POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ).
Constituye un elemento central para comprender la dinámica actual del conflicto entre Israel y Hezbollah.
Su relevancia no radica únicamente en su valor geográfico, sino en la acumulación histórica de factores políticos, demográficos y militares que, a lo largo de más de cinco décadas, han configurado un escenario de alta inestabilidad en el sur del Líbano.
Desde una perspectiva territorial, ha sido, desde mediados del siglo XX, un espacio estratégico pues la región está delimitada por:
– el Litani al norte,
-la frontera israelí al sur,
-el mar Mediterráneo al oeste y
-la cordillera del Líbano al este
Inicialmente, se trataba de una zona escasamente poblada, habitada principalmente por comunidades cristianas maronitas y drusas. Sin embargo, esta configuración cambió de manera significativa a partir de la década de 1970 como consecuencia de transformaciones regionales más amplias.
Un punto de inflexión clave fue el conflicto conocido como Septiembre Negro en Jordania (1970-1971), que culminó con la expulsión de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y de un elevado número de refugiados palestinos.
Este desplazamiento masivo tuvo como destino, en gran medida, el sur del Líbano, alterando profundamente su equilibrio demográfico. La instalación de la OLP en esta zona no solo incrementó la densidad poblacional, sino que también introdujo una dimensión militar, al convertirse el territorio en una base de operaciones para ataques contra Israel.
Este proceso contribuyó a la creciente fragilidad del Estado libanés, ya tensionado por divisiones internas.
La guerra civil libanesa (1975-1990) evidenció la incapacidad del gobierno central para ejercer control efectivo sobre su territorio, lo que facilitó la consolidación de actores armados no estatales.
En este contexto, la intervención israelí de 1978 (Operación Litani) y posteriormente la de 1982 buscaron neutralizar la amenaza representada por la OLP, aunque con resultados limitados en términos de estabilidad duradera.
Tras la salida de la OLP, emergió Hezbollah como nuevo actor dominante en el sur del Líbano. Este grupo, de orientación chiita y con respaldo iraní, ocupó el vacío de poder existente y desarrolló una estructura político-militar consolidada. A diferencia de la OLP, Hezbollah no solo mantuvo la confrontación con Israel, sino que también se integró en la vida política libanesa, ampliando su influencia interna.
La persistencia del conflicto quedó reflejada en episodios como la guerra de 2006 entre Israel y Hezbollah, que volvió a situar al río Litani como referencia estratégica, especialmente en relación con la idea de establecer una zona desmilitarizada al norte de la frontera israelí.
Las resoluciones internacionales, como la 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, han tenido una eficacia limitada en la contención del rearme y reposicionamiento de Hezbollah.
En paralelo, factores regionales han reforzado la complejidad del escenario. La creciente influencia de Irán, particularmente tras la guerra civil siria iniciada en 2011, ha consolidado una red de alianzas que incluye a Hezbollah como pieza clave en su proyección estratégica.
Este entramado ha contribuido a redefinir el equilibrio de poder en el Líbano, debilitando a otros grupos confesionales y reduciendo la capacidad del Estado para actuar de manera autónoma.
Asimismo, los cambios demográficos han tenido implicaciones políticas significativas. La evolución en la composición religiosa de la población libanesa ha modificado las relaciones de poder internas, favoreciendo a sectores alineados con actores externos y profundizando las divisiones históricas entre comunidades.
En síntesis, la cuestión del Litani no puede entenderse como un problema aislado ni exclusivamente territorial. Se trata de un nodo donde convergen disputas históricas, transformaciones demográficas, intervenciones externas y la acción de actores armados no estatales. Este entramado explica en gran medida la persistencia y la intensidad del conflicto entre Israel y Hezbollah en la actualidad, así como las dificultades para alcanzar una solución estable en la región.