POR AGUSTIN DE LAS HERAS, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID).
Esta noche habrá luna llena, de agosto, y el predecible eclipse de luna será de madrugada y hacia el ocaso. Luego será casi imposible de ver.
Los colores del verano aún siguen siendo el color café helado y el de un vaquero de «guailabel». Cuánto les echaré de menos.
Dijo mi tocayo Cognosce te ipsum, accepta te, supera te, dicho en cristiano, como diría mi madre, conócete, acéptate, supérate.
Cada uno sabe de su camino y por mucho que nos llenen de infulas ajenas, de solidadidades metafisicas para que las realices tú, de consejos que no pedimos, en esta vida están los que intentan vivir su vida y los que intentan vivir a los demás.
El de Hipona murió un 28 de agosto, allá por el 430.
Y por qué no te llamas Fermín habiendo nacido un 7 de julio, me decían de pequeño en Valdepiélagos, pues, porque mi progenitor biológico me puso como su abuelo.
Y por qué, me preguntaba yo. Pues no fue difícil encontrar la respuesta. Porque mi bisabuelo siempre le estaba diciendo a su nieto, Antonio que te sobo el morro, Antonio que te sobo las costillas y como venganza vio apropiado poner Agustín a su hijo para resarcirse con la misma retahíla.Y esto no lo digo yo, lo dijo él.
Pero mi bisabuelo Agustín a pesar de expresarse así ante las ideas de casquero de su nieto, o incluso quitarse el cinto cada vez que mi tías remoloneaban para no ir a la escuela desde El coto San Benito, nunca y digo nunca, le puso la mano encima a sus nietos. Aunque ganas no le faltaron de ponérselas a su propio hijo.
Mi bisabuelo Agustín quería a sus nietas y a sus nietos. No sabía escribir y por ello abogaba por su educación dentro de los niveles que un pueblo podía darles.
Siempre había algún progenitor biológico que prefería sacar a su hijo del colegio para que fuera al monte a cuidar tres cabras.
No quiero confundir la necesidad de épocas difíciles ni el esfuerzo de progenitores, sobre todo madres que trabajaban en el campo, en las casas o en la frías aguas de los lavaderos para sacar una familia adelante. Eso existía y no había más. Pero la explotación de los hijos con maltrato y sin amor era otra cosa.
Pues bien, sí, me llamo Agustín, estoy orgulloso de ello. Y un día como hoy tengo que recordar a una gran persona, mi bisabuelo Agustín de las Heras, un hombre bueno, padre de dos hijos muy distintos, Emigdio y Casimiro.
Cuánto daría hoy por un paseo con mi bisabuelo.
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