POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ)

Los valores cristianos están siendo pisoteados a día de hoy más que nunca.
Muchos se preguntan qué ocurrió en realidad con el Papa Benedicto XVI y qué contiene el denominado “Testamento espiritual Omega”. Algunos incluso lo relacionan con profecías sobre un posible Papa hereje, señalando al Papa Francisco. Este testamento, atribuido a Benedicto XVI, habría sido revelado a una monja colombiana el 2 de febrero de 2023 y forma parte de un conjunto de relatos y visiones místicas.
Sor Benedetta, miembro de la comunidad de la Santa Cruz, ha llamado la atención por sus revelaciones, especialmente las relacionadas con Benedicto XVI. Recientemente afirmó haber tenido una visión en la que el jubilado Papa por motivos de salud, le transmitió información sobre el “misterio de la iniquidad” y un testamento espiritual que confirmaría su legitimidad como último Papa en la Tierra.
Estas revelaciones fueron interpretadas por algunos como una crítica hacia la Iglesia que dirigió el Papa Francisco. Sus visiones han generado debates, siendo vistas por unos como un llamado a reflexionar sobre la crisis de la Iglesia y la necesidad de retornar a la fe tradicional.
| Durante la celebración de la fiesta de la Candelaria, mientras participaba en la misa, Sor Benedetta experimentó una visión extraordinaria: vio al Papa Benedicto XVI con vestiduras blancas y doradas, resplandeciente y celebrando la Eucaristía con gran solemnidad. Su rostro mostraba juventud y serenidad; y todo en él emanaba gloria y vigor. El ambiente estaba impregnado de incienso, con un aroma que evocaba santidad y, cerca del altar, apareció un ángel.
En la visión, Benedicto reveló detalles sobre el estado interno del Vaticano y la crisis de la Iglesia, confirmando sospechas que circulaban en ciertos sectores. Le contó Benedicto XVI sobre: – su aislamiento, – la vigilancia constante y – la traición de personas de confianza, lo que intensificaba su sufrimiento. Esta experiencia la vivió como un proceso de purificación ligado a su misión como Vicario de Cristo. El relato incluye afirmaciones polémicas que muchos interpretan como críticas hacia el Papa Francisco, acusándolo de destruir la Iglesia y profanar la Eucaristía. Según la visión, Francisco habría mostrado cinismo y maldad, con la intención de borrar dogmas y manipular la liturgia, apoyándose en aliados dentro y fuera de la Iglesia. Se mencionan episodios como la supuesta consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María, organizados por Francisco, y la referencia a los Papas Juan Pablo I y Juan Pablo II, sobre quienes se habrían realizado intentos fallidos de silenciar. Benedicto XVI, en el relato, habría expresado que nunca renunció realmente a su misión y que utilizó un lenguaje cifrado en sus comunicaciones para protegerse de enemigos y garantizar la preservación de mensajes importantes. Durante su vida, escribió cartas confidenciales dirigidas a cardenales, teólogos, religiosos y fieles, incluyendo su última encíclica sobre la Virgen María como corredentora, mediadora y abogada. Estas cartas fueron confiadas a personas de confianza, como su amigo Julio Colombi, para garantizar su publicación tras su fallecimiento, frente a la traición de su secretario Georg. El Papa eméritjubilado enfatizó la importancia de la intercesión de María ante la crisis de fe, familia, sociedad y paz que afecta a la humanidad. Firmó la encíclica como su último acto oficial, consciente de que su misión terrenal estaba llegando a su fin. Esta etapa la vivió como la “Omega”, el cierre de un ciclo, anticipando que la Iglesia enfrentaría una persecución religiosa más intensa. El testamento Omega refleja la profunda fe de Benedicto XVI en la figura de María y su papel esencial para superar la crisis espiritual y social del mundo. Sus escritos buscan preservar la tradición y la doctrina, alertando sobre peligros internos y externos a la Iglesia. Este relato, ya sea interpretado como místico o histórico, evidencia que el legado espiritual de Benedicto XVI continúa generando interés y debate, sobre todo en torno a escritos y revelaciones atribuidos a él después de su fallecimiento. La