POR JOSE LUIS ARAGON PANES, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ)
El pasado año se han cumplido 150 años del nacimiento en nuestra ciudad, del presbítero chiclanero Fernando Salado Olmedo (1875-1957), conocido popularmente por «El Padre Salado». Un hombre religioso, de firmes convicciones sociales, protector de los humildes, decisivo en cuantas causas justas emprendía.
Hoy jueves a las seis y media de la tarde, en el CI del Vino y Sal, dentro de los actos de homenaje a su figura –el que suscribe– impartirá una conferencia que llevará el mismo título que este artículo. Tres ideas felizmente hechas realidad. Dos van unidas íntimamente. La primera: homenajear a los caídos en la Batalla de Chiclana exaltando, en una conmemoración retórica a los ejércitos español y aliados, al conocer que no se había realizado ningún tributo en el primer centenario de la batalla. La segunda, un reconocimiento en su ciudad natal, al magistral de la catedral de Cádiz, Antonio Cabrera y Corro (1762-1827).
Nadie mejor que él conocía en Chiclana su biografía, y pocos homenajes se habían hecho a su figura, a excepción de rotular una calle con su nombre en 1863. Por tanto, y bajo estas premisas, pensó en la figura de su insigne y sabio paisano. Cabrera fue el más distinguido de cuantos chiclaneros participaron en Cádiz durante la Guerra de la Independencia. Y, no solo en el asedio y bloqueo de Cádiz por los franceses sino antes, a principios de 1808, cuando intervino en el rescate del cuerpo sin vida del general Solano, gobernador militar de la provincia.
A principios de 1914, el Padre Salado, promovió la primera iniciativa cultural formando una Comisión ciudadana «Pro-monumento al magistral Cabrera» presidida por él mismo y compuesta por reconocidas personas ilustradas de la ciudad. Así, en la sesión ordinaria de cabildo del 24 de enero de 1914 –en su punto séptimo– en nombre de dicha comisión, presentaba una petición razonada al ayuntamiento solicitando a la Corporación Municipal, se dignase encabezar una suscripción para recoger fondos y erigir una estatua al magistral Cabrera.
A ello se añadía una segunda iniciativa: la colocación de una lápida conmemorativa de la batalla de Chiclana, en un paseo en la banda derecha del río en la calle Carmen Picazo, cercano al lugar en el que se iba a colocar el monumento –plaza Castelar– denominándose «Paseo 5 de Marzo de 1811». Pero la calle estaba en obras y la Corporación Municipal, que se unía a todas las propuestas de la comisión, decidió colocarla en la calle de La Vega. También para el día de los actos se conmemoraba, litúrgicamente, el primer centenario de la Iglesia Mayor de san Juan Bautista.
El ayuntamiento, para mayor realce de los actos patrióticos, escribió al teniente coronel del Batallón de Cazadores de Chiclana solicitando la presencia del batallón, y este trasladó la petición al comandante general de Melilla. Sin embargo, se recibió contestación negativa, pues el batallón participaba entonces en la guerra del Rif. No obstante, enviaron para hacer los honores al Regimiento de Pavía, destacado en Cádiz.
Todo estaba preparado para el miércoles 24 de junio, el gran día. Los chiclaneros lo esperaban con expectación. Y nada impidió que fuese una gran fiesta.
El éxito de la jornada fue muy comentado en toda la población, que se sintió identificada con las conmemoraciones. La foto que presentamos muestra con detalle la muchedumbre que asistió a la inauguración del monumento a Cabrera, aquel 24 de junio de 1914. La prensa provincial, en concreto Diario de Cádiz y su corresponsal, dedicó una amplísima crónica en primera página. Finalmente, en el mes de julio el gobierno de Eduardo Dato, en nombre del rey Alfonso XIII concedía, a solicitud del ayuntamiento chiclanero, una medalla para la conmemoración de la Batalla de Chiclana, del mismo modo que fue concedida a otras ciudades y poblaciones que sufrieron los embates y sacrificios de la guerra: Zaragoza, Gerona, Cádiz. Así concluía el centenario y «pico» que no se había celebrado. El éxito había coronado la obra.
Pero aún le quedaba por hacer al Padre Salado: planificar, desarrollar y realizar otras iniciativas de carácter social encaminadas para la mejora de la clase obrera; pues tomando como suya la máxima inscrita en el pedestal del monumento al magistral Cabrera: «La ciencia y el trabajo honran a los pueblos», ese mismo año en noviembre, el 16 de noviembre de 1914, se aprobaban los estatutos de un sindicato católico del que fue impulsor y presidente: el Sindicato de Viticultores de Chiclana. Y más tarde, 1918, una de sus grandes obras: la fundación de la Escuela Padre Salado, la llamada popularmente «Escuela del Pan para pan».
La tercera iniciativa cultural se fraguó en 1934. El periodista y cronista oficial de Madrid, Pedro de Répide Gallegos, teniendo conocimiento de una «Comisión monumento a García Gutiérrez», para encargar un busto del poeta al escultor Pedro Frías Alejandro y exponerlo en una plaza de Madrid, escribió en el periódico «La Libertad» un artículo sobre el autor de «El trovador» y la iniciativa del padre Salado. Sin embargo, el ayuntamiento madrileño no encontró una plaza adecuada para instalar el busto de nuestro poeta. Llegaría a Chiclana y se puso el primer pedestal en la plaza de Antonio Pizano. Actualmente se encuentra en la plaza de Patiño, muy cerca de la casa donde vio la luz por primera vez, el vate chiclanero.
Todo esto y más, hoy a las seis y media de la tarde. Aunque llueva, os esperamos.
