CALDO RECIO
Sep 16 2026

POR JESUS LECHÓN, CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA DE CALAMOCHA (TERUEL)

Por aquellos días de abril del presente lo único que le quedaba a mi madre de plena libertad era el ir unos cientos de metros más allá de su casa a la Peluquería de Loli. Desde que puedo recordar siempre fue cada dos semanas.

Aquel sábado18 acudí sobre las diez a su casa a escasos metros de la mía con una hora de antelación. Era feliz, le gustaba ser independiente, “no dar faena”. Cuando sus amigas Pilar La del Salto o Carmen la de “Manuel El Ronquilla” le preguntaban si se aburria, respondía no. Hablaban a diario varias veces, mi madre les llama una y otra vez y ellas contestaban con una sonrisa. Aquel día por primera vez le ayude a vestirse. Tardamos un montón en decidir eso que llaman outfit. Había que ponerse guapa por el qué dirán y lo que pueda pasar y dejar la cama hecha, aunque yo fuese a volver para lavar.

Se levanto dolorida, sin recordar que tenía que hacerse el moño. Cuando llegue estaba viendo en La 1: Viaje al Centro de la Tele, la voz de Santiago Segura le encantaba, “chico, no tengo cabeza para nada” el resto de la semana veía Telecinco, “la tele no es como antes, no vale nada, no la entiendo”. Cansada, empezaba a dejar de salir a andar, daba la vuelta a la manzana, solía encontrarse con conocidos, pero desde hacía tiempo no sabía decirnos quien. “Vi a tu madre, me decían después, está muy bien

Caminaba despacio, no hace tanto me dejaba atrás, miraba pendiente de mí. Ahora soy yo quien mira. Cada vez echa menos bulto, se encoje y se encorva un poco más. Si viene una voleada cierzo se la lleva de vuelta a Calamocha. Hace ladel burro aquel que decía mi padre, el cual a lo que aprendió a vivir sin comer, se murió. Ha comenzado a quejarse“¿que será esto, que me está pasando?” Ir a la peluquería, sus revistas, la charreta con Loli y amigas, su hoy ya sobrehumano esfuerzo merece la pena. A la vuelta iré a buscarla a caballo.

Le tengo preparada una sorpresa para que se anime y en la esquina de Palancia con Rio Adra aguardan Elvira y Jesús, de Báguena. Mi madre afortunadamente los reconoce y sonríe, se hicieron amigos años atrás paseando, igual que conoció a tantos otros que ya olvido, (como Fina con su carrito de la compra a modo de andador de quien fue sus ojos) o ya no están. Se cogen del brazo, en una foto maravillosa, como si fueran al baile y caminan hasta la peluquería. Allí la dejasu amiga Elvira, sin saber que será la última vez.

Nosotros nos sentamos a charrar, bajo la olivera, y le regalo el manuscrito que dio lugar a No lo esperes, en busca de la Utopía. Y me repite párrafos con acento maño y nos reímos. “Hay que tirar para adelante” para terminar hablando de lo que trae el tiempo: de cuanto ha perdido mi madre en estos meses que han estado sin verse. Y me da un consejo, a pesar de tener médico y enfermera en casa, me dice que, si mi madre no quiere comer, le haga caldo recio.

Y corro al Mercadona y compro preparado para caldo recio. Se acabó el triste caldo de pollo de corral y jamón de Calamocha que hasta hoy nos ha mantenido con vida y pienso que mi madre va a reviscolar. Hago una olla para toda la semana y un terrrizo croquetas, hace ya años mi madre olvido cocinar. La casa huele a gloria, Elvira tenía razón, tendré que adoptarla como madre. Para todos los santos tal vez le acerque a mi padre una sopera, aun llevando seis años muerto, con un caldo así nunca se sabe.

Finalmente, mi madre falto a causa de la edad el pasado 20 de agosto, y vino a morir como mueren los Meléndez de Torrijo, sufriendo un dolor atroz los últimos meses ya los 86 años, tal como me advirtió su prima Maribel al darle la noticia.

Un diez de mayo me llamo por teléfono por última vez, seguido olvido que tenía un hijo llamado Jesús, detrás fue mi hermano y el resto de la familia, comenzando el terrible camino del fin de sus días que pasaría bajo el cuidado y cariño de la familia de la Residencia Azahar del Mediterráneo, con Teresa, su ángel de la guarda como compañera de habitación. Dejo de andar, cerro los ojos, olvido hablar, el comer y el beber. Su rostro, inexpresivo, visita a visita irreconocible de puro dolor solo volvió a ser el mismo una vez muerta en la habitación del hospital de Castellón rodeada de nosotros. Fue entonces cuando tras vencer a la vida pudo por fin sonreír.

 

FUENTE: J.L.

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