segunda parte de estas visiones promete abordar los misterios vinculados a su muerte y cuestiones que aún hoy permanecen sin respuesta. Los puntos importantes del Testamento espiritual Omega El “Testamento espiritual Omega” es un conjunto de mensajes y revelaciones atribuidos al Papa Benedicto XVI, supuestamente transmitidos después de su muerte a través de experiencias místicas vividas por una religiosa colombiana, Sor Benedetta, el 2 de febrero de 2023 (día de la Candelaria). Según el relato de la monja, durante una misa ella habría visto en visión al Papa emérito radiante, rejuvenecido y celebrando la liturgia con gran solemnidad. En esa aparición, Benedicto le habría comunicado lo siguiente: Nunca renunció realmente a su misión de Vicario de Cristo. Explicó que su renuncia fue aparente y que en sus escritos dejó mensajes cifrados para los que pudieran entenderlos. Habló del “misterio de la iniquidad” y de la crisis de la Iglesia. Relató su sufrimiento, aislamiento, vigilancia y traición por parte de personas cercanas en el Vaticano. Afirmó haber escrito una última encíclica dedicada a la Virgen María como Corredentora, Mediadora y Abogada, destinada a cardenales, teólogos, religiosos y fieles. Su intención era que se publicara después de su muerte. Señaló la traición de su secretario, Georg Gänswein, quien habría comunicado a Francisco la existencia de las cartas y recibido órdenes de destruirlas. Sin embargo, según la visión, copias fueron entregadas a colaboradores de confianza, como el teólogo Julio Colombi, para asegurar su preservación. Advirtió sobre un futuro de mayor persecución religiosa. Se veía a sí mismo como la “Omega”, es decir, el final de un ciclo en la Iglesia, tras el cual vendría una etapa de prueba más dura para los creyentes. Criticó veladamente al Papa Francisco, describiéndolo en la visión como alguien hostil hacia la tradición, la Eucaristía y la devoción mariana. El “Testamento Omega” ha sido interpretado de dos maneras: Para algunos, es un llamado auténtico a volver a la fe tradicional y una denuncia de la crisis interna de la Iglesia. Para otros, no es más que un relato místico subjetivo, difícil de verificar históricamente. Lo que es claro es que el legado espiritual de Benedicto XVI sigue vivo, y que este supuesto testamento se ha convertido en un punto de debate intenso dentro y fuera de los sectores católicos más críticos con la Iglesia actual. El misterio de la iniquidad El “misterio de la iniquidad” es una expresión de origen bíblico que aparece en la Segunda Carta a los Tesalonicenses (2,7), donde San Pablo advierte que ya está en acción un poder oculto de maldad que prepara el camino para el “hombre de la iniquidad”, también llamado el anticristo. En el contexto del llamado testamento espiritual Omega atribuido al Papa Benedicto XVI, esta frase aparece como clave para comprender la crisis actual de la Iglesia y del mundo. Según el testimonio de Sor Benedetta, Benedicto habría explicado en su visión que: El “misterio de la iniquidad” se manifiesta en las traiciones internas dentro del Vaticano, la pérdida de la fe y la manipulación de la doctrina y la liturgia. Este misterio actúa de manera encubierta y progresiva, debilitando la Iglesia desde dentro y preparando el terreno para una apostasía más abierta. Para Benedicto, según el relato, su sufrimiento personal, aislamiento y vigilancia en sus últimos años fueron parte de la confrontación con ese misterio: una purificación que él asumió como parte de su misión como Vicario de Cristo. En el mismo mensaje, se vincula esta idea con la advertencia de una persecución futura más intensa, donde la verdadera fe quedará reducida a un “pequeño resto fiel” que resistirá a la apostasía generalizada. El “misterio de la iniquidad” es la acción oculta del mal que obra en el mundo y dentro de la Iglesia, preparando el camino para una crisis espiritual profunda. Benedicto XVI, en las visiones narradas por Sor Benedetta, lo presenta como una realidad ya activa en sus últimos años de vida, contra la cual luchó en silencio, dejando escritos y mensajes cifrados para los fieles. El pasaje de la Segunda Carta a los Tesalonicenses 2,7 Dice lo siguiente: “Porque el