LA JIJONENCA DE CALLE LAS ERAS A JOSÉ PERSEGUER (VI)
Oct 25 2025

POR MARI CARMEN RICO NAVARRO, CRONISTA OFICIAL DE PETREL (ALICANTE).

Teresa en el mostrador de la heladería. 22-VII-1956.

Junto al estanco de Salud Pérez estuvo la heladería La Jijonenca propiedad de Enrique Bastán Picó (Jijona, 1903 – Petrer, 1976), conocido en el pueblo como Enrique el Xambiter. Enrique llegó primero a Elda desde Jijona, en 1947, animado por su cuñado que vivía en la ciudad vecina, trasladándose junto a su mujer, Teresa López Jérez (Jijona, 1904 – Petrer, 1971) y sus dos hijos Teresa Miquel López (Jijona, 1924 – Petrer, 1995) y Pepe Bastán López. Fue en Elda donde abrió, en la calle San José, la Heladería La Jijonenca.

Eran unos años en los que era habitual ver por las calles los carritos del helado así, su hija, Teresa, se colocaba a la entrada del mercado mientras que el hijo recorría con otro carrito las calles de la vecina población y, además, un par de empleados salían a la calle portando las carretillas del helado. Aunque se asentó en Elda, los granizados y helados de esta familia también se degustaban en Petrer porque Enrique subía cada día con su carretilla, siendo uno de sus clientes habituales Enrique Amat.

Fue el propio Enrique Amat quien lo animó a venirse a Petrer y además le ofreció el alquiler de un local de su propiedad, conocido como el corralet donde guardaba su carro y la mula (hasta no hace mucho tiempo todavía se conservaba en la fachada la anilla para amarrar los animales de tiro), finalmente Enrique Bastán, se trasladó a Petrer y abrió su primera heladería en la calle José Perseguer nº 15, en el año 1950. El jijonenco era valenciano hablante y le gustaba más Petrer porque hablaban su lengua materna, así que decidió fijar aquí su residencia definitiva, tras vender la heladería de Elda a Daniel Sirvent y a su hermano que habían llegado desde Jijona como empleados suyos.

Ese mismo año, 1950, su hija Teresa se casó con Guillermo Ramos Miquel (Jijona, 1918 – Petrer, 1989), maestro turronero de Jijona, y se establecieron en Carmona, municipio sevillano en el que residía una hermana de Guillermo que tenía una heladería-pastelería. Poco después, Enrique abrió una segunda heladería en la calle Gabriel Payá nº 11, esquina con Antonio Torres, enfrente del Teatro Cervantes, en un pequeño local alquilado a Luis Maestre y su esposa Amancia. La tradición heladera a Guillermo le venía por su suegro y dos años más tarde, en concreto, en 1952, ante la decisión del fundador de La Jijonenca de dedicarse a la agricultura, su célebre huerto estaba en lo que hoy es el Parc 9 d´Octubre y se conocía popularmente como el Hort del Xambiter, Guillermo y Teresa, abandonaron Carmona para establecerse en Petrer y tomar las riendas de las dos heladerías de su suegro, la de José Perseguer y la de Gabriel Payá, aunque, con el paso del tiempo, cerraron la de la calle José Perseguer y años después la de Gabriel Payá, levantando finalmente una vivienda con espacio destinado a fabricar y vender helado en la calle Leopoldo Pardines. El matrimonio Ramos Miquel continuó con la tradición de los carritos del heleado y cuando llegaba la temporada de los granizados, cremas y polos era habitual ver a Teresa con su carrito de granizados y mantecado en la plaça del Derrocat, mientras que los empleados de la heladería recorrían las calles con sus carretillas ofreciendo solo granizados. Como curiosidad decir que en homenaje a Enrique el Xambiter, las columnas de las puertas que dan acceso al parque 9 d’Octubre tienen forma de chambi.

En un principio, cuando terminaba la campaña de verano, la familia se trasladaba a Jijona donde Guillermo trabajaba como turronero en una fábrica y cuando finalizaba la temporada del turrón regresaban a Petrer. Finalmente, se establecieron definitivamente en nuestra localidad ya que Guillermo y Teresa combinaron, en el establecimiento de Gabriel Payá, el servicio de heladería con el de cafetería. Muchos petrerenses recordamos ese aroma a café recién molido, esas tostadas con sus rayas bien marcadas o esa agua cebada y esas ensaimadas que nos sabían a gloria; llegaban a hacer hasta 300 tostadas los días en los que en el Teatro Cervantes se proyectaban películas de cine.

