POR TITO ORTIZ, CRONISTA OFICIAL DE GRANADA.

De las cosas que el toreo ha ido dejando en la cuneta -afortunadamente- una de ellas es, esa figura abnegada y romántica del maletilla andando por la carretera, con el hatillo al hombro, en busca de una tapia ganadera para demostrar su valía en un tentadero, o esa otra del torero pernoctando día y noche a las puertas de una plaza, tapándose con el capote en las noches de relente, implorando con un cartel de cartón escrito a mano con tiza, la oportunidad de ser incluido por la empresa en los próximos carteles.
Recuerdo como “El Queque” torero granadino que se hacía llamar en los carteles, “El Niño de Las Monjas” remedando aquella película del mismo título en la que, un bebé abandonado a las puertas de un convento termina por ser figura del toreo, se recorría las ganaderías de Andalucía yendo a pie por los caminos y sembrados. Un día preparando una de sus escapadas, le pidió a mi tío Ñoño que lo acompañara en la caminata y para comprobar hasta donde podían llegar andando, le pidió que le enseñara las botas camperas. “El Queque” les echó un vistazo y a continuación sentenció: hay que ponerles grasa de cerdo y con esos tacones, podemos llegar hasta Córdoba, allí habrá que reponerlos y echarles medias suelas”.
Llevaba el aspirante a torero en el bolsillo, un papel de estraza en el que, apuntadas a lápiz, estaban todas las ventas de carretera en las que había que parar. En unas se comía a cambio de limpiar las cocinas y los cacharros. En otras se dormía en las cuadras, si antes se habían limpiado convenientemente, incluidas las porquerizas. Había que atravesar Andalucía sin un duro en los bolsillos y aprovechar los campos sembrados de fruta, para afanar lo necesario que permitiera aguantar las caminatas, huyendo de los guardas armados con escopetas y balas de sal que, picaban a rabiar y te dejaban un moratón que duraba un mes.
Abelardo Granada
De los últimos románticos que saben perfectamente la dureza de esa vida, recuerdo al matador de toros granadino, “Abelardo Granada” pidiendo una oportunidad para torear.En el inicio de la campaña de 1983, el 30 de enero, en Valdemorillo, con una cuarta de nieve en el albero, recibe la alternativa de manos de José Antonio Montoto, “Pepe Pastrana”, quien le cede, en presencia de José Luis Vargas, la muerte de un toro de la vacada de Los Eulogio, en una actuación aceptable del toricantano. No vuelve a vestirse de luces tal año y al faltarle los contratos realiza un viaje a pie a Barcelona, en unión de los también espadas Ángel Majano y Manuel Gómez, en solicitud de una oportunidad.
En aquellos años en los que mi amigo Pepe Guardia era diputado provincial, -como torero que quiso ser en su juventud- se encargó de recuperar para Granada la tradicional corrida de la Beneficencia, consiguiendo dotarla de importancia y esplendor en los carteles. Engalanando la plaza de la avenida del doctor Olóriz como hacía años no se hacía y logrando un hito en su tierra: Por primera vez logró contratar una corrida del muy acreditado hierro de Victorino Martín. Un asunto que no pasó desapercibido para Abelardo que, viendo que no se acordaban de él en su tierra, no dudó en vestirse de torero y vivir durante varios días a las puertas del palacio de Bibataubín, sede entonces de la Diputación Provincial, aguardando la entrada y salida del bueno de Pepe Guardia, para rogarle su inclusión en el cartel de tan alto compromiso.
El Berenjeno
En esto de pedir oportunidades para torear, recuerdo con especial cariño a Pepe “El Berenjeno”, motrileño de pro. Mi padre me llevaba en la tarde de los domingos a ver a su amigo que, de manera sorprendente, toreaba por la tarde y boxeaba por la noche del mismo día.
José Rodríguez «El Berenjeno» nació en Motril, 14 de septiembre de 1932. Desde pequeño su obsesión fueron el deporte y los toros. Recuerdo verlo nadar en el puerto de Motril y en la playa de las tres erres. Correr como si no hubiera un mañana y saltar a la comba durante horas, antes de ponerse a entrenar con los guantes contra el saco o haciendo sombra.
En 1953 se trasladó a Barcelona a la escuela taurina de la ciudad condal, para comenzar con su formación como torero. En 1958 volvióa Motril, toreando su primera novillada sin picadores (4 orejas y dos rabos), pero no es hasta 1963 cuando hizo su presentación con picadores. La alternativa la tomó el 25 de julio de 1971 en Motril de manos de Victoriano Valencia y José Luis Román de Testigo. Los toros eran de Bernardino Píriz.
Con casi 70 años se dedicó al atletismo y quedó campeón de veteranos en media maratón y en maratón. A su muerte en 2014 el ayuntamiento de Motril decidió ponerle su nombre a la plaza. Pero la gran anécdota de Pepe “El Berenjeno” fue su original forma de pedirle una oportunidad a don Luís Miranda, empresario de la plaza de toros de Granada: Con sesenta años y vestido de torero, “El Berenjeno” se vino a la capital y se plantó durante unos días, en la puerta de la casa de don Luís, en la Avenida de La Constitución con el terno de luces, pidiéndola una oportunidad para que lo incluyera en los carteles del Corpus granadino. Pero Pepe fue más allá, en la puerta del empresario, no solo estaba él vestido de torero, con el consiguiente asombro de todo el que pasaba, tanto a pie como en coche o autobús. “El Berenjeno” se hizo acompañar en esta ocasión de, un coche fúnebre con su féretro dentro, con lo cual la noticia dio la vuelta al mundo.
Aún recuerdo la llamada suplicante que don Luís Miranda me hizo aquel día, sabiendo de la amistad que mí padre tenía con el bueno de Pepe: “Tito, por favor, a ver si lo convencen ustedes de que se vaya, porque mi mujer no pone un pie en la calle, desde que el coche de los muertos está en el portal. Por favor se lo pido”.
FUENTE: T:O: