POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ)
La batalla de Torá, tradicionalmente considerada un episodio legendario de la frontera entre Al-Ándalus y los condados catalanes a comienzos del siglo XI, ha sido objeto de una reciente reevaluación historiográfica a partir del estudio de Josep Suñé, publicado en Treballs d’Arqueologia. El autor propone una lectura crítica de las fuentes disponibles, orientada a separar los elementos históricos de las elaboraciones hagiográficas que han condicionado la transmisión del acontecimiento.
La principal referencia sobre el enfrentamiento procede de los Miracula Sancti Benedicti, obra compuesta entre 1041 y 1044 por el monje André de Fleury. Se trata de un texto de carácter hagiográfico cuyo objetivo no es la narración factual de los acontecimientos, sino la exaltación del poder milagroso de San Benito y la intervención divina en favor de los cristianos.
Miracula Sancti Benedicti
Los Miracula Sancti Benedicti (Milagros de San Benito) son una obra hagiográfica medieval compuesta entre 1041 y 1044 por el monje André de Fleury (Andreas Floriacensis), perteneciente a la abadía de Fleury-sur-Loire (Saint-Benoît-sur-Loire). La finalidad de la obra es exaltar el poder milagroso de San Benito, reforzar el prestigio espiritual y político del monasterio de Fleury; y mostrar la intervención divina en los asuntos humanos como guerras, viajes, enfermedades. No es una crónica histórica, aunque contiene referencias a hechos reales.
André de Fleury, monje y escritor escribe en el siglo XI en el contexto de la reforma monástica y la expansión de la hagiografía como un instrumento de legitimación tanto religiosa como política, siendo Fleury uno de los grandes centros benedictinos de Europa occidental.
La obra recoge relatos de milagros atribuidos a San Benito, ocurridos en distintos lugares de Europa. Entre ellos aparece el famoso episodio del enfrentamiento de Torá (1003), donde se describe una victoria cristiana atribuida a la intervención divina. Pero el relato se caracteriza por sus cifras exageradas hablando de ejércitos enormes; la intervención directa de santos y de la Virgen, confirmaciones milagrosas a distancia, interpretación providencial de los hechos históricos.
Desde el punto de vista de un historiador, no puede leerse literalmente porque esta narrativa idealiza hechos pero es muy valiosa la obra para el estudio de la mentalidad medieval, para poder analizar la construcción de la memoria histórica o para reconocer un núcleo histórico detrás del relato milagroso. Decía Marc Bloch que este tipo de textos “mienten para decir la verdad”, es decir, deforman los hechos, pero revelan cómo la sociedad del momento los comprendía y los recordaba.
Los Miracula se utilizan en la actualidad como fuente cultural y mental, para el estudio de la frontera cristiano-andalusí; y como ejemplo de reescritura religiosa de la guerra. Para hacer un estudio histórico habría que combinar estas fuentes secundarias, estas crónicas, con documentación árabe, con los anales cristianos, análisis geográfico y político. Los Miracula Sancti Benedicti, obra hagiográfica del siglo XI, no constituyen una fuente histórica en sentido estricto, pero conservan un núcleo de información verosímil que, sometido a análisis crítico y comparado, permite reconstruir episodios reales de la conflictividad fronteriza medieval.
La Batalla
En este contexto referido, André describe una desproporcionada confrontación entre un ejército califal de aproximadamente 20.000 hombres y una hueste cristiana de apenas 500 caballeros, encabezada por varios condes catalanes. La presencia de cifras hiperbólicas, así como la intervención directa de la Virgen y de santos guerreros, obliga a una lectura cautelosa del relato.
Sin embargo, la naturaleza hagiográfica de la fuente no implica la inexistencia del hecho histórico. El texto contiene referencias geográficas y políticas coherentes con el contexto del nordeste peninsular a comienzos del siglo XI, lo que sugiere la conservación de un núcleo verídico.
