Con una música típica y deliciosa del tradicional folclore alemán, la valentía y el desenfado de los niños -a pesar de las adversidades que van superando- se eleva muy por encima de la miseria y ruindad de los adultos a los que tienen que servir.

El niño Hänsel y su hermana Gretel son los dos protagonistas absolutos de la representación operística, y están presentes en el escenario durante los tres actos de la misma, incluso cuando no tienen un papel concreto que ofrecer.

Eran hijos de un leñador y vivían con él y con la madrastra que odiaba a los dos pequeños, de manera que ésta decidió abandonarlos en el bosque, convenciendo al padre de los niños que era lo mejor para ellos.

Los hermanos oyeron la conversación entre los padres y tomaron sus propias decisiones, pero las migas de pan que dejaban por el camino para regresar a casa después sin perderse se las comieron los pájaros, así se perdieron en el bosque.

La casa que encontraron no era la suya, pero estaba hecha de chocolate, bizcochos, ventanas de azúcar, caramelo y pan de jengibre.

La viejecita que vivía en ella era toda amabilidad; les invitó a cenar y allí se quedaron dormidos.

La realidad es que habían caído en manos de una malvada bruja cuya intención es que fuesen engordando para matarlos, cocinarlos después y comérselos.

Cuando -cuatro semanas después- Gretel vio la intención de la bruja de engordar a su hermano Hänsel para después matarlo, guisarlo y comérselo, aprovechó cuando la bruja metió la cabeza en la boca del horno a ver si ya estaba a punto, Gretel le dio un empujón, la hizo caer dentro y cerró la puerta.

Ambos hermanos cogieron todas las perlas y diamantes de la malvada y -tras conseguir encontrar el camino de regreso a su casa, su padre les recibió con gran alegría, arrepentido de haberlos abandonado… y, además, estaba viudo nuevamente.

Ricos los tres, vivieron felices el resto de su vida.

Ahora bien, a quien conozca el cuento original no le será fácil reconocerlo a través de la representación, dadas las libertades tomadas en la puesta en escena.

No me extraña que esta ópera se estrenase una víspera de Nochebuena (23-XII-1893), porque suele programarse su representación durante las fechas navideñas; no ha sido el caso de Oviedo, donde esta semana de san Mateo ha venido acompañada, además, de un tiempo de auténtico verano.

Muy compenetrados estuvieron -vocal e interpretativamente- la mezzosoprano británica Anna Harvey (en el papel de Hänsel) y la soprano estadounidense Erika Baikoff (Gretel).

A la soprano dramática suiza Stéphanie Mütter le tocó meterse en la piel de la malvada bruja, brillantísima en su labor, igual que cuando la vimos -también en el teatro Campoamor, hace seis años- en “El ocaso de los dioses” de Richard Wagner, tras cerrar con gran éxito de crítica el ciclo completo de las cuatro óperas del “Anillo del Nibelungo” en el prestigiosísimo Festival Wagneriano de Bayreuth, en el estado alemán de Baviera.

La escenografía de “Hänsel und Gretel” podía haber sido algo mejor, porque desde la destartalada chabola del vertedero en el primer acto hasta el tercero y último (donde la casa de la bruja y su entorno aparecen envueltos en múltiples y diferentes tonos de color rosa) para mi gusto resultó un poco pobre.

Habrá sido un consejo del maligno espíritu que fue transformando a la encantadora anciana del comienzo en una cruel e inmisericorde bruja…

Notable protagonista fue la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias bajo la batuta de Pablo González, siempre atento a la sintonía con lo que ocurre en la escena, según la idea del compositor alemán Engelbert Humperdinck (1854-1921), cuyas propuestas estéticas siempre estuvieron influenciadas por Wagner, del que fue fiel colaborador y asistente.

En resumen: Una entretenida joya musical nunca vista antes en el Teatro Campoamor desde su inauguración en 1892, basada en el homónimo cuento de los eruditos escritores y hermanos Jacob y Wilhelm Grimm; los mismos recopiladores alemanes de cuentos de hadas de transmisión oral tan universales como “Caperucita Roja” o “Blancanieves”.

A ver qué nos deparan y brindan “Romeo y Julieta” (Gounod), “Orlando Furioso” (Vivaldi), “Rigoletto” (Verdi) y “Carmen” (Bizet) entre octubre y febrero próximos.

FUENTE: https://www.facebook.com/franciscojose.rozadamartinez

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