POR TITO ORTIZ , CRONISTA OFICIAL DE GRANADA.
He dejado pasar adrede unos días hasta después de Reyes, para ver si, aunque fuera rezagado, llegaba alguno, pero nada de nada.
Esta pasada Navidad ha sido la primera en toda mi vida en la que no he recibido ni un solo christmas. Y el asunto da que pensar. Yo no me hago a vivir una Navidad sin ir al estanco, a comprar unos christmas de UNICEF, unos sobres y unos sellos, para corresponder a todos aquellos que hasta este año me felicitaban las fiestas como dios manda.
Es más, desde hace un par de lustros, yo le compro los christmas a la Asociación de Pintores con la Boca y con los Pies, con el fin de colaborar con estos artistas que nacieron o se quedaron sin brazos y que, realizan auténticas obras de arte, con un pincel entre los dedos de los pies o en la boca.
El caso es que, la gente no se ha olvidado de mí, sino que, hemos cambiado tan loable costumbre de enviar un christmas a la familia o los amigos, por un correo electrónico, o lo que es peor, por un moderno WhatsApp.
Toma castañas. Mientras mi buzón de las cartas en el portal estaba vacío, mi teléfono echaba humo con tanto mensaje navideño. El asunto es tan chusco que, cuando ahora vas al estanco a comprar sellos, el joven que te atiende dirige la mirada a su jefe y le pregunta: ¿Tenemos de eso? Menos mal que no me dio por pedirle papel del estado para pagar una multa de tráfico, o una póliza de tres pesetas para echar una instancia, porque si lo hago, lo mismo le da un patatús.
Cada año antes
Vengo a decir con esto que lo de la Navidad se nos está yendo de las manos, porque bueno está que Bérchuiles se tome las uvas en agosto, para que no se lo impida otro apagón como el de hace años, pero lo de adelantar la navidad por bemoles, nos está llevando a una vorágine de consumismo adelantado, sin precedentes y sin bolsillo que lo aguante.
Que en el mes de septiembre el centro comercial Nevada esté ya instalando su majestuoso árbol de Navidad, es todo un presagio, tan solo comparable con que, a estas alturas, todavía no lo hayan desmontado. Llegará un momento en que ya lo dejen permanente todo el año con villancicos en los altavoces del aparcamiento.
Esa lucha endiablada que cierta ciudad norteña lleva a cabo desde hace unos años, por tener mejor iluminación navideña que Nueva York, y encenderla antes que nadie, rozando con el mes que debemos venerar a nuestros fieles difuntos, me parece que raya en la hilaridad extrema y, convierte una ciudad preciosa, en un parque temático de impracticable discurrir para los peatones. Alguien debería decirle a tan simpático alcalde que, de éxito también se muere.
No podemos seguir adelantando una fiesta que antes duraba una semana y que, ahora, en algún lugar se acerca a los tres meses de fiesta y jarana, incluyendo las rebajas de todo tipo, para que te eches a la calle todos los días con la cartera llena. ¡A vivir, a vivir que se acaba el mundo!
Y ya para remate de los colmos, se ha propagado como la gripe en su pico máximo, una nueva tontería. Se trata de “Las Preuvas”, que consiste en tomarse las doce uvas en una plaza pública un día, dos o tres antes de que finalice el año, y a las doce del medio día con luz natural que es como mejor se identifica a tanta criatura falta de riego. Si alguien de los presentes ve esto normal, por favor hágaselo ver por su terapeuta.
El timo de la lotería
Y ya el remate de los despropósitos navideños es el asunto de la lotería de navidad. A estas alturas, nadie se ha dado cuenta que la lotería de navidad no existe, que es un engaño, Para ello no hay más que ver la televisión y comprobar cada año que, esas criaturas que salen desparramando cava a las puertas de una administración, dando saltos y sosteniendo un número en las manos, son actores y actrices pagados por Loterías y Apuestas del Estado, para dar el pego y hacernos creer que lo de la lotería de navidad existe y es verdad.
Si prestan ustedes atención a la señora del delantal, que es la cocinera del bar donde se vendieron los décimos, se darán cuenta que es la misma desde hace varios años, aunque cada diciembre le cambian el peinado y el delantal para convencernos, pero a mi no me la dan. También he descubierto que el señor que sale diciendo que compró el décimo premiado a última hora cuando ya cerraban la administración, es el mismo actor que sale en la telenovela, “Azucena de mi vida”, de gran éxito en Hispanoamérica.
A todo lo anterior solo queda añadir, la promesa sempiterna de apuntarse a un gimnasio el siete de enero, cosa esta que muchos cumplen, lo que pasa es que luego no van. Sin olvidar un clásico como el dejar de fumar, leer más libros y ver menos televisión, salir a correr todos los días, aunque al llegar a la esquina te vuelvas, Saludar a los vecinos en el ascensor, sin espetarles un sonido gutural indescifrable, ceder el asiento en el transporte urbano, no atropellar a nadie con el patinete por la acera, no repetir plato con la olla de san Antón, ser comedido con la ración de hojaldre de carnaval, no abusar durante la cuaresma de pestiños y torrijas.
En definitiva, que vivimos en una mentira todo el año, a la espera de la navidad que cada vez llega antes. Me voy a ver como cuelgan las luces de Navidad.
FUENTE: T.O.
