CONGRESO DE LA REAL ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE CRONISTAS OFICIALES EN GRANADA.
Oct 23 2026

POR AGUSTIN DE LAS HERAS, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIÉLAGOS (MADRID).

                                                                         

«Las lágrimas me subían a los ojos, y no eran lágrimas de pesar ni de alegría, eran de plenitud de vida silenciosa y oculta por estar en Granada» Miguel de Unamuno.
Hemos salido esta mañana de Madrid a las 10:00 en dirección a Granada. Hemos llegado al Gran Hotel Luna sobre las 14:20.
Después de escapar de los madriles automovilísticos sin apenas atasco hemos enfilado hacia la provincia de Toledo. La Mancha se ha dejado cruzar por Ciudad Real y tras Despeñaperros, navegamos por un mar de olivos.
He dejado las tierras donde Alfonso venció a Miramamolín en Las Navas y he surcado tierras de pueblos mineros donde en lugar de pasos de cebra se anunciaban pasos de linces. Las carreteras se embutían en cientos de kilómetros rodeadas por vallas para que el felino no se cruzara o bien fuéramos nosotros los que nos cruzáramos en su camino.
Al llegar al Bailén de Castaños hemos dejado el camino de Medina Azahara cogiendo la ruta de Jaén. Más olivos, muchos olivos, diera igual las tierras llanas o empinadas. A lo lejos enormes montañas se dibujaban en el horizonte. Pensaba que la sierra al sur de Granada se perfilaba en el paisaje. Pero las enormes alturas eran enanas cuando realmente en el paisaje aparecíeron tierras incluso nevadas compañeras del Mulhacén.
Según los kilómetros se agotaban el silencio del viaje sonaba, como decia Falla «En ninguna parte del mundo suena el paisaje como en Granada».
Hemos dejado las maletas en el Gran Hotel Luna. Luna para todos, para fieles y para infieles, según en el lado que te encuentres de la historia. Por mi parte llevo los pendones de Isabel.
Diez minutos andando ha sido la distancia hasta un restaurante recomendado. Gracias Domi Domi Parra por darme el lugar.
El restaurante Antonio Pérez nos ha dado de comer manjares. Una ensalada de tomate, de huerta, no de cámara, junto a anchoas, olivas negras y alcachofas confitadas. Una rabo de toro, del que las gentes van a buscar a ese lugar, junto a un solomillo de ternera a la brasa han llenado los segundos platos. Y una tarta de almendras con mermelada casera de frambuesas ha sido el colofón junto a un cortado. La sorpresa ha sido sentarme junto a una botella de guisqui conocida, Macallan de doce años.
Luego hemos tomado el camino de la Capilla Real de Granada.
Me ha sobrecogido estar en un lugar de historia y personajes conocidos. Una tumba de Isabel y Fernando junto a la de Juana y su viajante marido tras su muerte, la del Hermoso. Bajo el trabajo en mármol de Carrera estaba la cripta de plomo con ataúdes fríos y austeros que parecían anónimos.
Los retablos y cuadros, posteriores en el tiempo al edificio de barroco tardío, envolvían este tesoro histórico.
He escuchado las explicaciones de la aplicación sala a sala.
Me he embobado mirando la corona de Isabel y la espada de Fernando junto a los pendones de sus tropas.
Y en todos los lugares el águila con escudos que muchos se creen del siglo XX, al igual que el yugo, de la reina Ysabel, y las flechas de Fernando. Aunque cronistas posteriores les cambiaron las armas por eso de tanto monta, monta tanto.
Memoria histórica del XV no del XX como muchos creen.
Le he preguntado a un vigilante de la sala de nombre Manuel Javier sobre cómo bajar de La Alhambra hacia el río Darro. Y esto nos ha llevado a una conversación histórica sobre las torres de la fortaleza palatina. El chaval y yo estábamos encantados de hablar desde calles hasta el nudo gordiano. Y después de presentarnos me ha dicho, espera un momento Agustín, y ha atravesado una puerta de donde ha sacado dos CD de música catedralicia que me ha regalado.
Qué gran persona. Mañana intentare regalarle mi último libro de crónicas.
Al salir de la Capilla hemos buscado entre teterias el Paseo de los Tristes desde donde hemos mirado desde abajo a La Alhambra.
La compra de rosarios y cruces en la tienda de la tumba de los reyes no ha sido bastante. Y nos hemos perdido por La Alcaiceria donde no sabíamos si estábamos en Marrakech o.en Granada. Después de lámparas y cueros llegábamos a la plaza de Bib-Rambla, donde se encuentra la Fuente de los Gigantones.
Y en esa plaza he vuelto a probar un vino granaino juntos a quesos y jamón de esta provincia.
Ya recogidos en el hotel hemos coincido con el «presi» Juan A.Alonso Resalt Juan Alonso Resalt con Jose Julio, cronista de Cobeña y mi buen amigo Martín Sánchez Martin Sanchez Gonzalez cronista de Getafe.
Antes de subir a la habitación conversamos con dos cronistas zacatecanos.
Mañana tocará subir a La Alhambra.

FUENTE:https://www.facebook.com/agustin.delasheras

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