EL MUSEO IMAGINARIO DE LUCIANO DÍAZ-CASTILLA
Ago 30 2026
POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.
                                                         
Luciano Díaz-Castilla abre su alma de pintor de estilo propio en una magna exposición con un sugerente título: “Mi museo imaginario”, la cual estará abierta desde el 17 de septiembre al 4 de diciembre en el Lienzo Norte, lo que nos permite ahondar en toda una vida dedicada al color y la luz.
Díaz-Castilla nació como Luciano García Díaz en 1940 en El Soto, una pequeña aldea abulense de Piedrahíta, en el valle del Corneja, siendo el menor de once hermanos, de los que solo conoció a cinco. Es el pintor por antonomasia de Ávila, por Ávila y para Ávila. Podría decirse que toda su obra y toda su vida como artista ha girado en torno a esta tierra.
Casi desde la cuna ya se sabía que había nacido el “mesías” del color de esta tierra arraigado en el corazón de sus gentes:
«Viví en mi valle y recreé mi existencia. Este valle fue mi raíz, mi vida y expresión de mi ser. Viví en él un diálogo permanente con la luz, el color y la forma. Permanecí atento para avanzar al interior del hombre y, sobre todo, de su naturaleza» (“Soledad creadora”, 2005).
Y Ávila, eternamente en el corazón: «Desde siempre, admiré la ciudad de Ávila y la fui haciendo parte de mí mismo. Comenzó esta admiración el día en que mis padres me llevaron interno al Colegio Diocesano a esta ciudad. Acababa de cumplir los diez años y, desde entonces, ella me abrió sus brazos y poco a poco la fui aceptando como mi nueva casa, comenzando a ser parte de mi vida».
Ciertamente, no hemos encontrado ningún otro artista, poeta o escritor que haya dedicado toda su actividad creativa al mismo lugar que habita, Ávila y el valle del Corneja, recreando siempre los recuerdos y memorias de toda una vida a través del color y de la fuerte inspiración de los místicos abulenses Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.
Y «si tuviéramos que hacer una historia de la pintura en Ávila en los últimos cuarenta años, un referente sería la obra de Díaz-Castilla», apunta Gonzalo Jiménez en el catálogo de la exposición de 2004 en el Palacio de los Serrano.
Reunir ahora la obra de Díaz-Castilla como un museo imaginario es hacerlo del universo de Ávila, un mundo sobre el que el pintor lleva años meditando con maestría, oficio, destreza y, sobre todo, inspiración.
La pintura aparece entonces como una de las mejores formas de recrear y exteriorizar la enorme ebullición interior que lleva produciéndose a lo largo de toda su existencia. Y así nos resumió el pintor su experiencia vital a propósito de la exposición retrospectiva de 700 obras realizada en 2021 con el título «Toda una vida»:
«Pintar es un don del cielo, y sobre todo expresar la vida mediante la línea y el color es un don especial, porque es la comunicación íntima del interior de mi ser para los demás».
Aparte de ser un pintor y dibujante incansable, Díaz-Castilla también es ilustrador de literaturas, libros y revistas, diseñador de portadas bibliográficas y carteles, articulista de prensa, catalogador de su propia obra, ensayista de su proceso creativo, contador de experiencias, narrador autobiográfico, educador y comunicador plástico, colaborador y solícito participante en eventos culturales varios, jurado de concursos artísticos, embajador cultural ante el mundo, y peregrino en un viaje eterno por su tierra.
Y todo, ejerciendo un oficio con esfuerzo infinito del desarrollo local, encontrando sentido, libertad y felicidad en su constante producción pictórica, tal y como le ocurriera a Sísifo, rey de Corinto en la mitología griega, en la interpretación de Albert Camus.
Díaz-Castilla luce como signo de identidad una inconfundible larga barba blanca, aspecto que asemeja y comparte con la representación del Dios de los cristianos, y también al genio de las artes y las ciencias Leonardo Da Vinci.
Es la imagen evocadora de un misionero viajero que como predicador esparce el color y la luz que irradia de Ávila.
