FRANQUISMO Y DEMOCRACIA, NADIE QUIERE A ZAMORA
POR CELEDONIO PÉREZ SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE SANZOLES (ZAMORA).
La provincia, una de las más agraviadas de España desde hace muchas décadas
Vamos a decirlo desde el principio para que nadie se lleve a engaño: Zamora como provincia, como entidad administrativa, no tiene nada que agradecer ni al franquismo ni a la democracia. Durante las últimas décadas de la dictadura perdió 100.000 habitantes y desde 1975 hasta ahora más de 70.000. En menos de ochenta años se ha evaporado la mitad del censo que registró a mediados del siglo pasado, con una salvedad que hace aún más sangrante el dato: España, en ese mismo periodo, incrementó su población más de un 80%. Zamora, eso sí, ha conseguido el primer puesto del país en media de edad de envejecimiento, casi 52 años.
La importancia económica de la provincia ha ido pareja a la de su desmantelamiento demográfico, ha caído en picado. Solo un dato, demoledor, por cierto: en Zamora hay poco más de un cotizante por cada pensionista. O sea, vivimos subsidiados, nos mantenemos gracias a la solidaridad del resto del país. ¿Qué ocurriría aquí si los funcionarios se quedaran sin trabajo? ¿Cuántos pueblos zamoranos se mantendrán activos de aquí a 20 años si no se produce un milagro socioeconómico, un cambio de paradigma impensable ahora?
El franquismo no hizo nada por estas tierras. Sí, perdón, sí hizo algo: desmantelar el ámbito rural a cambio de nada. La emigración en los años sesenta y setenta del pasado siglo fue brutal. Los pueblos perdieron su identidad. Jóvenes y menos jóvenes rompieron la cadena cultural y se fueron unos a estudiar a las ciudades y otros a producir a países extranjeros y a las regiones españolas primadas por el franquismo, precisamente aquellas que habían perdido la guerra, a las que se intentó colonizar —sin éxito, claro, ahí están los independentismos más en auge que nunca— con gentes que vivían en lo que hoy se conoce como España Vaciada. La dictadura de Franco ejecutó una reconversión agraria a coste cero, ese fue el premio.
Durante la democracia, Zamora perdió el tren (físico y también el socioeconómico) definitivamente (unos lo cerraron y otros no lo reabrieron como habían prometido), también el cuartel, decenas de planes de desarrollo que nunca se cumplieron; dilapidó la dignidad como provincia: pasó a ocupar los números de abajo en todas las listas de desarrollo, se construyeron algunas autovías, sí, el AVE, sí, pero de momento solo han servido para salir no para que vengan. Además, el régimen de autonomías en vez de igualar aisló más a Zamora.
Por tanto, Zamora como entidad administrativa no tiene nada que celebrar en el 50 Aniversario de la Transición Democrática, aunque sí, y mucho, los zamoranos. Defendamos la Constitución con uñas y dientes porque quizás nuestros nietos ya no lo puedan hacer como zamoranos.
(Artículo publicado hoy, 19 de noviembre, en La Opinión-El Correo de Zamora)