La identificación del adversario musulmán como “califa” refleja una percepción cristiana simplificada del poder andalusí, en un momento en el que la autoridad efectiva residía en los hachib amiríes, primero Almanzor y, tras su muerte en 1002, su hijo ‘Abd al-Malik al-Muzaffar.
El análisis cronológico resulta igualmente relevante. Los condes citados en la fuente ejercieron simultáneamente el poder entre 993 y 1010, lo que permite vincular el episodio con alguna de las aceifas amiríes de este periodo.
Tras descartar las campañas de 999 y 1006 por razones geográficas y terminológicas, Suñé sitúa el enfrentamiento en el contexto de la expedición de 1003.
Las fuentes árabes indican que dicha campaña no fue plenamente exitosa, pues el propio ‘Abd al-Malik al-Muzaffar estuvo cerca de morir y un alto dignatario andalusí falleció durante el regreso.
Estos fracasos parciales habrían sido reinterpretados por la tradición cristiana como una victoria total, culminada con la supuesta muerte del califa.
El estudio plantea también la posible relación entre el combate de Torá y la batalla de Albesa, documentada en los anales de Ripoll en 1003. La coincidencia cronológica y la proximidad toponímica sugieren un escenario de violencia fronteriza más amplio, aunque la disparidad de las fuentes impide una identificación definitiva. Esta dificultad ilustra uno de los principales retos del medievalismo que es la conciliación de tradiciones documentales de naturaleza y finalidad muy distintas.
La batalla de Albesa (1003)
La llamada batalla de Albesa es un episodio documentado pero problemático de la frontera entre Al-Ándalus y los condados catalanes a comienzos del siglo XI. Su importancia historiográfica no está tanto en su desarrollo militar, -mal conocido por cierto-, como en las dificultades de identificación, localización y relación con otros enfrentamientos, como el de Torá. La fuente principal para su estudio son los Anales de Ripoll, una fuente cristiana, breve y analística, donde se menciona que en el año 1003 tuvo lugar una batalla en Albesa, en la que murió el obispo Berenguer de Elna, que es un personaje histórico que está bien documentado. Estos anales son una fuente primaria, concisa, sin elementos milagrosos, pero muy escueta.
Fuentes árabes
Algunas crónicas andalusíes mencionan combates en el marco de la aceifa de 1003, pero sitúan los enfrentamientos en lugares denominados al-Mašša, cerca de Balaguer (La Noguera). Y aquí surge el problema: Albesa aparece en las fuentes cristianas, mientras que al-Mašša aparece en las musulmanas y no es segura su identificación como un mismo lugar.
En el año 1003 tenemos el gobierno efectivo en Al-Ándalus: ‘Abd al-Malik al-Muẓaffar, hijo de Almanzor. Estamos en un periodo de violencia fronteriza intensa, con aceifas andalusíes, contraataques cristianos, choques locales no siempre recogidos por las crónicas.
Albesa se sitúa en una zona estratégica, entre el valle del Segre, los condados de Urgell y Barcelona, las rutas militares entre fortalezas fronterizas.
El problema historiográfico
Cabe preguntarse ¿Qué fue exactamente Albesa? Y ante la cuestión la historiografía nos advierte con tres hipótesis principales: Un enfrentamiento local durante la aceifa de 1003, el mismo combate que Torá, con distinto nombre según la tradición; o dos enfrentamientos distintos, ocurridos en un mismo contexto militar. Investigadores como Josep Suñé consideran plausible una relación entre Albesa y Torá, debido a coincidencia cronológica, su proximidad geográfica, el carácter defensivo de ambos relatos. Sin embargo, la identificación no es concluyente.
La muerte del obispo Berenguer
La mención de la muerte de Berenguer de Elna es clave porque confirma la realidad del enfrentamiento, muestra la implicación directa del clero en la guerra y también refuerza el carácter traumático del episodio para la memoria cristiana.