En los comienzos de su imparable carrera artística declara: «Tengo 27 años. Antes ya había expuesto en la I Bienal de Ávila y en el Hogar de Ávila. Soy sacerdote desde el 63 [secularizado en 1975]. Pinto por cambiar un poco la monotonía de cada día, y por algo que llevo dentro de mí… Ávila predomina en mis cuadros. A la contemplación de las murallas se lo debo todo… Ávila para mí, tiene una intimidad inefable y ese secreto que poseen las cosas que, cuanto más se miran, más penetran dentro de sí mismo» (DAV, 7/12/1967).
Pero, ¿cuándo, realmente, tuvo Díaz Castilla conciencia de su ‘primera expresión’ artística? A ello responde:
«A los doce años hice el primer dibujo con el que expresé mi interior ayudado de la naturaleza que tantas veces había contemplado… Durante varios años hubo un tiempo de silencio en los que sin expresar nada, profundicé en lo que rodeaba y creció en mí tal pasión que se hizo incontenible. Toda aquella fuerza que poseía, un día sin saber cómo fue, salió a la luz durante toda mi vida, no la abandoné. La hice crecer y he vivido acompañado de ella hasta el día de hoy» (DAV, 7/12/1967).
ay Angélico, El Greco, Velázquez, Goya, Van Gogh, Chain Soutine, Henri Matisse, George Rouault, Benjamín Palencia y Bernard Buffet, etc. Pintores todos ellos a los que sigue admirando desde un estilo vitalista propio y cargado de emociones, junto con la fidelidad temática al paisaje castellano y sus gentes, y al espíritu místico que llena su alma e impregna su creatividad, la de un hombre que piensa y medita profundamente sobre lo que ve y pinta, con plena independencia de corrientes pictóricas. Y como en muchas ocasiones se le ha adscrito al fauvismo expresionista, sentencia:«Mi estilo soy yo mismo».
Dos años después, vuelve a Ávila con cuadros plenos de sol y de mieses de los campos de Castilla, convertidos en espléndidos amarillos de firmes rasgos y serenos, manifestación de sensibilidad y de la emoción que enseña en estampas de un marcado carácter expresionista propio, destacando que «podría hacer una sola exposición con cuadros de Ávila, en los que se reflejen mil formas de ver Ávila. Y ninguno sería igual. Cada uno reflejaría una emoción estética distinta», dice a Antonio Ribas (DAV, 12/04/1969).
No tardó Díaz-Castilla en enraizarse en la naturaleza de su casa natal a la que regresó y se asentó definitivamente compartiendo con Ávila los lugares desde los que contemplar el mundo: «Una vez que terminé el examen [de acceso a la Escuela de Bellas Artes en 1970] volví al Soto y, desde el mes de julio, dediqué todo mi tiempo a pintar y a dibujar hasta el día de hoy» (Díaz-Castilla. Cuaderno de dibujo, 2004).
Desde entonces, el valle del Corneja y Ávila, convertidos en «lugar, tiempo y memoria», se presentan como los «goznes de una enorme producción plástica, [y] el soporte donde se agolpan deseos, sentimientos y esperanzas» de su pletórica actividad artística, tal y como se expresa el propio Díaz-Castilla en la exposición de Caja de Ávila celebrada en 2006.
Sobre ello, se pregunta y se responde:
«-¿Qué es para mí el lugar?
Mi lugar es el mundo donde habitan mis sueños. Lugares innombrables en espacios sin tiempo y sin memoria.
-¿Y el tiempo?
¡Ay el tiempo!
Sé que el tiempo es un regalo y se irá conmigo y yo me iré con él.
-¿Y la memoria?
Sé que nací con ella. Y aquí está como diosa del lugar y del tiempo en mi vivir».
En 1991 y 1994, compuso “Ávilas”, una exposición y un libro de la ciudad vista desde el horizonte que marca la cortina del cerro de San Mateo, obra pictórica formada por «cincuenta momentos o instantáneas de otras tantas sensaciones del espíritu, de la memoria y del recuerdo allí vivido», obra concebida como una «una reflexión irracional y distinta, tomando como punto de referencia un mismo lugar de observación, una misma identidad de mirada, siempre capturando más el devenir de experiencias que la realidad descriptiva de un paisaje».
Sobre “Ávilas”, el director del Museo del Prado Francisco Calvo Serraller escribió: «Luciano Día-Castilla ahueca los cuerpos prismáticos y convierte ese orden impenetrable en una alada metáfora, tan solo sostenible por el aire y la luz, como si se tratase de una frágil carpa levantada por los sueños y los temores de los hombres».
Y las “Ávilas” retornan como el péndulo de Foucault en una combinación de 103 dibujos acompañados de introspectivos epigramas que forman “El Universo de Ávila” (2010):
«En uno de sus ritmos pendulares, me he encontrado de nuevo con mi Ciudad y volviendo a mis orígenes, en ese eterno retorno pitagórico, me he vuelto a encontrar con mi ciudad del alma», anota el pintor. A lo que el amigo Francisco Javier Sánchez, antiguo ‘escribano’ municipal, añade:
«Nada hay tan generoso como cuando uno entrega el alma y la deposita para ser contemplada. Una visión que se expone a ser vista por otros. Textos que expresan y emocionan. Siluetas de Ávila que que se expone a ser vista por otros».
Un capítulo aparte merece la interpretación plástica que hace de los santos abulenses Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. A Santa Teresa, «la mujer más extraordinaria de la historia»,
ha dedicado varias exposiciones y homenajes que eclosionan en 2015. Son cientos de representaciones artísticas en las que Díaz-Castilla compone un «canto en color con el lenguaje de la línea» mostrando su admiración desde que empezó a leerla con 15 años:
«Ella me ha dado todo y de la que he aprendido, entre otras cosas, que toda su belleza se apoya en la hermosura del alma… [No olvidemos que] Teresa es de Ávila, donde estuvo 47 años seguidos, donde absorbió todo el humus de esta tierra, y todo el espíritu del aire, de la luz, del resplandor y de la claridad».
La última exposición dedicada a la Santa permanece fija en el palacio de los Verdugo desde 2023 con preludio de Francisco Javier Sánchez:
«Los colores carmelitanos se mezclan con fuertes y vivos tonos la rodean, sea en cielos, en sol, su celda o conformando el halo de su presencia».
San Juan de la Cruz es la otra figura inspiradora de una parte importante de la pintura de Díaz-Castilla, a quien dedica varias exposiciones (“Amor y Luz”,1991; “Minimalismo místico”, 2018; y “Noche oscura”, 2026), inspirado siempre en su universo poético y simbólico: «La obra que he realizado sobre San Juan de la Cruz ha sido como una conversión en la luz, en el color y en la profundidad de todo el ser».
EXPRESIONISMO.
Para Díaz-Castilla, «las montañas dejan de ser tierras altas para convertirse unas veces en helado telón de fondo, otras en bulliciosa explosión de colorido. En estas tierras nació y se desarrolla el fauvismo ibérico», tal y como se apunta por la Galería Frontera de Madrid donde expone 1973, e igual que a su manera pintaba Gregorio Prieto.
En ese mismo año entra a formar parte del “Diccionario Crítico del Arte Español Contemporáneo” compartiendo espacio con los escultores abulenses Feliciano Hernández y Santiago de Santiago:
«He aquí, gozosamente el dibujo y el color surgiendo como un amanecer de las cosas, sin premeditaciones ni inútiles subterfugios. Luciano Díaz-Castilla pinta alegres montes, valles con realismo, sí, pero transfigurándolo todo al asumirlo plásticamente, recreándolo sin escamotear su identidad».
Finalizados sus estudios de Bellas Artes en 1976, una prueba más de su actividad creativa la encontramos en el libro “Los hombres solos”, publicado junto a la poesía de Jesús Sánchez Caro, en el que muestra la dura realidad de la figura humana con un rabioso expresionismo al decir de la crítica de Gil Blas:
«Son una serie de expresivos bocetos que testimonian, y a la vez denuncia, el drama moral y físico de estos seres marginados que arrastran generación tras generación, la tragedia de su angustia vital: la soledad, la falta de solidaridad que les circunda» (Libertad, 3/01/1978).
Años después, la entrega de un ejemplar del libro al ministro de Cultura Ricardo de la Cierva fue noticia en la visita de este a la capital abulense (DAV, 30/01/1980).
Por su parte, el académico y crítico Mario Antolín Paz apunta: «Díaz-Castilla es uno de los mejores expresionistas que tenemos, de altas cualidades y raro talento. Tiene una característica fundamental y es que dentro del expresionismo es un pintor esperanzado y trágico…
Es un expresionismo vitalista que tiene la necesidad de explicarse a través de la pintura» (DAV, 11/10/1985).
