POR JOSÉ RAIMUNDO NÚÑEZ-VARELA Y LENDOIRO, CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE BETANZOS (A CORUÑA).

Betanzos dedica este 2026 a la Asociación Cultural Xóvenes do Pobo, el colectivo que, hace cincuenta años, tomó el relevo “dos nosos maiores” como custodio de las danzas de Mariñeiros o Mareantes y de Labradores que, con las de Zapateiros y Xastres o Alfaiates, hacen de esta ciudad un caso único en Galicia.
Así se lo adelantó hace unos meses la alcaldesa, María Barral, a su máximo representante, Ton Pena, al que también transmitió la intención del Ayuntamiento de Betanzos de solicitar la declaración de las cuatro como Bien de Interés Cultural (BIC).
Tras cerrar los actos del 150 Aniversario del Globo de San Roque con una ofrenda a Claudino Pita en el cementerio, con la distribución del calendario municipal comienza el ‘Ano de Xóvenes do Pobo’. En él, las imágenes del aerostato colosal que ilustró los de 2025 se cambian por los arcos, las cintas, ‘gamachiños’, boinas, sables y sombreros; por los símbolos de los oficios y de las cofradías de San Miguel y de San Antonio.
Reidinvicación
Durante doce meses, mediante la organización de distintas actividades, como conferencias o exposiciones, o la concesión del Garelo Especial 2026 que se les entregará durante las celebraciones de San Roque, el municipio reivindicará el cometido de esta asociación con sede en A Ribeira como encargada de la conservación de Mariñeiros y Labradores desde el verano de 1975 cuando Ton Pena, con los compañeros Calvo y ‘Garri’, decidió embarcarse en una nueva experiencia al margen de la OJE (Organización Juvenil Española).
Entre 1966 y 1980, varias agrupaciones integradas en este movimiento se volcaron en la recuperación de las coreografías, los ritmos y la indumentaria históricos, e incluso obtuvieron el Premio Nacional de Danza de España en un certamen celebrado en Ávila en 1970, como recogió, en su edición del 22 de octubre, El Ideal Gallego. Una medalla a la que siguieron otras, como el reconocimiento mundial en el Festival de Melgaço, en Portugal, o la actuación ante el príncipe Juan Carlos, ambas en 1973.
La Danza Gremial de Labradores se reactivó en 1966 por parte de voluntarios de la OJE y en 1969, tres años después del primer “reestreno”, se presentó el Grupo de Marineros. Esta es, sin duda, la más conocida de las cuatro danzas gremiales, en tanto es la que más presencia ha tenido en los últimos treinta años en las calles de Betanzos.
En su odisea contaron con el asesoramiento y la música de Francisco Manso Barros ‘O Cafú’ que, con 82 años, recordaba las notas y los pasos y no dudó en unirse a la causa emprendida por el actual cronista, José Raimundo Núñez-Varela.
En una entrevista realizada en aquellos años de despegue, el célebre gaiteiro, uno de los más destacados de As Mariñas, pide a los chicos “que se fixen do ‘punto’ da gaita e, ao mesmo tempo, o golpe do pé, pois aínda se escapan algo os pés… pero van millorando”, señala no sin antes recordar a antiguos danzantes extraordinarios, como “O Paxaro ou o vello Pataqueiro”.
Originalidad
Xóvenes do Pobo se estrenó en las Festas do Candil de 1975 y ese mismo año actuó en las de San Roque. Desde ese momento, la entidad es una de las estrellas de las celebraciones y sus integrantes, desde los más veteranos hasta los niños que acaban de incorporase, atraídos por su vistosidad y originalidad o por el magnetismo de su ‘tirurirutiruriru’, son conscientes de que, en cada uno de sus movimientos, reside la historia de Betanzos.
De ahí su orgullo recorriendo las calles con sus armas y sus sombreros (Labradores) y sus cintas y arcos en la mano (Mareantes), vestidos igual que sus ancestros, con los mismos atavíos que el escritor y diplomático José García Acuña (Betanzos, 1873-A Coruña, 1933) detalló en ‘La Mariñana’ en 1923, siguiendo el orden históricamente establecido para asistir, cada 16 de agosto, a la Función do Voto a San Roque.
Una comitiva que, como relata Acuña, encabeza el Gremio de Labradores: “En mangas de camisa, luciendo el clásico calzón de pana azul con botones dorados, media blanca, zapato bajo de cuero, descubriendo la redonda testa, de lasos cabellos caídos sobre la frente, habiendo dejado en la sacristía los estrafalarios sombreros de copa con los que se cubrían al hacer sus danzas, y cerrando las filas por medio de viejos sables que el uno tenía por el puño, y el que le precedía, por la contera…”, recrea en el capítulo XII de la novela, donde también menciona a San Roque y a la Diana Cazadora.
En cuanto al Gremio de Marineros, el autor apunta en la misma novela que “venían después, formando bóveda con los arcos pintarrajeados y sostenidos en alto, desfilaban, en dos hileras también, los bravos marinos de agua dulce, con su pulquérrimo atavío de almidonadas pecheras y calzones de extremada blancura sobre la que se destacaban los gayos colorines de las cintas y pañuelos pendientes de brazos y cinturas, adornado el pecho de cadenillas y preseas, capitaneados por el popular ‘Salero’…”