POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).
La tradición, las deducciones y algunos relatos que se conservan de pasados siglos sitúan la fundación del Monasterio de San Pedro de Villanueva (Cangas de Onís) el día 21 de febrero del año 746, y dan por hecho que el rey Alfonso I el Católico (hijo del duque Pedro de Cantabria) y su esposa Ermesinda (hija de los reyes Don Pelayo y Gaudiosa) fueron los fundadores del mismo.
Bien es cierto que los documentos que se conservan y los restos arqueológicos del monasterio no son anteriores al siglo XII, y el primer abad del que se tiene noticia documentada es Fray Rodrigo, en el año 1215.
En esta ocasión voy a detenerme en la relación entre los monjes del Monasterio Benedictino de San Pedro y la Parroquia de Santa María de Villanueva, independientes durante siglos.
La parroquia estuvo desde tiempo inmemorial bajo la advocación de Santa María, regida por un cura secular, cuya sencilla iglesia estaba adosada al monasterio.
En el primer libro de fábrica que se conserva (1642-1681) se especifica que si un feligrés de la parroquia deseaba enterrarse en el convento, el cura iría a buscar el cuerpo a casa del difunto y se le pagase por ello, pero al llegar a la puerta del monasterio entregaría el cuerpo a los monjes y celebraría la misa y asistiría con ellos al entierro, abonándole «cinco reales y un desayuno (o dos) y de comer».
A continuación debía indicar a los herederos del difunto las misas que se celebrarían en la parroquia según las hubiese dejado en su testamento, junto con otras ofertas. El estipendio de la misa del entierro se partía con los monjes, y los responsos, oficios, cabo de año, etc. podrían celebrarse en la parroquia o en el convento.
Lo mismo se dictaba para las oraciones fúnebres de lamentación. No olvidemos que en esos siglos también se conocía como lamentación el duelo ruidoso, bastante teatral, muy ostentoso, que se llevaba a cabo por plañideras -a veces profesionales- durante los velatorios y funerales; un acto que se contrataba previamente a las exequias fúnebres, el cual incluía llantos y lamentos emitidos por dichas plañideras que -vestidas de rigurosísimo luto- lloraban y gritaban ante el difunto.
De hecho, cuanto más pudiente era la familia a más plañideras contrataba para esa antiquísima demostración que también incluía cantos fúnebres. Una práctica que la Iglesia católica acabó prohibiendo por considerarla una costumbre pagana. De hecho, ya en el Antiguo Egipto existían este tipo de mujeres y así se demuestra en las tumbas donde aparecen pintadas y esculpidas.
Los parroquianos de Villanueva tenían sus sepulcros en el claustro del monasterio y el cura tenía obligación de cantar la epístola en todas las misas conventuales y asistir a las procesiones que se celebraban en él.
Fue el papa Clemente X quien firmó la bula mediante la cual la parroquia de Santa María de Villanueva se incorporaría al Monasterio de San Pedro, exactamente el día 8 de julio de 1672.
Los monjes se hicieron cargo de la parroquia en 1679 y reservaron un (altar específico para la imagen) de la patrona, como aparece en el primer libro de fábrica antes citado. Celebraban la fiesta de la patrona el 15 de agosto y -con el tiempo- pasó a festejarse el primer domingo de octubre, con procesión hasta la cruz situada en el centro del pueblo.
De hecho, la cofradía de Nuestra Señora del Rosario en Villanueva fue fundada en el año 1660 (exactamente un siglo antes que en Arriondas, donde se fundó en 1760 y se celebraron fiestas locales bajo la misma advocación durante los ciento treinta años siguientes). También fue muy celebrada en Villanueva la Virgen del Socorro desde 1794 hasta bien entrado el siglo XX.
Cuando la parroquia pasó a manos del monasterio, el monje que hacía las funciones de cura debía ser examinado previamente por el obispo y sus sinodales; su dedicación como párroco de Santa María de Villanueva era incompatible con la de abad del Monasterio de San Pedro.
Tras esta unión de parroquia y monasterio los monjes trasladaron la pila bautismal y el Santísimo a la iglesia conventual, demolieron el humilde templo parroquial (que en 1684 aún existía) y la iglesia del monasterio quedó -hasta hoy- para todos los usos y servicios de los vecinos.
La última mención a la parroquia de Santa María Villanueva está registrada en el año 1777 cuando Fray Bartolomé González Llanos -encargado del curato- comenzó a utilizar únicamente la denominada parroquia de San Pedro de Villanueva.
