El Cabezo del Ciervo o Salto del Ciervo, en término municipal de Archena, es una elevación alargada, cuya parte meridional es escarpada y tiene forma de cresta. La montaña está ubicada en la margen derecha del Río Segura, cerrando la comarca del Valle de Ricote por su puerta sur. Fue el lugar elegido para construir la fortaleza medieval de Archena con el objetivo de proteger el pequeño soto fluvial donde se da el manantial termal aprovechado desde la Antigüedad. El topónimo “Salto del Ciervo”, más antiguo que el de “Cabezo del Ciervo”, tiene una composición similar al cercano nombre de lugar “Salto de la Novia” (Ojós-Ulea), a lo que se suma que ambos son dos sitios emplazados en el arcaico camino fluvial del Segura, que transcurría por el Valle de Ricote por su margen derecha y que ya fue descrito por al-Idrīsī a mediados del siglo XII. Por correspondencia geográfica, para dichos topónimos la palabra “salto” procedería del latín “saltus”, con el significado de “desfiladero”.
Para el caso del Salto de la Novia se tiene la referencia de que, en 1498, era una zona peligrosa para los caminantes, mandándose hacer un petril (muro) para evitar caídas. El paso del Salto de la Novia ya se plasma en varios formatos fotográficos de la compañía parisina J. Lévy et Cie de 1889, con el título “Environs d’Archena. Le Saut de la Fiancée”. Este topónimo procedería de la composición latina “saltus novus” (“desfiladero nuevo”), tal como propuso Antonino González Blanco en 2007, a lo que, un año después, Jesús Joaquín López Moreno añadió que el nombre haría referencia al entallado realizado en la Antigüedad en el espolón rocoso de la margen derecha de este estrecho fluvial para permitir el paso del citado camino histórico. Cabe recordar que, en la margen opuesta, se da el yacimiento tardorromano del Salto de la Novia, un emplazamiento estratégico que se extendía por la Pila de la Reina Mora y que fue aludido en el periodo altomedieval como “Rikūṭ” (Ricote). Por la angostura del Salto de la Novia también transcurre la Acequia de Ojós y Villanueva, mandándose cambiar las canales de madera por obra de calicanto en 1511.
Al igual que ocurrió con algunos topónimos que fueron adaptados a la nueva lengua cuando la que los generó dejó de hablarse, el nombre de lugar “Saltus Novus” sería reinterpretado en castellano como “Salto de la Novia”, originando este cambio una bella leyenda e, incluso, una novela publicada por Rafael López de Haro en 1908. Un ejemplo similar tenemos en el cercano topónimo “Mala Mujer” (Cieza), documentado desde el siglo XIII para nombrar a un puerto en la vía que aun une el sureste con el interior peninsular y que, según interpretación hecha por Jesús Joaquín López Moreno en 2023, pudo venir del compuesto árabe “Mail al-Maḥağğa”, con el significado literal de “Inclinación de la Calzada” o, mejor, “La Calzada Inclinada” (https://www.facebook.com/share/19TzDngf38/).
La elevación del Salto del Ciervo convertía en un paso dificultoso el arcaico Camino del Río Segura en el tramo archenero comprendido entre La Morra y La Cerca. Como aparece en la minuta cartográfica de Archena de 1899, esta vía de comunicación, aludida “de Villanueva a los Baños” y “de Archena a los Baños”, comenzaba la ascensión desde el desaparecido Molino de la Morra para salvar el Salto del Ciervo entre la residencia militar y las ruinas del castillo, descendiendo en zigzag hacia las inmediaciones del complejo termal. La escarpada ladera septentrional, cuya cima tiene forma de cresta, hacía que el paso por encima del río fuera muy angosto, debiendo ser el motivo de que se aludiera como “salto”, del latín “saltus” (“desfiladero”). En efecto, era la estrecha zona donde, hasta el año 1628, la Acequia de Archena discurría a modo de “catorce o quince canales”, perdiéndose mucha agua, por lo que en dicho año se decidió cambiar este trazado por una galería con lumbreras (Las Minas) diseñada entre La Morra y La Cerca, aprovechando la vaguada existente entre las elevaciones del Ciervo y El Ope.
En este contexto topográfico, el topónimo “Salto del Ciervo” podría proceder del compuesto latino “Saltus Cervīcis”, con el significado literal de “Desfiladero del Cuello”, que se utilizaría metafóricamente para designar accidentes geográficos estrechos. Incluso, hoy ha pervivido el término “cuello” en topónimos españoles relacionados con depresiones del terreno. El complemento “Ciervo”, posiblemente procedente de “Cervīcis”, genitivo de «cervīx», haría alusión al paso estrecho del histórico camino del Segura por el cuello de la elevación que domina el Balneario de Archena. Como debió suceder con la evolución de los topónimos “Saltus Novus” (“Salto de la Novia”) y “Mail al-Maḥağğa” (“Mala Mujer”), el también probable “Saltus Cervīcis” daría paso a “Salto del Ciervo”, donde la última palabra podría representar una reinterpretación castellana del antiguo término latino. Por lo tanto, aunque la tradición oral lo haya transmitido, no hubo ningún ciervo que saltó, ninguna novia que se lanzó al abismo y, mucho menos, ninguna mujer mala ligada a un puerto carretero. Como ya dijo Jesús Joaquín López Moreno en su libro “El Valle de Ricote a través de sus fortalezas” (2008), la toponimia, como disciplina científica, mata a la leyenda creada por los lugareños. Así lo expresa en la página 64, donde aparece contenido que fue plagiado en 2020 por dos féminas que intentaron eclipsar y ningunear su interpretación del topónimo “Salto de la Novia”; un trabajo personal realizado con el objetivo de seguir interpretando el paisaje histórico del Valle de Ricote.
