POR EDUARDO JUÁREZ VALERO, CRONISTA OFICIAL DE REAL SITIO DE SAN ILDEFONSO (SEGOVIA).
Pasadas las ocho de la tarde del 8 de marzo de 1921, Eduardo Dato, presidente del Gobierno, abandona el Senado y se dispone a regresar a su domicilio, en el número 4 de la calle Lagasca en Madrid. Tiene 64 años, es presidente del Consejo de Ministros y lleva décadas formando parte de la primera línea de la política española. Nada hace pensar que aquellos son sus últimos minutos de vida.
El político gallego sube a su automóvil oficial. Viaja solo en el habitáculo trasero. Delante van el chófer y su asistente. El vehículo, un Marmon 34 que todavía se puede ver en el Museo del Ejército de Toledo, atraviesa las calles del centro de la ciudad. A poca distancia, una motocicleta Indian con sidecar ocupada por tres hombres le sigue de cerca.
Cuando el automóvil llega a las inmediaciones de la Puerta de Alcalá, la moto se coloca muy cerca y sus ocupantes disparan. La descarga es brutal. El coche continúa avanzando mientras las balas atraviesan la carrocería. El conductor acelera. Cuando dan por muerto a Dato, los motoristas huyen.
Dato queda reclinado hacia la ventana derecha, ya inerte. El automóvil se dirige finalmente hacia la casa de socorro más próxima, y cuando llega, los médicos comprueban que el presidente es ya un cadáver.
«En total son 18 disparos los que, según parece, hubo, y de ellos ocho impactan directamente en el cuerpo de Eduardo Dato. Tres mortales», explica Ángel Herrerín, catedrático de Historia Contemporánea de la UNED. Herrerín dirige, junto a Eduardo Juárez, profesor de Historia de la Universidad Carlos III, el seminario Matar al presidente, que se celebra en el Ayuntamiento de La Granja de San Ildefonso (Segovia) hasta el 27 de noviembre.
La primera reconstrucción de lo sucedido se apoyó en los testimonios de quienes habían presenciado el ataque. Entre ellos, un diputado que viajaba en un tranvía y que pudo observar la motocicleta con sus tres ocupantes. La policía consiguió de esta forma una pista: la moto con sidecar de color rojo oscuro utilizada para el ataque.
¿Pero por qué habían elegido los asesinos a Eduardo Dato? La respuesta se encuentra en la situación de violencia que atravesaba España en ese momento, especialmente Barcelona.
Dato pertenecía al Partido Conservador, y había llegado tres veces a la presidencia del Consejo de Ministros. Era un hombre de orden, aunque también había mostrado una preocupación social que lo distinguía de otros dirigentes conservadores. Entre sus iniciativas destaca la legislación sobre accidentes de trabajo, o la limitación de la jornada laboral de niños y mujeres.
Sin embargo, aquella sensibilidad social convivía con una posición de firmeza frente a los movimientos revolucionarios. Dato había participado en la represión de la huelga general de 1917, pero el punto de inflexión llegaría cuando nombró gobernador civil de Barcelona al general Severiano Martínez Anido.
Eduarto Dato, en un retratato de Eduardo Díaz Molina.
Eduarto Dato, en un retratato de Eduardo Díaz Molina.Colección Municipal Dispersa y Ermita de San Antonio de la Florida (Madrid)
La huelga de La Canadiense, en 1919, se había saldado con una importante victoria de los trabajadores. Desde ese momento, la represión y la tensión social derivaron en una espiral de violencia entre las autoridades y la patronal, por un lado, y los sectores más radicales del anarquismo, por el otro. El nombramiento de Martínez Anido, en noviembre de 1920, como gobernador civil de la Ciudad Condal fue, por tanto, el motivo determinante del asesinato de Dato. Con Martínez Anido se aplicaron fuertes métodos represivos, como la ley de fugas: detenidos que, supuestamente, intentaban escapar y eran abatidos por la espalda. Es en ese contexto en el que el asesinato de Dato se diseña como una represalia. El objetivo no era tanto eliminar a un dirigente conservador por su ideología como castigar a quien permitía que la represión se extendiera en Barcelona. «Parece ser que la orden sale del Comité Regional de la CNT de Cataluña», apunta Herrerín.