Siendo así como «el expresionismo de nuestro pintor viene dictado por la penetración en los hombres con quienes convive y de quienes se hace forma y palabra», dejó escrito el cardenal Ricardo Blázquez.
Y en ello goza de las cualidades creativas de «aquellos espíritus capaces de devolvernos el arraigo en lo natural, esencial y definitivo, es decir, al origen», anota Olegario González de Cardedal.
COLABORADOR ARTÍSTICO.
En su afán por compartir su trabajo y en el fervor por hacer partícipes del mismo al mundo, Díaz-Castilla se ofrenda a la cultura en causas sociales y literarias. Así, en su faceta colaborativa vuelve al Colegio Diocesano de Ávila en el que recibió las letras de juventud y ejerció la docencia, donde su obra está presente desde sus primeras exposiciones en 1963, a la vez que desde aquí expande la didáctica de su proceso creativo con los alumnos a los que guía en las distintas exposiciones que realiza.
Como partícipe en acciones cultuales y colaborador artístico con escritores y otros autores, encontramos su presencia en el homenaje brindado al escritor José Somoza en su tierra natal de Piedrahíta el 17 de septiembre de 1976 junto a Lázaro Carreter, Ricardo Gullón, José Luis Abellán, Jacinto Herrero y José Jiménez Lozano, entre otros escritores y académicos donde se leyeron las páginas evocadoras de Azorín.
De igual forma, participa en el homenaje rendido al profesor de dibujoJosé Sánchez Merino en 1976, y al poeta poeta Jacinto Herrero en 2004, lo mismo que en este año en el Museo de Ávila fue conferenciante sobre la pintura de José María López Mezquita.
Más recientemente, también intervino en la mesa redonda dedicada a los Conjuntos Históricos de la comarca Barco-Piedrahíta (2025).
Díaz-Castilla, captor de esencias literarias, también es el autor la portada de los libros del psiquiatra y amigo Jesús Sánchez Caro (La vejez y sus mitos”, 1982; Los límites de la gloria. El sueño de Teresa de Ávila, 2015; y La enferma Teresa de Ávila, 2017). Asimismo, diseñó las tapas de la colección “Telar de Yepes”, de poesía, narrativa y ensayo, publicada por la Institución Gran Duque de Alba desde 1985.
Igualmente, ilustró las portadas de la revista cultural El Cobaya, que edita el Ayuntamiento de Ávila, correspondientes a los números 6/2001, sobre la interrelación de las artes, y 29/2019 dedicado a su paisano el escritor «José Somoza: El pequeño Montaigne de aldea».
También ilustró los poemarios de su amigo y Cronista oficial de Ávila Aurelio Sánchez Tadeo titulados “Del infinito delirio-Soliloquio en clave de ti” (2003), y en “Con un vidrio del cielo me he cortado. Soliloquio II en clave de mí” (2007), donde se incluyen 64 estampas encendidas por infinitos colores, fuego, luz, fulgor, ensoñación, intimidad, música, evocaciones y soledad, las cuales acompañan el lirismo del poeta.
Y su testimonio sobre «La línea en la ciudad» no podía faltar en el libro que hicimos con el título “Ávila dibujada” (2004): «Si en el principio fue el caos, en el comienzo del ser humano fue la comunicación mediante el gesto, traducido en signos que se consumaría en los hemos llamado lenguaje. Esta manera de conformar la visión de las cosas y de la vida, de expresar sentimientos, deseos y proyectos mentales, lo hizo el hombre de diversas formas y maneras. Una de ellas fue con la línea».
De idéntica manera, su generosidad le lleva a participar en actividades colaborativas mediante la donación de obras, como hizo a favor de Cruz Roja para una subasta solidaria (DAV, 28/05/1980), o para disfrute del público en general con la donación al Hogar de Ávila en Madrid (14/02/1984) y al Ayuntamiento abulense (DAV, 20/06/2003). Igual que ocurrió con la cesión de la pintura “Derramando rosas” para la portada del libro solidario y colaborativo escrito por usuarios y familiares de la fundación dedicada impartir formación, favorecer la integración social a personas con capacidades diferentes, publicado por ‘Fundabem’ y la editorial Mundo Libre Libros (2022).