El obispo Berenguer de Elna fue un prelado activo a finales del siglo X y comienzos del XI, cuya relevancia histórica se debe principalmente a su muerte en combate en 1003, durante el enfrentamiento fronterizo tradicionalmente identificado con la batalla de Albesa. La diócesis de Elna ocupaba una posición estratégica, cercana a la frontera y vinculada a los poderes condales, lo que explica la implicación directa del obispo en asuntos militares, además de su obligación en defender la fe cristiana, que en el medievo se defendía con armas y los clérigos lo hacían, pues enfrentar al infiel era como enfrentar al mismo demonio, en una concepción maniqueísta de “si no estás conmigo, estás contra mí”, situémonos en la época y lo veremos, como ellos, normal.
La noticia de su muerte procede de los Anales de Ripoll, fuente analítica breve y sobria, que registra en combate, en Albesa, año 1003, la muerte del obispo Berenguer. La muerte de Berenguer permite varias lecturas, entre las que se encuentran ver al obispo como actor político-militar. En la frontera, los obispos no eran solo autoridades espirituales sino que estaban obligados a actuar como líderes políticos, organizadores de la defensa y/o acompañantes de las huestes condales. Se refleja aquí la normalización de la violencia armada en la defensa del territorio cristiano; y, anticipa rasgos que más tarde se asociarán a la ideología de la guerra santa, aunque sin el marco doctrinal pleno de las cruzadas.
Viendo este hecho en relación con Torá y Albesa, la muerte de Berenguer confirmaría la realidad de los combates de 1003, a la vez que refuerza la idea de un escenario bélico complejo, con varios enfrentamientos en un corto espacio de tiempo; y sirve como contrapunto histórico al relato hagiográfico de Torá. Albesa representa la tradición analística, factual; y Torá, la tradición hagiográfica, milagrosa.
Para la historiografía actual, Berenguer de Elna es importante porque aporta un punto de anclaje documental sólido, permite contrastar fuentes de distinto género, a la vez que ejemplifica el papel del clero en la violencia fronteriza medieval.
La muerte del obispo Berenguer de Elna en 1003, registrada en los Anales de Ripoll, constituye una evidencia fundamental de la implicación directa del episcopado en los conflictos armados de la frontera catalano-andalusí y confirma la historicidad de los enfrentamientos de ese año.
No se ofrecen detalles narrativos ni interpretaciones milagrosas, lo que refuerza el alto valor histórico del dato. Es uno de los casos mejor documentados de un obispo catalán muerto en un enfrentamiento armado en este periodo.
A diferencia de Torá, Albesa no se reviste de milagros, lo que sugiere una tradición distinta de transmisión. Mientras que la fuente hagiográfica de Miracula Sancti Benedicti es un relato milagroso que habla de una victoria cristiana exagerada y promueve una memoria sacralizada, la fuente analística de los Anales de Ripoll constituye un relato sobrio, con resultado incierto y promueve una memoria factual, más realista, más alejada de narraciones más novelescas. Reflejan dos formas distintas de recordar la guerra.
La batalla de Albesa confirma la existencia de combates reales en 1003, a la vez que muestra los límites de nuestras fuentes, siendo un caso ejemplar para enseñar donde se aprecia crítica de fuentes, contraste entre tradiciones cristianas y musulmanas, construcción de la memoria colectiva medieval.
La batalla de Albesa, documentada en los Anales de Ripoll en 1003, constituye un episodio fronterizo de difícil reconstrucción, cuyo interés historiográfico reside en la confrontación entre fuentes cristianas y musulmanas y en su posible relación con otros combates del mismo contexto, como el de Torá.
Conclusión de la revisión historiográfica
En definitiva, la revisión historiográfica de la Batalla de Torá no solo permite recuperar un episodio concreto de la conflictividad fronteriza, sino que constituye un ejemplo paradigmático de cómo la memoria histórica medieval se construyó mediante la combinación de experiencia bélica, propaganda política y discurso religioso. La labor del historiador consiste, precisamente, en reconstruir ese proceso y devolver al acontecimiento su complejidad original.