POR JOSE LUIS ARAGON PANES, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ)
En 1648, una de las epidemias más mortíferas de peste bubónica, azotó mortalmente a España en la zona de Levante y Andalucía. Sobre todo a la ciudad de Sevilla, en la que falleció la mitad de su población. El contagio se corrió hacia la provincia de Cádiz y afectó seriamente a Sanlúcar de Barrameda y Puerto Real. Después a Cádiz ciudad. La Municipalidad chiclanera, teniendo conocimiento del peligro que suponía para los habitantes de la villa un posible contagio acordó, en la sesión de cabildo del 24 de enero de 1649, tal día como hoy:
«Que por las nuevas que cada día se tiene de la enfermedad de contagio que padece la ciudad de Cádiz y que se dice es peste declarada por lo que conviene que se guarde esta villa con todo cuidado por estar como esta tan cerca de Cádiz, Chiclana, se ponga una guarda en la barca de Sancti Petri, para que no permita que vecino de esta villa pase la dicha barca y que de todo lo que allí llegare, para que la Justicia de esta villa lo remedie por ser tan importante para la salud y conservación de los alimentos de esta villa, para ello se nombró a don Gil Castellano».
Asimismo, se acordó que en el muelle de Bartivás y en otras partes públicas de la villa se pregonase que, no se admitirían «ropas, lienzos u otras mercancías y pasajeros que procediesen de los lugares infestados». El control fue insuficiente, y una parte de la población de Chiclana se contagió, aunque la villa no se llegó a sufrir un importante índice de morbi-mortalidad tan acusado como los pueblos y villas más cercanos. Hasta pasados dos años, la villa no quedó limpia de peste.
