PRESENTACIÓN DE CRÓNICAS DE LA VILLA DE VALDEPIÉLAGOS. 25 DE SEPTIEMBRE DE 2026.
Sep 26 2026

POR AGUSTIN DE LAS HERAS, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID).

                                                         

Ayer, 25 de septiembre de 2026, fui a Valdepiélagos a hablar de mi libro. Agradezco la presentación previa que hizo el alcalde, Pedro Cabrera, donde escuché demasiados adjetivos regalados para mi persona que para un vanidoso le hubiera resultado el mejor regalo de su vida pero en mi caso, cuyo ego anda perdido ya en pasados inmaduros, resultó sólo el gran aprecio que tengo para su persona y todo el pueblo de Valdepiélagos, por darme la oportunidad de estar dirigiéndome a más de 80 personas.
La tarde comenzó moviendo el antiguo cerrojo de la puerta para poder entrar al cementerio. Antes había viajado despacio de sur a norte desde Madrid, paralelo al río Jarama, con las atalayas y el cerro San Pedro, vestido de gneis, a mi izquierda y el cerro del Mediodía (Peña de la Cabra) con su apariencia de volcán al norte. Una vez dentro del camposanto me dirigí a la tumba de mi madre y le regalé un ramo de margaritas violetas que llevaba. A mi madre le encantaban aquellos caramelos que llevan el mismo color. En un silencio caluroso de una tarde de oculto verano, en aquella ladera de biblioteca de vidas, le dije lo mucho que me hubiera gustado que estuviera conmigo en un día como ese.
Paz, silencio, dolor eterno, nostalgia, melancolía de lo que no pudo ser, y al final, resignación..
Tras llenar de agua el recipiente donde dejé las flores volví hacia la puerta metálica que sonaba oxidada por su destino y volví a subirme al coche.
Recorrí la calle Mayor desde la fuente de la tejera, que desde 1908 guarda la entrada de Valdepiélagos y llegué al ayuntamiento.
Como era pronto, me encaminè hacia el bar de la calle del Cubillo donde hice tiempo en una mesa frente a una fresca bebida.
Por la puerta aparición el gran Antonio Iniesta, fotografiador de eventos culturales, saraos históricos, paisajes madrileños e incluso el Sáhara. Su afable compañía me evadió de la incertidumbre y me llevó a Arija, municipio al norte de Burgos, en Las Merindades, junto al pantano del Ebro, donde se evade en su nueva casa, dándome una envidia sana de una tierra donde no dudaría en descansar de mi Madrid.
Una llamada de Martín Turrado, cronista de Valdetorres que, esperaba en la puerta con su mujer nos hizo ir a la cita señalada.
Lo que vino después es difícil de definir cuando todo aquel que me rodeó dibujo uno de esos días que merecen ser vividos.
Es agradecido saber que no cabalgo solo por la vida.
Mi mujer y mi hija, primas y primos, familia, vecinas y vecinos, amigos de colegio, de barrio, de infancia, que se trasladaron allí. Amigos que vinieron de lejos aunque uno de ellos se quedó tirado en San Agustín porque al coche parecía no gustarle las presentaciones. Siento mucho Martín lo que os ocurrió. Dile a tu familia que nos veremos pronto y os llevaré el libro. Otro amigo vino a verme desde más allá de Ávila.
No puedo dejar de mencionar a los cronistas que me acompañaron, de Alcobendas, de Valdetorres, de Fuente El Saz, de Pedrezuela…
En definitiva, amigas y amigos todos que hicieron que la tarde de ayer quedara grabada en mi alma.
A los que me soportaron les llevé desde Tarik y Muza hasta Rodrigo Jiménez de Rada, cuando Valdepielagos era aldea. Les hablé de nuestra bruja, de nuestro héroe de las Filipinas, de Alejo Vera, del tenor Luis Mariano, de personas ilustres de nuestra villa, de aquellos dos alemanes con pasados ocultos, de cuando vinieron los franceses, en fin, un resumen de las crónicas de la extensa historia local de nuestro pueblo.
Los dimes y diretes, y laa risas, se quedan para los presentes.
Después de las preguntas y comentarios varios me puse a firmar libros. Creo que fueron casi 80.
Intentaba dedicatorias personales pero los de la fila me increpaban entre risas. Sé breve me decían los últimos. Hasta mi prima MariJose me dijo, a mi solo pon, de mi para ti.
En resumen, ayer llegasteis todos al alma.
Hora y pico después me senté en una terraza junto a mis amigos de las Escuelas Aguirre, que como veis, les dio igual la distancia, incluso en el tiempo.
Y siendo casi la medianoche salí de Valdepiélagos, me despedí de mi madre al pasar junto al cementerio y volví para Madrid con una paz y una sonrisa que me regalasteis.
Gracias.

FUENTE:https://www.facebook.com/agustin.delasheras

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