¡AY… QUE SOFOCO!
Jul 26 2026

POR TITO ORTIZ LÓPEZ, CRONISTA OFICIAL DE GRANADA.

Espumosos-El-Tamesis

 Según un reciente estudio de la universidad autónoma del Albayzín, se confirma sin ningún género de dudas que, la madre naturaleza ha decidido acabar con la mayor parte de los pensionistas, a base de olas de calor extremo, con el consiguiente beneficio para las arcas del Estado, para Emucesa -que no da abasto- y demás funerarias de reconocido prestigio.

El asunto es tan grave, que los muertos por las continuas olas de calor suben como la espuma, ante la pasividad de unos países contaminantes que no paran de reunirse para, aprobar acuerdos que disminuyan los gases que nos están matando, pero que, una vez concluida la reunión, cada uno vuelve a su tierra sin que nadie mueva un dedo para solucionarlos y, mucho menos, llevar a cabo los acuerdos a los que se han comprometido.

Mención aparte merecen nuestros continuos incendios, cada vez más intensos y virulentos con pérdidas de vidas humanas, y que, para colmo de males, en buen número están ocasionados por la mano del hombre. Los que queman rastrojo como si estuvieran encendiendo la chimenea de su casa. Los que utilizan la radial o la cosechadora echando chispas con un pasto listo para arder. Y los enajenados-o no- que prenden fuego a los campos para disfrutar viendo cómo se movilizan los bomberos. Para éstos últimos ya no tenemos hospitales psiquiátricos y, para los otros, las penas de prisión se me antojan insuficientes. Quemar los bosques en España sale muy barato.

Ante semejante panorama, resulta insultante la pasividad de las distintas administraciones que, no invierten lo suficiente para llevar a cabo durante el invierno, las tareas de limpieza y desbroce de nuestros montes, con el fin de aminorar la voracidad de nuestros incendios durante el verano. De siempre se ha dicho que, cuando mejor se apagan los fuegos es en invierno.

INCIVISMO

Gran parte de los incendios se producen por nuestro incivismo, el mismo que llega a los núcleos urbanos disfrazado de modernidad y falta de educación porque no hay que olvidar que, todavía hay gente que no utiliza las papeleras, sembrando nuestras aceras de cacas de perro, chicles, colillas y toda clase de bolsa y envases, denotando un comportamiento social, falto de empatía y solidaridad. Hay gente que tira la basura a deshoras, para que se recaliente en los contenedores pestilentes

Y, los hay que, tiran la basura en las papeleras más cercanas a su domicilio, para no tener que llegar al contendor, en un alarde de falta de educación que raya en la grosería y el insulto para con los conciudadanos. Como esos que suben al autobús o el metro con la mochila a la espalda -algo que debería estar prohibido por ley- y te golpean la cara o, la espalda sin pedir disculpas siquiera. ¿Cómo no se les obliga a llevarla en la mano durante el trayecto?

Mención aparte merecen los señores y señoras de los patinetes eléctricos que, han convertido nuestras calles en la ley de la selva, circulando a mayor velocidad que cualquier ciclomotor, en silencio, por dirección prohibida, sorprendiéndote por la espalda, cuando no atropellándote, con un peligro muy superior a las bicicletas por la acera porque, a estos ni se les oye, ni llevan timbre. Por eso he recibido con alivio, el hecho de que la policía municipal esté tomando cartas en el asunto, porque el tema se nos ha ido de las manos, hasta tal punto que, no es ninguna tontería realizarles a estos infractores el tes de alcohol y drogas, a ellos a los ciclistas y a los caballistas en romería. Esta sociedad no puede seguir siendo víctima de tanto desaprensivo que campa a sus anchas, sin pensar que aquí tenemos que convivir todos.

VAYA NOCHECITA

Tal vez se note demasiado en esta crónica que, esta noche no he pegado ojo con el calor y que, al sentarme en el ordenador, se me han venido a la mente varios de los comportamientos que nuestros semejantes llevan a cabo, importándoles un pito que no viven solos, sino que, aquí debemos vivir todos sin sobresaltos y teniendo en cuenta que la libertad de cada uno, termina donde empieza la del vecino.

Recuerdo con nostalgia en la casa de vecinos donde me crie, cuando las tertulias de las noches de verano se daban por concluidas, porque alguno de los no presentes madrugaba para trabajar. Como se bajaba el volumen de la radio durante la hora de la siesta y. sobre todo, como refrescaba por las noches en Granada, por mucho calor que hubiera hecho durante el día. Pues hasta eso estamos perdiendo, padeciendo algo que los meteorólogos llaman modernamente, noche tropical.

Nosotros en noches tórridas de calor, bajábamos del Albayzín a La Alhambra para sentarnos en el bosque del Paseo de los Coches, hasta que la madrugada nos permitía regresar a casa bien refrescados, no sin antes haber pasado por la heladería “La Perla” de Plaza Nueva y degustar la mejor horchata de chufa de los contornos.

Para descansar sacábamos los colchones a los balcones o las terrazas, y si no, al pasillo con la puerta abierta para que hiciera corriente, porque entonces, se podían tener las puertas de par en par sin nada que temer y si “la calor” apretaba, nos íbamos a la Carrera de La Virgen, a tomarnos un espumoso de “El Támesis” con aquel jarabe de zarzaparrilla, precursor de la Coca Cola, con su soda fresquita como la nieve.

Granada jamás debió permitir que aquel legendario establecimiento cerrara sus puertas, ni que el kiosco de la Placeta de los Aljibes dejara de ofrecer a sus clientes, agua, azucarillos y aguardiente, lo mismo que desparecieron los vendedores de los barquillos de canela. Eso es pérdida de identidad, que sucumbe a la globalización y… a las calores, claro.

FUENTE: T.O.

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