misterio de la iniquidad ya está actuando; tan sólo falta que sea quitado de en medio el que ahora lo retiene”. (2 Tesalonicenses 2,7) San Pablo escribe a la comunidad de Tesalónica advirtiendo sobre la venida del “hombre de la iniquidad” o “hijo de perdición”, identificado después en la tradición cristiana con el Anticristo. Habla de un poder misterioso de maldad que ya estaba en acción en su tiempo (“el misterio de la iniquidad”), pero que no se manifestaba plenamente porque había algo o alguien que lo retenía. Cuando esa fuerza que lo contiene desaparezca, el mal se revelará con toda su intensidad, hasta que Cristo lo destruya con el soplo de su boca en su segunda venida. En la tradición de la Iglesia, el “misterio de la iniquidad” no es simplemente un pecado aislado, sino la acción secreta y progresiva del mal en la historia, que va preparando la apostasía y la rebelión final contra Dios. Los Padres de la Iglesia y los teólogos han interpretado que ese poder oculto puede expresarse en gobiernos, movimientos, ideologías o incluso dentro de la misma Iglesia cuando se desvía de la verdad. El “que lo retiene” ha sido interpretado de distintas maneras: para algunos es la acción del Espíritu Santo, para otros la autoridad de la Iglesia o incluso el orden político que frena la manifestación plena del mal. En relación con el “Testamento Omega”, los relatos atribuidos a Benedicto XVI, él habría visto este pasaje reflejado en la crisis actual de la Iglesia: la infiltración del mal, la traición interna, la pérdida de fe y la preparación de una apostasía generalizada, todo bajo ese “misterio de la iniquidad” ya en acción. La visión de Sor Benedetta Durante la fiesta de la Candelaria (2 de febrero de 2023) es el punto central del relato conocido como Testamento espiritual Omega atribuido al Papa Benedicto XVI. La fiesta de la Candelaria se celebra exactamente 40 días después de la Navidad, y conmemora dos hechos fundamentales en la vida de Jesús y María, narrados en el Evangelio de Lucas (Lc 2,22-40): 1. La Presentación del Niño Jesús en el Templo. Según la tradición judía, los padres debían llevar a su hijo primogénito al templo para consagrarlo a Dios. María y José, fieles a la ley de Moisés, presentan a Jesús y ofrecen el sacrificio de dos tórtolas o pichones. En este momento ocurre el encuentro con Simeón, quien proclama a Jesús como “Luz para iluminar a las naciones” y anuncia a María que una espada atravesará su corazón. Es un hombre justo y piadoso que vivía en Jerusalén y el Espíritu Santo le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías prometido. Movido por el Espíritu Santo, toma al Niño en sus brazos y pronuncia un cántico profético conocido como el Nunc Dimittis: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo muera en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” En ese momento reconoce públicamente a Jesús como el Salvador esperado, “Luz de las naciones” y anuncia la profecía sobre María y Jesús. Simeón anuncia que Jesús será signo de contradicción, es decir, motivo de división: unos lo aceptarán como Mesías, otros lo rechazarán. También profetiza a María que una espada atravesará su alma, anticipando sus dolores en la Pasión de Cristo. Simeón es considerado un símbolo de esperanza y fidelidad: un anciano que espera toda su vida y, al final, reconoce a Cristo. Su cántico forma parte de la Oración de Completas en la Liturgia de las Horas, como expresión de confianza al terminar el día. Junto con la profetisa Ana, que también aparece en este relato, representa la esperanza de Israel que se cumple en Cristo. Simeón es el anciano justo que, en la Presentación del Niño Jesús en el Templo, lo que celebramos en la Candelaria, donde se encienden luces paraque el Niño Perdido sepa el camino. Simeón lo reconoce como el Mesías y proclama que ha llegado la luz de la salvación para todos los pueblos. 