POR JUAN PEDRO RECIO CUESTA, CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA DE TORNAVACAS (CÁCERES)
Tornavacas es una antigua villa repleta de Historia, costumbres y tradiciones, que es principio y fin del Valle del Jerte, pues, en su cabecera norte, es la entrada natural al valle desde la histórica Castilla. Desde el sur, cierra el valle a los pies del Puerto que lleva su nombre y es visible como una atalaya desde Plasencia y sus cercanías. Dentro de su extenso término municipal, en donde nace el río Jerte, encontramos espacios con un alto valor natural-cientos de hectáreas están incluidas en la Reserva Natural ‘Garganta de los Infiernos’ y otras tantas en la Reserva Regional de Caza “La Sierra”- y los picos más elevados de toda Extremadura.
Aunque la zona en la que se ubica, el Valle del Jerte, es un territorio poblado desde tiempos prehistóricos, Tornavacas es una población que hunde sus raíces en la Edad Media, época en donde se sitúa su leyenda fundacional (siglo X) y en la que pasó a ser villa integrada en el señorío de la Casa de Oropesa (siglo XIV), situación que la trajo prosperidad y relevancia y en la que permaneció hasta el siglo XIX.
Paseando por su calle principal, la cual se divide en tres grandes tramos(Calle Real de Arriba, de Abajo y del Medio) y que antiguamente era la Cañada Real por la que transitaba el ganado, podemos apreciar la importancia histórica de este municipio que queda reflejada en sus dinteles, casas señoriales, monumentos y lugares. En la Calle Real de Arriba, aún perduran muestras de la antigua arquitectura asoportalada y la parada se vuelve imprescindible en sitios como el Puente Cimero, de origen medieval pero reedificado en el siglo XVIII. En su plaza central, se erige la Iglesia consagrada a Nuestra Señora de la Asunción, la de mayor antigüedad de toda la comarca, que acoge a la imagen del patrón de la localidad: el Santísimo Cristo del Perdón, al que cada año, coincidiendo con su festividad (14 de septiembre), se ofrece un Ramo en acción de gracias.
Calle Real del Medio
Siguiendo por la Calle Real del Medio, nos encontramos la otra plaza, la Mayor, del Ayuntamiento o también popularmente conocida como “de las Cárceles”, en la cual merece la pena destacar el edificio del Ayuntamiento -del siglo XVIII, en cuya planta baja, en el espacio que ocupaban las antiguas cárceles de la villa, existe un excelente Centro de Interpretación-, el que actualmente está destinado al Hogar del Pensionista -construido a finales del siglo XIX para acoger una escuela para las niñas- o la imponente casaedificada por el hacendado local Victoriano Navarro en la década de 1910.
Paseando por la Calle Real de Abajo, abundan las referencias a la que fue, sin duda, la época de mayor bonanza económica y de eclosión constructiva de la villa en siglos pasados: las primeras décadas de la centuria de 1700. Y nos encontramos también con otros monumentos y lugares de sumo interés como la casa en la que pernoctó Carlos V-de “Juan Méndez de Ávila, Criado de Su Magestad”, como nos indica en su dintel-, la Puentecilla -templete dieciochesco consagrado a la Virgen de la Consolación-, la Casa de la Inquisición -la que nos habla del legado judío y converso de la villa-, la Picota -rollo de justicia medieval originario del siglo XIV- o, ya en las afueras del pueblo, la ermita del Humilladero, la única que sigue en funcionamiento de las cinco que tuvo Tornavacas en tiempos pasados.
Tornavacas, a lo largo de todo el año, celebra diferentes fiestas cargadas de historia y tradición. Como la recreación de su leyenda, que nos habla del origen de su nombre, así como otras relacionadas con ritos religiosos, un elemento que es una parte imprescindible de la localidad desde hace siglos.
El toque de la esquila, en el que una mujer, cada atardecer, recorre la calle principal (Calle Real) haciendo sonar una pequeña campanaen recuerdo a los difuntos -sea verano o invierno, llueva o nieve-, o el Ofertorio de Ánimas -que se celebra en la Feria de San Mateo, los días 21 y 22 de septiembre-, son una buena muestra de ello.
Flores
En primavera, Tornavacas también engalana sus calles con sábanas y flores con motivo de la festividad del Corpus Christi y, cada año, la noche del 2 de mayo la localidad se llena de hogueras (“Noche del Fuego”), para, el día posterior, acudir en romería al paraje de la Cruz de Santa Bárbara.
En verano, cuando las aguas refrescantes del río Jerte, de sus gargantas y arroyos, son frecuentadas por paisanos y visitantes, la población celebra las fiestas dedicadas a la patrona de la Iglesia, Nuestra Señora de la Asunción (15 de agosto).
Septiembre, es el mes grande de las fiestas, pues en él se celebran las dedicadas al Santísimo Cristo del Perdón, en donde destacan costumbres muy arraigadas como el canto y ofrenda del Ramo, la ronda o el paseo del macho, y la ya citada Feria de San Mateo. En otoño, cuando el aroma a gloria impregna las bodegas y calles de Tornavacas, se acude a la Fuente del Horno a asar las castañas (“calbotes”) y en noviembre se conmemora el paso, allá por 1556, del emperador Carlos V en su retiro hacia La Vera.
Por todos estos motivos, Tornavacas es un pueblo, digno de visitar, que puede y debe sentirse muy orgulloso de su riqueza histórica, cultural y natural, repleto además de costumbres y tradiciones heredadas de sus mayores.