Los preparativos habían comenzado semanas antes. Los tres hombres encargados de ejecutar el plan eran Luis Nicolau, Pedro Mateu y Ramón Casanellas. Los dos últimos se ocuparon de trasladar la motocicleta hasta Madrid. Por su parte, Nicolau se había instalado antes en la ciudad con su compañera, alquilando una habitación en la calle de Alcalá, 142. La Indian se había averiado en el largo viaje desde Cataluña y necesitaba reparaciones. Uno de los talleres a los que acudieron estaba en la calle de Hermosilla, donde la arreglaron. Durante los días previos, los anarquistas estudiaron los desplazamientos del presidente. Dos de ellos ocupaban una vivienda en la misma calle de Alcalá, 164.
La tarde del 8 de marzo, los tres anarquistas ejecutaron con precisión el ataque. Ramón Casanellas conducía la moto cuando al entrar por la plaza de la Independencia, que alberga la Puerta de Alcalá, abrieron fuego a bocajarro contra el coche de Dato, primero por detrás y después en paralelo. Tras matar al presidente, emprendieron la huida por la calle de Serrano.
La moto con sidecar que se usó en el atentado. La imagen se publicó en el ‘Heraldo de Madrid’ el 12 de marzo de 1921.
La moto con sidecar que se usó en el atentado. La imagen se publicó en el ‘Heraldo de Madrid’ el 12 de marzo de 1921.Marín y Ortiz.
La investigación comenzó inmediatamente, pero no estuvo exenta de confusiones. Los primeros testimonios no coincidían y la incertidumbre era evidente. Se llegó a hablar de varias motocicletas y de distintos recorridos. Finalmente, la descripción de una Indian con sidecar y matrícula borrada se convirtió en el principal hilo del que tirar. La pista decisiva llegó de una manera casi casual. Un suboficial de la Guardia Civil escuchó en un establecimiento de Cuatro Caminos el relato de un carretero que aseguraba haberse cruzado con una motocicleta ocupada por tres hombres poco después del atentado. El vehículo había estado a punto de atropellarlo en la calle Arturo Soria.
Las pesquisas condujeron hasta un local utilizado como garaje en esa misma calle de Arturo Soria, y al registrar el inmueble, los agentes encontraron la Indian, además de armas y otros objetos. La revista Mundo Gráfico publicó un extenso reportaje, el 13 de marzo de 1921, donde se pueden ver numerosas fotografías del lugar que alquilaron los asesinos para guardar la motocicleta, así como de los agentes de la Benemérita que localizaron el vehículo y de los oficiales de la Sección Dactilográfica, dependiente del Ministerio de la Gobernación, que obtuvieron las primeras huellas dactilares de los anarquistas.
A partir de ahí, la policía reconstruyó los movimientos de los sospechosos. Los nombres falsos, los alquileres y las declaraciones de quienes habían tratado con ellos fueron componiendo el rompecabezas. La investigación llegó hasta el bajo donde se alojaban Mateu y Casanellas, y cinco días después del atentado, Mateu fue detenido al regresar al domicilio. Según publicó el periódico La Acción del 14 de marzo de 1921, el catalán les dijo a los agentes que lo capturaron: «Yo hice mi justicia; hagan ustedes ahora la suya». Este medio incluía en su crónica que el anarquista, de 24 años, llevaba consigo una pistola marca Star «cargada y montada para disparar».
Nicolau, en cambio, había conseguido huir en tren acompañado por su mujer, pero en septiembre de 1921 fue localizado en Berlín y extraditado a España, donde fue condenado a pena de muerte. Después, fue conmutada a cadena perpetua, y se benefició de la amnistía que concedió la Segunda República. Finalmente, acabó fusilado en la Guerra Civil.
Mateu, por su parte, también fue amnistiado por la República y se fue a Francia, donde militó en el movimiento libertario. Falleció en 1982.
Por último, Casanellas huyó a la URSS, donde llegó a ser comandante del Ejército rojo. En 1931 regresó a España para reorganizar el Partido Comunista, y murió, paradójicamente, en un accidente de moto en 1933.
FUENTE:https://www.elmundo.es/madrid/2026/11/03/6ae71001fdddff65568b457b.html#goog_rewarded
