POR PABLO IGLESIAS AUNIÓN, CRONISTA OFICIAL DE PUEBLA DE LA CALZADA (BADAJOZ).
Iniciamos el conocimiento y difusión de la historia de Puebla de la Calzada a través de este interesante medio que es el periódico La Crónica de Puebla de la Calzada, con unos episodios que nos son aún cercanos y pertenecen al siglo XIX hablándonos y, mucho, del carácter y forma de ser de nuestra localidad, pues el mencionado siglo es una centuria llena de constantes transformaciones, cambios y efectos nada positivos desde el punto de vista socio-demográfico, los cuales tuvo que afrontar y con entereza (como lo hicieron los extremeños en particular y los españoles en general).
Junto a la invasión de las tropas napoleónicas en Puebla de la Calzada durante los años de 1809 a 1812 en lo que conocemos como Guerra de la Independencia (1808-1814), la Villa de Puebla además tuvo que hacer frente en este siglo a epidemias, crisis, hambre y falta de muchos recursos. Epidemias como la del Cólera Morbo (1833-1865), viéndose la localidad especialmente afectada durante los años 1854-1855; la viruela; el paludismo que aparecía en nuestras localidades cada verano; tifus; difteria (que afectaba esencialmente a lo más pequeños) y tuberculosis, que minaron y diezmaron la demografía de la población de Puebla enormemente.
Puebla de la Calzada ha sabido guardar celosamente para estos periodos y de manera muy especial para los momentos de la Guerra de la Independencia, una riqueza documental conservada en el Archivo Municipal de su ayuntamiento. Fuentes primarias o inéditas que se convierten para el historiador en un material de primera mano para el análisis, estudio y conocimiento de estos momentos. Igualmente, aunque en mucho menor medida, las fuentes eclesiales nos conducen esencialmente a la información que nos proporciona los documentos generados por la ermita y hermandad patronal de Nuestra Señora la Inmaculada Concepción.
Un papel crucial
Puebla de la Calzada protagonizó un papel crucial durante la guerra de ocupación francesa , pues desarrolló una colaboración clave para ingleses y tropas españolas en cuanto al abastecimiento a avituallamiento en el sostenimiento de la lucha. Así, por ejemplo, en el año 1809, junto a otros pueblos, participa en la entrega al ejército británico de pan, trigo y cebada. Un año después, en 1810, entrega 80 fanegas de trigo a la Junta Provincial de Defensa con sede en Mérida, a la vez que este mismo año y con el mismo destino hace entrega de ganado lanar y ganado vacuno.
Hambre, destrucción (en muchos casos los propios vecinos tenían que alojar en sus casas a soldadesca francesa) y disminución de aquellas materias primas procedentes de la agricultura y ganadería, base del sustento económico que generó todo lo que de una guerra de estas características a un pueblo puede hacer sufrir: aumento de la mortalidad, epidemias y especialmente escasez en la mano de obra (los jóvenes eran enviados al frente y a las guerrillas). Hospitales, cofradías y obras pías (de caridad) incrementaron sus esfuerzos por mantener a una población que cada vez veía más cercana la salida y abandono de sus casas.
Incluso a efectos destructivos (propio de toda guerra de la Edad Moderna, siglos XVI al XVIII), Puebla de la Calzada vio cómo una gran parte de los llamados registros sacramentales (libros de bautismo, matrimonio y defunciones), eran quemados para «borrar la memoria del pueblo». Obviamente el estudio de la Guerra de la Independencia nos ocupa una amplitud mayor de la que no disponemos. Pero no queremos concluir sin una visión que creo desde este medio se puede ofrecer de Puebla de la Calzada en este periodo.
En el año 1809, Toribio Casimiro Riola, mayordomo de la ermita y cofradía de la patrona poblanchina informa al cura párroco Juan Ramo Solís, de los estrepitosos sucesos que se avecinan con la invasión, haciendo entrega de las cuentas al mismo y expresándole que tanto él como su familia abandonan Puebla de la Calzada por temor a la invasión, no sin antes hacer la mayordomía a Mérida a modo de donativo, la cantidad de 150 reales.
La situación: «Ya que, por la misericordia del Señor, aplacada su justísima ira contra nuestra España por nuestras culpas, por mérito de su purísima Madre, nuestra Patrona…hemos conseguido sacudir el yugo intolerable del más tirano enemigo, el cruel Napoleón».