En 1956 Guillermo ya tenía establecimientos en José Perseguer nº 15 y Gabriel Payá nº 11. Especialidad en helados al corte. Atrás quedó el paso de los vendedores callejeros de granizados y helados y, con ellos, nombres como Pere el Fayago y Ricardo Pebrella y, más recientemente, Manuel Murcia que vendía el helado de Casildo o Rafael el Chambitero que vendía helado de Guillermo el de La Jijonenca y colocaba su carrito por l mañana en el mercado y por la tarde en la Explanada. Guillermo también contrataba a dos chicos de Jixona que se desplazaban a las cuevas y a las casas de campo vendiendo granizados y para llamar la atención de los vecinos, como reclamo, tocaban con dos tejas a modo de castañuelas.

Fue también en el año 1956, cuando nació el hijo de Teresa y Guillermo, también llamado Guillermo que muy pronto se convirtió en el brazo derecho de su padre y aprendió de él todo lo relacionado con la elaboración artesana del helado. Su corta vida la entregó exclusivamente a la heladería y fue un digno sucesor de la saga familiar que le precedió. Era muy perfeccionista con todo el proceso de fabricación ocupándose desde la materia prima, pasando por la escrupulosa higiene y el acabado de texturas y sabor en los granizados. Este muchacho trabajador, algo introvertido y de gran altura física y humana merece nuestro pequeño reconocimiento.

Cuanto y cuanto recuerdo nos vienen a la memoria, la limpieza extrema, la pulcritud de Teresa y Guillermo, el olor tan especial que desprendían las dos heladerías, el ir a comprar los cortes de mantecado y chocolate o chambis a la calle José Perseguer; y en Gabriel Payá las tostadas, saliendo exprofeso del cine Cervantes, en el intermedio de la película, a comprarlas y a disfrutarlas y ya, cuando nos hicimos más mayores, ir a desayunar una ensaimada y un agua cebada. El olor a café exprés recién molido, los pasteles… Todo estaba buenísimo, insuperable.

A principios de los 80 del pasado siglo, “La Jijonenca” de la calle Gabriel Payá cerró sus puertas para abrirlas en la calle Leopoldo Pardines donde sigue en activo ofreciendo, desde abril a octubre, un amplio abanico de cremas, helados y granizados.

Cuando Guillermo y Teresa fallecieron, primero él y años después ella, fueron sus tres hijos, Teresa, Guillermo y Reme, los que se quedaron con el negocio. Sin embargo, Guillermo hijo primero y más tarde Reme vendieron su parte a Tere que sigue, junto a sus hijos, atendiendo a sus clientes en los dos locales que tiene en Petrer (Leopoldo Pardines y El Campet), los meses que La Jijonenca abre sus puertas cada año, coincidiendo con la temporada del helado, de abril a octubre. No obstante, la jubilación de Tere no ha traído consigo el cierre de la heladería puesto que al frente de la misma se encuentran sus dos hijos, José María y Javier Gil Miquel, que siguen con la tradición heladera de la familia. Unos hermanos que han unido la tradición artesanal con la innovación, creando su propia marca, Heladerías Cassata, convirtiéndola en una franquicia con heladerías por toda España. Una empresa familiar que se convierte en la cuarta generación dedicada desde hace más de 70 años a la elaboración artesanal de helados de gran calidad. Los bisnietos de Enrique el Xambiter tienen además de los dos establecimientos de Petrer, uno en la Gran Avenida de Elda y otro en la Playa de San Juan, fabricando el helado artesanalmente y con productos de primerísima calidad en el polígono de Les Pedreres. Si Enrique Bastán Picó levantara la cabeza, estaría más que orgulloso de sus descendientes porque son ya cuatro generaciones de heladeros y se dice pronto. ¿Quién se lo iba a decir a él? Probablemente, ni se le pasó por la cabeza que algunos de sus bisnietos seguirían con la tradición heladera de la familia

A continuación de la heladería y antes de la confitería Matamoros, en el nº 15 de la calle, sobre los años 50 estaba el pequeño local de Alfonso donde éste arreglaba aparatos de radio y transistores tan de moda por aquellos años. “Radioelectricidad. Alfonso García Soriano» años más tarde se trasladó al nº 1 de la calle y Guillermo amplió su heladería quedándose también con este espacio. Lo que fue heladería se convirtió años después en la tienda de fotografía propiedad de Isabel Payá Villaplana, Beli, la hija de D. Antoñito, el médico. La tienda se llamó Stereofoto y cuando Beli la dejó la llevaron sus primos Pablo y Yolanda García Villaplana.

En la próxima entrega seguiremos endulzando nuestros recuerdos y nos adentraremos en la célebre confitería Matamoros que, en los años ochenta, se convirtió en la Pastelería Castillo. Seguimos paseando por esta calle volvemos a vemos pronto.

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