2. La Purificación de la Virgen María. La ley judía prescribía que la madre, 40 días después del parto, debía realizar un rito de purificación. Por eso, en este día también se recuerda la humildad de María que, siendo Inmaculada, se sometió a la ley. El símbolo de la luz (las candelas o velas) La palabra Candelaria viene de “candela” (vela). La Iglesia bendice las velas en este día como signo de Cristo, “la Luz del mundo”. La procesión con velas encendidas representa la fe que ilumina la oscuridad del pecado y la esperanza en la victoria de Cristo. Como significado litúrgico y espiritual marca el final del ciclo navideño en muchas tradiciones (aunque oficialmente termina con el Bautismo del Señor). Subraya la misión de Cristo como luz y salvación y el papel de María como Madre obediente y corredentora. Es una fiesta de consagración: Jesús es ofrecido al Padre y los fieles renuevan su entrega a Dios. La fiesta de la Candelaria recuerda que Jesús es la Luz que disipa las tinieblas, presentado en el templo como cumplimiento de la ley, y nos invita a renovar nuestra fe y a confiar en la intercesión de María. La experiencia mística de Sor Benedetta Sor Benedetta participaba en la misa de la Candelaria en su comunidad. Durante el ofertorio, mientras el sacerdote incensaba las ofrendas, ella tuvo una visión en la que, en lugar del celebrante, apareció el Papa Benedicto XVI. Lo vio joven, radiante, lleno de vigor y gloria (como un cuerpo glorioso), vestido con ornamentos blancos y dorados. En su pecho portaba una cruz de esmeralda (símbolo de la esperanza, una de las virtudes teologales); y sobre su casulla había bordados lirios de plata (los lirios, la flor de lis, son también la representación de la Casa Real de Borbón) entrelazados con los Sagrados Corazones de Jesús, María y José (la Sagrada Familia, ejemplo de familia) en oro brillante (el metal considerado como más noble). Benedicto celebraba la misa según el rito tridentino (Misa de cara al Sagrario dando la espalda al pueblo) con gran solemnidad. Su voz pronunciaba las palabras en latín con claridad perfecta (el latín fue el idioma de unión durante siglos de la humanidad). El ambiente se llenó de un aroma exquisito, mezcla de incienso y mirra (oro, incienso y mirra, están presentes en la visión y son los regalos que recibe Jesús de los Reyes Magos en su nacimiento), generando en todos los presentes un profundo sentido de santidad y de asombro ante Dios (en el Nacimiento, todos los pastores acuden asombrados a adorar al Niño). Un ángel esplendoroso apareció cerca del altar mientras el Papa elevaba la hostia consagrada (Un ángel también guía y señala el lugar del Nacimiento). En este contexto, Benedicto XVI habría revelado a la religiosa varios puntos: Su sufrimiento en los últimos años: Habló de haber vivido bajo vigilancia constante, con miedo de ser envenenado en sus comidas y medicinas. Se sintió aislado y traicionado por personas de confianza, especialmente por su secretario Georg Gänswein. Crítica al Papa Francisco: En la visión, Francisco aparece como alguien hostil hacia la Eucaristía, la Virgen María y la tradición de la Iglesia. Se le atribuyen palabras burlonas sobre “destruir la Iglesia” y “enterrar la Eucaristía”. La misión secreta de Benedicto: Explicó que nunca renunció realmente a ser Papa y que mantuvo la sotana blanca como señal. Aseguró haber dejado mensajes cifrados en escritos, parábolas y libros para quienes supieran entenderlos. La encíclica mariana: Relató que había escrito una encíclica titulada María corredentora, mediadora y abogada, destinada a cardenales, teólogos, sacerdotes, religiosos y fieles. Dio copias a personas de confianza, temiendo la destrucción de los originales. El sentido de su misión: Consideró su dolor como parte de una purificación semejante a la pasión de Cristo. Dijo sentirse como la “Omega”, el final de un ciclo en la Iglesia, preludio de una persecución religiosa más intensa. Y, efectivamente, los valores cristianos están siendo pisoteados a día de hoy más que nunca, los cristianos masacrados en distintas partes del mundo y perseguidos por integristas de otras religiones. Para algunos, la interpretación de esta visión es un llamado a la fidelidad a la tradición católica y también una advertencia frente a la apostasía. Para otros, se trata de un relato místico simbólico, sin base histórica comprobable, que refleja la tensión entre sectores de la Iglesia tras la muerte de Benedicto XVI. |
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