Por otro lado, la presencia de Díaz-Castilla, imantando experiencia y saber destaca como miembro de los jurados que han de fallar concursos artísticos de pintura y de escultura del Premio “Tomás Luis de Victoria” de pintura (Salamanca, 1990), los Premios “Ciudad de Ávila” de escultura (Ávila, 2002 y 2005), los Premios “Gredos” de pintura (Arenas de San Pedro, 2003 y ss.), y el “Premio Santa Teresa” de escultura (Ávila, 2015).
Finalmente, queda aparte su contribución en la celebración de señaladas efemérides de San Juan de la Cruz (1991 y 2026), Santa Teresa (2015) y del 25 aniversario de la declaración de Ávila como Patrimonio de la Humanidad (2010), así como otras colaboraciones con la Fundación las Edades del Hombre, la Fundación Tatiana y la Universidad de la Mística, por ejemplo.
PREMIOS Y DISTINCIONES.
Los reconocimientos a la obra de Díaz-Castilla le llegan al inicio de sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, cuando es galardonado con el segundo premio de pintura al aire libre de Ávila (DAV, 5/05/1970). Poco después, obtiene el “Premio Palencia” de las artes plásticas que concede el ayuntamiento de Piedrahíta por su obra “Paisajes de Castilla”, el cual recibe en el mismo acto en el que se procedió a la imposición de la Medalla de Oro de la Provincia «al maravilloso mago de los pinceles que se ha hecho famoso y querido en el mundo entero», al pintor Benjamín Palencia (DAV, 11/06/1970).
Por último, ese mismo año gana el tercer premio de la III Bienal de Arte de la ciudad de Ávila por los óleos “Paisaje abulense” y “Bodegón”, fallado por un jurado formado por el pintor Benjamín Palencia, la pintora Adelina Labrador, el pintor Pablo San Segundo y el académico correspondiente José Alberti. A este respecto, dijo entonces el escritor Esteban Carro Celada:
«Esta es Ávila de Piedrahita. Esta es la luz ventona y genial, que recuerde por dentro, como un grito. Díaz-Castilla es pintor de colores austeros o llameantes… Es ese color que imaginamos, pero que difícilmente logramos reconstruir. Toda la pobreza de la tierra, la clementalidad de los surcos, la boda campestre, el cardo ‘humilde que su piel araña’, la pajiza indecisión de un anhelo todo se ha puesto a andar en esta Ávila distinta, con montes como amatistas, con árboles de albayalde, con cielos de color toro… Ya no es esta la Castilla del 98, ni tampoco es la de Benjamín Palencia, Díaz-Castilla ha hallado su mundo interior en el reflejo de su propio pueblo» (DAV, 11/11/1970).
Con la obra “Eras del Soto” recibió del tercer premio del concurso de pintura convocado por la Caja Central de Ahorros de Ávila en 1971. Al mismo tiempo, dentro del programa de fiestas de verano de la capital expone en la Sala de la Caja General de Ahorros, con cuyo motivo y como preludio a su inauguración, el subdirector del Museo del Prado, Sr. Joaquín de la Fuente, conferenció sobre el arte contemporáneo (DAV, 17/07/1971).
En esta época, ahonda en la figura del ilustre ‘paisano’ Benjamín Palencia en una larga conversación, cuya grabación publica en 2003, donde se pone de manifiesto: «La luz y el color de Ávila y el Valle del Corneja fueron, son y serán lugares, y ámbitos inigualables donde nuestro espíritu gozará del sosiego y de la calma», lo cual recuerda cuando aquel murió en 1980: «Aquí pintaste y te hiciste color en esta tierra. Te hiciste en estas alturas, junto a las cumbres de Gredos, a las que tanto amabas».
Su acreditada pasión por Ávila, que proyecta como onda expansiva al mundo, hace que en 1986 sea designado socio popular del Hogar de Ávila en Madrid: «He dejado nuestra tierra gris, pero con una sublime luz que lo ilumina todo… Quiero llevar el aire nuevo de las almenas, de las montañas; de los aires gélidos y luminosos, inmensamente grandes» (DAV, 22/12/1986).
Igualmente, al año siguiente, por su labor escudriñadora de la luz y el color de Ávila, siempre Ávila y el Corneja, es nombrado miembro colaborador en la Rama de Artes Plásticas de la Institución Gran Duque de Alba, dedicada a la investigación y la cultura abulenses (DAV, 11/05/1987).
