GENARO FRANCO GALÁN.
POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ).
Hubo un tiempo que aquella plaza tuvo un nombre cercano, íntimo y familiar: ¡Doña Juana! Luego otros. Cuando llegó la dictadura tiñeron su nombre de azul oscuro, color de Falange Española. Después los aires democráticos, progresistas y liberales le trajeron un nuevo nombre, un nombre hermoso: “Plaza de la Constitución”. ¿La Pepa? ¡No! ¡La Nicolasa!, la de ahora, la que ha cumplido cuarenta y siete años, la que regula y ordena para cumplir y hacer cumplir, derechos, deberes y obligaciones.
Doña Juana, la Falange, la Nicolasa, la Constitución y “La Consolación”, que así bautizó Genaro Franco Galán, aquel hombre alto, apuesto, elegante y de trato agradable, el negocio de su comercio. Allí, durante años, Genaro y sus dependientes ejercieron el oficio de comerciar y vender tejidos, confecciones y mantas, asegurando a la clientela un extenso surtido. Genaro tuvo una máxima, una técnica de venta que repetía en su marketing comercial: “Esta casa cada año se supera con surtidos y precios”. Fueron años difíciles y complicados que Genaro supo sortear con imaginación. Cuando aún no se habían inventado las tarjetas de crédito buscó como recurso para apoyar sus ventas, antes de perder una operación, la financiación al cliente a través de una firma aseguradora de prestigio: “El Ocaso”. Después, Genaro, abrió en la calle Cánovas “El Barato”.
“La Consolación” Nombre femenino para un negocio, porque la mujer en aquellos años miraba y apuntaba buscando y revindicando igualdad y conquistas sociales. En aquella época ya hubo otros negocios con nombres femeninos: La Marquesina, La Alicantina, La Parra del Piquete, La Valenciana, La Bejarana, La Industrial Enológica, La Portuguesa y La Carmela. ¡Ah!, y las “chicas del Pimentón”, donde tantas y tantas hicieron por medio de los jornales acopio con sus ahorros para llevar un ajuar digno, porque a muchas ya les había salido un novio serio y formal.
