NOCHE DE ÁNIMAS
POR JOSE ANTONIO AGUNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE MALPARTIDA DE CÁCERES (CÁCERES).
Hace décadas, en días como estos dedicados en el orbe católico a la oración y al recuerdo de las personas fallecidas, pasaban los monaguillos la jornada tocando las campanas a difunto, a ratos doblando, a ratos “dindeando” (que era como se llamaba el toque característico que avisaba al vecindario de los “dindes” o entierros de párvulos). Para entretener el tiempo y mantenerse desvelados, los muchachos preparaban una lumbre o subían un brasero al campanario con los que calentarse, aprovechando sus brasas para asar castañas, comer golosinas como buñuelos y churros y beber traguitos de vino dulce que el cura les daba. Y así toda la noche del día de los Santos al de Fieles Difuntos: don… don… don…, din… din… din…, con una cadencia triste y monótona que sobrecogía el alma.
“Sangrienta fogata en el campanario
Pintan las alturas de un rojo espectral
Dibuja en el rostro palidez de osario. En los aires zumba el rito ancestral”.
Tradiciones para el recuerdo.