Llegados a 2006, la larga trayectoria artística arraigada a su tierra le hace merecedor del “Premio Señorío de Valdecorneja” que concede el Ayuntamiento de Piedrahíta, capital de la comarca de su querido valle.
Un nuevo reconocimiento le llegó en 2013 al ser nombrado “Embajador de Gredos” por la Asociación de Empresarios del Norte de Gredos: «Me lo han dado por haber captado el color y la luz. Gredos es una inmensa sinfonía de color, por la diversidad de formas y tonos, y además es piedra, cumbre, columna, fortaleza, raíz, cobijo, llamada, torrente, luz sublime, esplendor, inmaterial. Gredos es Gredos».
Por último, por su contribución a la difusión cultural, en 2015, recibe el “Premio Promecal”, en la sección abulense del grupo de comunicación que integra La 8 TV, Diario de Ávila y Onda 0 Radio.
EXPOSICIONES.
Cerca de un centenar suma el número de sus exposiciones, incluyendo las individuales y colectivas, en las que Díaz-Castilla nos ha enseñado su obra colgando en todas ellas más de mil piezas. Exponer es acercar y contagiar al público el fruto de la recreación espiritual y meditabunda de la naturaleza tamizada por ojo, la luz y el color del pintor. Entre los escenarios elegidos para figuran salas y galerías de arte, centros culturales, casas de cultura, palacios, monasterios, ayuntamientos, colegios, universidades, fundaciones y catedrales.
En este largo peregrinaje, el artista ha llevado Ávila y el Valle del Corneja a cuestas, no como una carga sino como un tesoro, haciendo parada en la capital, en una veintena de ocasiones entre 1963 y 2026; en Piedrahíta, cabecera del Valle del Corneja, en cinco oportunidades; y, puntualmente, en los pueblos abulenses de Arévalo, Arenas de San Pedro, El Barco de Ávila, Cebreros, Fontiveros y El Tiemblo.
Y más allá de la tierra naciente, la pintura de Díaz-Castilla se ha expuesto de forma individual en
A Coruña,
Alcázar de San Juan (Ciudad Real),
Gijón (Asturias),
La Toja (Pontevedra),
León,
Lorca (Murcia),
Madrid,
Medina del Campo (Valladolid),
Pamplona,
Valbuena de Duero (Valladolid),
Salamanca,
Santander,
Torrelavega (Santander),
Valladolid
y Zamora.
Entre las numerosas exposiciones individuales que engrosan el curriculum de Díaz-Castilla, pueden destacarse:
“Pasión del Hombre. Pasión de Dios” (Salamanca, 1984);
“Díaz-Castilla” (Ávila 1985); “Amor y Luz” o “Interpretación a la Naturaleza” (Las Cuatro Estaciones) o “Canciones del alma” (Ávila, 1991);
“Ávilas” (Ávila, 1991);
“Ritmos de invierno” (Ávila, 1994);
“El espíritu de los pueblos” – o “Pueblos abandonados” (Ávila 1996); “Cuarenta años de mi pintura” (Madrid, 2000);
“El universo de la rosa” (Ávila, 2002);
“Díaz-Castilla. Expresionista testigo de la tierra” (Ávila, 2004);
“Díaz-Castilla. Lugar, tiempo y memoria (Ávila 2006);
“El universo de Ávila” (Ávila, 2010);
“Sinfonía del tiempo” (Ávila, 2013);
“Sonido interior” (Valladolid, 2013);
“Homenaje a Teresa” (Ávila, 2015);
y “Toda una vida” (Ávila, 2021).
MONOGRAFÍAS Y CATÁLOGOS.
Hasta veinticinco títulos componen el amplio repertorio de color y escritura de la obra de Díaz-Castilla, repartidos en hermosas monografías y catálogos de otras tantas exposiciones que juntos forman el álbum de gran parte de su obra, en el que los temas y tratamiento estilístico dan fe de un estilo propio.
Son miles las páginas en las que se esparcen dibujos que hablan a través líneas y colores que iluminan los campos del Corneja y la cabalgadura de la muralla que arropa Ávila.
Son publicaciones que recogen la quietud de una obra esplendorosa como testimonio de la trayectoria vital de Díaz-Castilla, las cuales ya forman parte del museo imaginario de su obra que se hace tangible en su rica versión bibliográfica, pues en esta se guardan también pedacitos de la fogosidad del imaginario visual del artista.
