TIPICAMENTE ASTURIANOS
Jul 29 2026

POR MIGUEL ÁNGEL FUENTE CALLEJA, CRONISTA OFICIAL DE NOREÑA (ASTURIAS)

A este no hay que acompañarle con productos porcinos, pues los lleva en sus entrañas. Dentro de la masa meten los chorizos que ocupan la miga y le suministran un perfume y un sabor altamente deleitoso.

“Es un regalo elegante un bollo preñado, es decir, un pan excelente y sus chorizos magníficos, lo considero un obsequio, tal vez bucólico, pero muy loable”, Luis Antonio de Vega 

EL BOLLU PREÑAU

En todas las fiestas y romerías de la zona central asturiana y  como final de las mismas en homenaje a los socios que son quienes mantienen las cofradias y las sociedades culturales, recreativas o de festejos se les entrega un bollu preñau que se suele comer en el propio prau de la fiesta. Es lo más típico  y tradicional de estas celebraciones y motivo de encuentro de hermandad entre amigos y familiares, por lo que tiene gran protagonismo dentro de cualquier programación festiva y muy especialmente en el Día del Bollu en la Fiesta de La Balesquida el Martes de Campo en Oviedo   o en la Fiesta de Les Comadres en la Pola de Siero.

Dicen que el bollu preñau fue inventado por alguna señorita que pretendió y logró comer chorizo –a mano, como se suele decir- sin mancharse los dedos, pero no logrando evitar mancharse los labios como relató el poeta León Delestal:    … pintau el fociquín con chorizu de Noreña Quizás tambien  haya contribuido a su sencilla popularidad, el ver algún cursi comiéndolo con cuchillo y tenedor de alpaca, servilleta y mantel de hilo, despreciando la navaja de Taramundi para trocearlo y así facilitar el compartirlo con el resto de los acompañantes bajo el toldo gris de alguna barraca de feria. Al igual que sucede con la sidra, el bollu preñau no es para tomarlo en solitario, y a no ser por alguna obligación ineludible, debe ser siempre compartido y si la compañía  es buena, pues está asegurado el cincuenta por ciento de su éxito.

A la masa que lo compone, algunos panaderos añaden manteca, lo cual hace que cuando salen crujientes y dorados del horno, desprenden un olor inconfundible. Huelen que alimentan se suele decir, gracias a la mezcla del pan con la grasa natural del chorizo, que lógicamente y como primera medida a tomar, deberá ser de plena confianza, tendrá que haber sufrido poca curación al humo de roble para que disponga y desprenda la grasa que tiñe el pan. El conjunto invita a romper con todas las normas dietéticas y con las que no lo son.

Algunas variedades ofrecen una fina loncha de tocino acompañando al chorizo, otros prefieren la masa de hojaldre y el resultado –en ambos casos-  a poco que se cuide la mezcla y la cocción, es una auténtica exquisitez.

El escritor Luís Antonio de Vega, en su libro Guía Gastronomica de España (Madrid 1967) cita el “Bollo Preñao” y dice que no hay que acompañarle con productos porcinos, pues los lleva en sus entrañas. También asegura de Vega que “es un regalo elegante un bollo preñado, es decir, un pan excelente y sus chorizos magníficos, lo considero un obsequio, tal vez bucólico, pero muy loable”.

También hizo una buena referencia del este manjar el escritor catalán Ignasi Riera recordando su etapa de profesor en la Universidad Laboral de Gijón en el curso 1963-64. Lo comentó en el programa radiofónico “No es un día cualquiera” de Pepa Fernández: “Al terminar cada trimestre, teníamos que acompañar, o acercar a los alumnos a sus domicilios. Pasábamos por muchos lugares de la península Ibérica. No se cómo, pero un  día me detuve en Noreña. Y allí probé por primera vez un bollo preñado. Creo recordar que lo adornaban con el chorizo dentro y que el unte choricero se me desparramaba por todo el cuerpo. Cuando volví a la Laboral, y en una pausa de una reunión de claustro de profesores, se lo conté a mis colegas. Mi entusiasmo debía ser tal que terminé diciendo: no me busquéis otro paraíso terrenal, porque no sé donde viven los seres divinos aunque si, desde ahora, los consumidores de bollos preñaos…si algún día  estando en la Laboral tengo un accidente…enterradme en Noreña y que el epitafio diga: vivió como un cerdo y aspira a chorizo entre chorizos, en el más allá.

Cincuenta años más tarde,  sorprendí a Ignasi con media docena de bollos preñaos en su domicilio madrileño, lo cual sirvió para disfrutar un pequeño  banquete con algunos amigos, vecinos, portera, etc. según me confesó agradecido días después.

En las romerías asturianas,  el saludo a la hora de la merienda se sucede siempre el mismo comentario que escuchamos en la romería de la Virgen de la Cabeza en Meres: Hola fulanito  ¿Cómo están los bollos? ¿Tan pa comer?

¡Cojonudos! Contesta el que lo está devorando mientras le arroya un hilo de grasa por la comisura de los labios, demostrando pocas ganas de charlar hasta que no finalice con el último bocado. Tras un trago de vino y unos movimientos de servilleta, todo queda en su sitio excepto el hambre. ¡Hay que ver lo bueno que estaba! ¿De donde serán? Pregunta el fartucu a los vecinos de mesa.

Tan fechos en la panadería de Muñiz de Colloto y el chorizu de Noreña, le responde Velino, presidente de la comisión de fiestas.  ¡Ah, claro! Ya me parecía a mí… ¡Buen provecho!

FUENTE: M.A.F.C.

 

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