UN RELATO 1860
Nov 02 2025

POR GOVERT WESTERVELD, CRONISTA OFICIAL DE BLANCA (MURCIA).

Foto: El señor X y los labradores”

En el relato que sigue, es probable que no hubiera contratos formales, pues prevalecían ciertas costumbres arraigadas en la relación entre el propietario y el arrendador/labrador. Una de las más comunes era la cesión total de derechos: al final del contrato, todos los árboles (por ejemplo, de naranja) pasaban a ser propiedad del arrendador, quien podía venderlos, seguir cultivándolos o disponer de ellos como considerara oportuno. Esta práctica, basada en la confianza mutua y el conocimiento local, evitaba la necesidad de formalizar acuerdos escritos, sustituyendo el papel del contrato por la fuerza de la costumbre, especialmente en cultivos de largo desarrollo como los frutales. Sin embargo, este sistema tenía un riesgo inherente: si el propietario fallecía y su heredero desconocía el acuerdo verbal, o si la finca era vendida a un tercero ajeno a la comunidad, el arrendador perdía todos sus derechos. En tales casos, la falta de un contrato escrito dejaba al arrendador sin protección, obligándolo a renunciar a los árboles o a aceptar condiciones impuestas por el nuevo dueño, que no estaba obligado a respetar los pactos anteriores. Esta vulnerabilidad revela la fragilidad de los acuerdos basados en la costumbre frente a los cambios en la propiedad o la sucesión.

Pobres labradores! Poco se aprecia nuestra labor

En el año 1860, en Blanca, (provincia de Murcia), en el partido del Darrax, una finca del señor X pagaba una renta de 2250 pesetas anuales. Fué dividida en cuatro parcelas y se dió en arriendo a otros labradores nuevos. José Molina Molina tomó una parcela de 15 tahullas en arriendo en 750 pesetas anuales. A los 22 años de llevarla, la Parca inexorable le arrebató la vida, como también a su esposa. Este labrador plantó de naranjos la mitad de la finca. En el 1883 la tomó en arriendo el que suscribe, en 1250 pesetas por año, el cual terminó de plantarla. Conforme los árboles iban criándose, el amo, nuevo señor X, fué subiendo la renta, hasta que en 1905 le dijo al labrador que si quería seguir tenía que pagar 3.000 pesetas por año.

Ante una cosa tan injusta, se dió por despedido, como igualmente los demás labradores de dicha finca, por el exceso de renta que les puso. Según costumbre del pueblo, es pagar el 6 por ciento del valor real que la finca representa. Luego, cuando la tomó José Molina Molina, valía 12.500 pesetas. Cuando en el 1905 le puso el propietario 3.000 pesetas por año, valía 50.000. Tenía una mejora de 37.500. Este dueño no ha abonado nada a este labrador, ni a ninguno de los demas. Desde aquella fecha viene explotando la finca sin acordarse que dejó a los labradores en la tirate miseria.

Como habrá podido observar el lector, este señor, es anti-republicano, como todos los que se osan llamar de «sangre azul» que vierte a la sociedad los vicios, la política rastrera con elementos que contribuyen a degenerar la sociedad anulando los albores de su progreso.

En el caso que vemos, el señor X representa al capitalismo, y los labradores al socialismo. Capitalismo y socialismo son doctrinas. Dos opuestas. Completamente. La osadía vil y criminal está representada en Blanca por los señores X. Estos usurparon los derechos a los labradores, para poseer ellos las tierras, porque estos son quienes las trabajan para obtener el máximo beneficio de las mismas. Los señores X, poseen más de la mitad del territorio blanqueño lo que ocasiona al pueblo la mayor miseria. Prueba evidente es, que cuando la llevabamos los labradores eran mutiples los jornales que se invertían en el cultivo, mientras que ahora no alcanza a la mitad de jornales que en aquella época se gastaban. Esto representa la crisis de trabajo, y las necesidades que pasan los pobres braceros. La República tiene que reconocer el valor de la producción de esas fincas y el del trabajo; y darle a cada factor lo suyo. Segun la ley, yo vine al mundo con obligación de trabajar; haciendo progresar a la agricultura, y con derecho a recoger el valor que mi trabajo produciera. El señor X, me entregó el capital, yo lo trabajé, y según mi conciencia, debe ser la mejora dividida en dos partes iguales; una para el señor X, y otra para los que la hicieron. Resumen: debe el señor X de la mejora, a los sucesores de José Molina, y al que suscribe, 18.750 pesetas; más 27 años de intereses al 6 por ciento. 24,375, que hacen un total de 43.125 pesetas, que es muy justo ante la ley, pagarlas.

FUENTE: https://www.facebook.com/photo/?fbid=10235416702912488&set=gm.832046316041890&idorvanity=659514836628373

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