He aquí una relación de monografías y catálogos:
1) “Díaz-Castilla (dibujos)”, 1976, con texto de Raúl Chávarri.
2) “Los Hombres solos”, 1977, con dibujos de Díaz-Castilla y poesías de Jesús Sánchez Caro (Caro Merino).
3) “Pasión del hombre. Pasión de Dios” (pinturas y dibujos), 1984, reflexión teológica sobre la pintura de Díaz-Castilla, por Alfonso Ortega, Carlos Castro Cubells, Enrique R. Paniagua, José Manuel Sánchez Caro y Xavier Picaza, Ricardo Blázquez y Olegario González de Cardedal.
4) “Díaz-Castilla” (pinturas y dibujos), 1985, textos de Díaz-Castilla y Antonio Carrera.
5) “Díaz-Castilla” (catálogo), 1987, con textos de Jesús Sánchez Caro, Tomás Hernández Castilla y Antonio Carrera.
6) “Ritmos de invierno” (catálogo).
7) “Amor y Luz” (Homenaje a San Juan de la Cruz), 1991, con textos de Francisco Calvo Serraller, Díaz-Castilla y Olegario González de Cardedal.
😎 “Ávilas”, 1991, con textos de Francisco Calvo Serraller. 9) “Ritmos de invierno”, 1994, textos de Francisco Calvo Serraller y Olegario González de Cardedal.
Y 10) “Ávilas”, 1994, Díaz-Castilla y José M.ª Muñoz Quirós.
Siguen los títulos
11) “El espíritu de los pueblos” (catálogo), 1996, texto de Francisco Calvo Serraller y Antonio Carrera.
12) “Orígenes”, 1999, texto de Díaz-Castilla y José M.ª Muñoz Quirós. 13) “Díaz-Castilla” (catálogo), 2000, con texto de Francisco Calvo Serraller.
14) “El Universo de la rosa”, 2002, de Díaz-Castilla y José M.ª Muñoz Quirós.
15) “El valle del color” (conversación con Benjamín Palencia), 2003, texto de Díaz-Castilla.
16) “Luciano Díaz-Castilla”, 2003, con textos de Carlos Aganzo y Díaz-Castilla.
17) “Díaz-Castilla, expresionista testigo de la tierra”, 2004, con textos Gonzalo Jiménez, Francisco Calvo Serraller y Díaz-Castilla. 18) “Díaz-Castilla. Cuaderno de dibujo”, 2004, con textos de Gonzalo Jiménez y Díaz-Castilla.
19) “Díaz-Castilla “, 2004. 20) “En los campos de la memoria o los espejos de la tarde” (memorias), 2005, texto de Díaz-Castilla.
21) “Díaz-Castilla. Lugar, tiempo y memoria” (catálogo), 2006.
22) “El Universo de Ávila” (dibujos), 2010, textos de Díaz-Castilla. 23) “Sinfonía en color para Teresa de Ávila”, 2014, con textos de José Picón, Alfredo Urdaci y Díaz-Castilla.
24) “Homenaje a Teresa de Ávila”, 2015, con textos de Armando Tejerina, Francisco Javier Sánchez y Díaz-Castilla.
Y 25) “Noche Oscura”, 2018, texto de Gonzalo Jiménez.
Finalmente, la exposición “Mi museo imaginario”, de próxima inauguración y a cuya visita estamos todos invitados, guarda y enseña la esencia de toda una vida dedicada a la pintura resumida en 150 óleos que ilustran una trayectoria de más de sesenta años atendiendo a la siguiente estructura temática:
“Ávila”,
“Salamanca”,
“Mi Valle”,
“Bellas Artes”,
“Animales” (caballos, cabras, toro, vacas),
“Ferias”,
“Gredos”,
“Retratos familiares”,
“Hombres”,
“Paisajes”,
“Amapolas”,
“Otoño”,
“Primavera”,
“Invierno”,
“Cuadernos de la memoria”,
“Pueblos abandonados”,
“El mar”,
“Religiosos”,
“Amor y Luz”,
“Noche oscura”,
“Cántico espiritual”,
“Llama de amor viva”
y “San Juan de la Cruz”.

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