POR JOSE LUIS ARAGON PANES, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ).
El apelativo nos lleva a un lejano lugar de Sudamérica y al año de 1824 cuando tuvo lugar en la ciudad de Ayacucho, Perú, la decisiva batalla entre las tropas españolas realistas y las del Ejército Unido Libertador, en la que los españoles capitularon con honor y supuso la independencia del virreinato. Décadas más tarde, durante la regencia del general Baldomero Espartero (1840-1843), tras la obligada abdicación y exilio de la reina gobernadora María Cristina de Borbón, un número significativo aquellos militares liberales-progresistas: oficiales y jefes que participaron en la batalla, formaron una camarilla entorno al general regente –que no estuvo en el combate porque había sido capturado–. Fueron hombres de su confianza que intervinieron de manera autoritaria en la administración del Estado con decisiones que afectaron a la economía nacional, al tiempo que favorecían algunos nombramientos militares. En 1842, sus adversarios políticos, el Partido Parlamentario –una fuerza política surgida de la alianza entre algunos sectores del Partido Moderado y una facción del Partido Progresista– les llamaron despectivamente los «ayacuchos».
Aunque no formaban un partido político, sí tenían un poder de coerción e incluso de manipulación en la corte que se hacía extensivo a todo el país. Por ello, El objetivo de la coalición moderados-progresistas escindidos no era otra que oponerse al gobierno de Espartero. Frente a esta, se posicionaba, el Gobierno del Partido Progresista y la Milicia Nacional, cuerpo militar de ciudadanos armados por los ayuntamientos que garantizaba la seguridad ciudadana. Así, en Chiclana, el poder local presidido por el alcalde Gil Sánchez, nombraba a sus jefes y oficiales. Aquí la mala praxis de los «ayacuchos» no difirió con respecto al territorio nacional. En 1843, pocos meses antes de la caída de su líder Espartero, la prensa nacional, en concreto el periódico «El Bien del país», se hacía eco de lo que estaba ocurriendo en la villa a finales de octubre. Tomaba la noticia del diario gaditano «El Comercio» de los días 24 y 25 de octubre:
«Tenemos noticia de que lo ayacuchos de Chiclana no perdonan medios por reprobados que sean para alejar del colegio electoral á nuestros amigos políticos en las elecciones que empiezan hoy [24 de octubre]. Hacen cundir la voz de que Espartero está ya en Galicia y esparcen otras mentiras semejantes con objeto de aterrar á los hombres pacíficos. Lo mas extraño, lo más digno de censura es que toman parte de estos manejos algunos empleados de rentas á quienes estaría mejor que cumpliesen en esta parte las órdenes del gobierno, que nos los mantiene en sus destinos para que ayuden públicamente á los enemigos de la situación».
Al día siguiente, también jornada de elecciones, volvía de nuevo a censurar la conducta de los «ayacuchos»: «Siguen en Chiclana los manejos de los ayacuchos. Los electores del partido parlamentario se les amenaza, se les cohíbe por mil medios reprobados para que no vayan á votar. Antes de anoche la música de la Milicia recorrió la población dando serenatas á ciertas personas marcadas, y tocando con este motivo el himno de Espartero [ cuyas primeras estrofas dicen: “A la lid, nacionales valientes, al combate, a la gloria volad]. «Dícennos que se ha querido celebrar por este medio indirecto el pronunciamiento de León». El periodista se refería que celebraban al fracaso del pronunciamiento militar, de octubre de 1841, contra Espartero en el que el general Diego de León, intentó secuestrar a la reina Isabel II y a su hermana Luisa Fernanda en el Palacio Real, y en la que se hallaba implicada la exreina gobernadora, María Cristina de Borbón.
El primero de noviembre, «El Comercio» anunciaba la noticia de la composición de la Diputación provincial después de los comicios en los que, el Partido Parlamentario, venció al Progresista. El representante de nuestra villa fue el abogado y empresario Salvador José Sánchez Manzorro. En otros pueblos, no hubo mayoría y la Ley electoral obligaba a se celebrar segundas elecciones. Con todo ello, la regencia del general tocaba a su fin. El 10 de noviembre la joven reina Isabel II juraba la Constitución de 1837 en el Palacio del Senado –el del Congreso de los Diputados estaba construyéndose entonces–. El 26 de diciembre se firmaba el decreto de suspensión y estrenando el año comenzaba un nuevo proceso histórico: «La década moderada» (1844-1854).
El gobierno del nuevo presidente del Consejo de Ministros, Luis González Bravo, abría las puertas al «moderantismo»; disuelve la Milicia Nacional y por Real Decreto de 23 de marzo de 1844, se crea el Instituto de la Guardia Civil, siendo parte esencial y fundador de ella, el II duque de Ahumada Francisco Javier Girón Espeleta de las Casas y Enrile. Se acabaron los «ayacuchos» en torno al poder, aunque pronto aparecía el término, «espadones», referido a otros militares que ejercerían su influencia sobre Isabel II durante su reinado y a comienzos del periodo de la Restauración.
En el último año del siglo XIX, 1900, Benito Pérez Galdós escribió con el nombre de «Los Ayacuchos», uno de sus Episodios Nacionales. La novela termina con las palabras del autor: «De todo esto se hablará en otra parte de estas historias (…) como la caída del gran Ayacucho, y el cuento de unas bodas más afamadas y no tan venturosas».
Bibliografía:
-BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA. Hemeroteca digital. El Bien del país. 30 de octubre de 1843; La Posdata, 31 de octubre de 1843 y El Corresponsal, diario de la tarde. Nº 1566- Madrid, lunes 6 de noviembre de 1843.
-PÉREZ GALDÓS, B. (1900): «Los Ayacuchos». Alianza Editorial. 1986.-
FOTO: Wikipedia. El general Baldomero_Espartero por Antonio Esquivel. Ayuntamiento de Sevilla.
