POR JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA Y DE CARAVACA (MURCIA).
Brillaba intensamente el sol sobre el bosque de ribera por el que discurre el padre Segura, acariciando sus aguas el entorno del Santuario, aquel lunes, 10 de noviembre.
Las autoridades locales y los miembros de su hermandad se habían dado cita en el Santuario para despedir a la Virgen, que en su estuche relicario, iba a partir hacia Murcia para presidir la “Magna Jubilar” con que las hermandades y cofradías de la Diócesis iban a cumplir con el Jubileo Universal, a lo largo de todo el año 2025.
La campana del templo dio el último adiós a la Virgen en la mañana dorada, mientras el vehículo convertido en “carroza” virtual se perdía en el horizonte y el gentío allí congregado se dispersó en silencio.
Poco después de una hora, otras campanas, en esta ocasión las de la parroquia de S. Miguel de la capital, anunciaban a la feligresía la llegada de la imagen que, con mimo y cuidados de sus hijos y devotos, fue dispuesta en su trono, en el lado de la Epístola de aquel barroco templo, en el que habitualmente viven algunas de las más bellas imágenes del maestro Salzillo. El párroco, Alfonso Alburquerque, (Vicario también en lo referente a hermandades y cofradías de la Diócesis), entonó la “Salve” que el gentío acompañante cantó con fuerza, terminando con vítores a la madre de los calasparreños y del orbe católico.
La semana fe intensa en actos y homenajes, y en ningún momento estuvo sola la Virgen pequeña en estatura pero grande, muy grande en el corazón mismo de la capital.
Colocación de una placa en bronce a la entrada del templo, que recuerde a todos, y siempre, la presencia de la Virgen allí, en noviembre de 2025. Conferencias, conciertos, misas votivas ofrenda de flores y desfile de niños y madres gestantes bajo su manto.
Y llegó el gran día. Su presencia alegró de mañana las calles capitalinas cuando, con paso elegante y solemne, sus estantes la condujeron a la Catedral. Allí fue dispuesta en el presbiterio, y desde allí presidío la Misa de Pontifical que el obispo José Manuel ofició junto a decenas de sacerdotes…. y allí brilló con luz propia entre las demás imágenes, más grandes y dispuestas en enormes tronos, pero no más bellas ni de rostro más amable y bondadoso.
Cuando al final de la ceremonia y tras la “salve” que arropó a todas las imágenes presentes, tres “vivas” entre el publico, rompieron el silencio reinante en el espacio sagrado, ya nadie pudo decir mas fuerte, ni con más entusiasmo “¡¡¡ Viva la Virgen de la Esperanza¡¡¡”
Lo de la tarde fue inenarrable. La plaza del cardenal Belluga, que tantos acontecimientos ha contemplado a lo largo de su historia, y donde no cabía un alfiler…iluminada por los últimos rayos del sol sabatino, remiso a partir sin ver a la “Virgen Pequeña” … fue recibiendo una a una en su espacio, a las imágenes participantes en la “Magna”.
La nuestra fue la última que recibió el gentío en aquel espacio convertido en gran y virtual templo. Su presencia fue recibida por la multitud entre aplausos y gritos de entusiasmo, mientras con paso quedo y solemne sus anderos se abrían paso, orgullosos, entre los presentes, a los sones de la Marcha Real y la bendición del Prelado Diocesano.
Una semana para no olvidar y una fecha grabada a fuego en el corazón de una generación que nunca olvidará las sensaciones y vivencias entre el 9 y el 16 de noviembre de 2025, en el marco temporal del Jubileo de la Esperanza.
Las gentes del Noroeste todas, nos hemos sentido calasparreños entre vosotros y con vosotros. Gracias por hacernos sentir el orgullo de pertenecer a un mismo grupo social que tanto tiene que hacer y decir entre las demás tierras y gentes de la Región de Murcia.
FUENTE:https://elnoroestedigital.com/la-esperanza-nunca-defrauda/