POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ).
Un grupo de científicos de la Universidad Pablo de Olavide, encabezado por el profesor Miguel Rodríguez Rodríguez, ha dado a conocer en la revista Hydrogeology Journal una investigación que evidencia un cambio significativo en el comportamiento hídrico de la laguna de Santa Olalla, situada en Doñana.
Tradicionalmente considerada la última laguna peridunar permanente del espacio natural, este enclave ha pasado a comportarse como un sistema estacional tras experimentar episodios de desecación total durante tres años seguidos.
Una laguna peridunar permanente en espacio natural es un tipo específico de humedal con tres características clave: Laguna, por ser una masa de agua poco profunda, generalmente sin conexión directa con el mar. Peridunar, por estar situada en un entorno de dunas, normalmente cerca de sistemas dunares costeros formados por arena. Permanente, pues mantiene agua durante todo el año en condiciones naturales, sin secarse estacionalmente. Es una laguna ubicada entre o junto a dunas que, tradicionalmente, conserva agua de forma continua dentro de un espacio protegido. En el caso de Doñana, esto la convertía en un enclave muy valioso, ya que servía como refugio estable para la fauna acuática incluso en épocas secas.
El estudio, desarrollado junto a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, se basa en una década de registros hidrológicos diarios (2015–2025) y presenta el primer modelo numérico diseñado específicamente para simular la evolución del nivel del agua en esta laguna. Los resultados reflejan una disminución clara del hidroperiodo —el tiempo en que la laguna permanece con agua—, vinculada tanto a la reducción de las lluvias como al incremento de las temperaturas.
La colaboración con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) fue clave para que el estudio tuviera una base técnica sólida y datos fiables a largo plazo. Este tipo de cooperación suele concretarse en varios aspectos importantes:
1. Acceso a datos hidrológicos de alta calidad. La CHG gestiona la cuenca del Guadalquivir y dispone de redes de seguimiento (precipitación, niveles de agua, acuíferos, etc.). Gracias a ello, el equipo investigador pudo trabajar con registros diarios continuos durante diez años (2015–2025), algo fundamental para detectar tendencias reales y no solo variaciones puntuales.
2. Información sobre el acuífero. Santa Olalla depende en gran medida de las aguas subterráneas. La Confederación aporta datos piezométricos (niveles del acuífero), extracciones y dinámica del sistema, lo que permite entender cómo influyen los bombeos y la recarga natural en la laguna.
3. Validación del modelo hidrogeológico. El modelo numérico desarrollado por los investigadores necesita contrastarse con datos reales. La CHG facilita ese contraste, ayudando a verificar que las simulaciones reproducen correctamente el comportamiento observado del sistema.
4. Conocimiento de la gestión del agua. Al ser el organismo responsable de la planificación hidrológica, la CHG aporta contexto sobre usos del agua (agricultura, abastecimiento, etc.), normativas y medidas en marcha, lo que permite interpretar los resultados en un marco de gestión real.
5. Aplicación práctica de los resultados. La colaboración no es solo académica: los resultados pueden servir directamente para la toma de decisiones. Por ejemplo, ajustar controles de extracción, mejorar la monitorización o diseñar medidas de conservación más eficaces en Doñana.
En resumen, la participación de la Confederación permitió combinar investigación científica con datos oficiales y necesidades de gestión, aumentando tanto la fiabilidad del estudio como su utilidad para la protección del ecosistema.
De acuerdo con los datos analizados, Santa Olalla se secó completamente en 2022, 2023 y 2024, algo inédito en los registros recientes. Durante esos años, permaneció sin agua 109, 76 y 13 días respectivamente. Esta repetición de episodios lleva a los investigadores a concluir que el sistema ya no puede considerarse permanente.
A partir del modelo validado, el equipo ha proyectado la evolución futura de la laguna entre 2030 y 2060 bajo dos escenarios climáticos del IPCC (RCP 4.5 y RCP 8.5). En ambos casos se prevé un aumento sostenido de la temperatura media anual y un debilitamiento progresivo del sistema lagunar. En el escenario más moderado (RCP 4.5), la temperatura subiría 1,2 ºC, mientras que en el más extremo (RCP 8.5) el incremento alcanzaría los 3,29 ºC.
Las simulaciones indican que, entre 2039 y 2051, la laguna podría permanecer seca alrededor del 10% del tiempo. Aunque podrían darse episodios puntuales de lluvias intensas, estos no compensarían el aumento de la evapotranspiración ni la pérdida de capacidad de recuperación del sistema.
Además del factor climático, el estudio señala transformaciones físicas en la laguna y su entorno que incrementan su vulnerabilidad por la reducción de la superficie inundada, acumulación de sedimentos y avance de la vegetación hacia zonas antes cubiertas por agua. Estos cambios alteran la forma de la cubeta y favorecen una desecación más rápida.
Dada su importancia como refugio para la biodiversidad —especialmente para especies dependientes del agua como los anfibios—, los autores advierten que la laguna se encuentra en una situación crítica. Consideran que las medidas actuales no son suficientes y proponen actuaciones más ambiciosas y sostenidas, como la conservación de los niveles de agua subterránea, un control riguroso de las extracciones y el mantenimiento de sistemas de seguimiento piezométrico para detectar posibles descensos en el acuífero.
