POR ANTONIO BOTIAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA.
Hay hombres que llevan la huerta, a golpe de azada y lucha contra el bancal, retratada en sus manos. Otros, y cada vez son más numerosos, en la memoria. Y algunos, los menos, la atesoran en la palabra. Son capaces de improvisar un verso mientras el resto aún andamos buscando la primera frase. En Murcia, a esos hombres se les ha llamado troveros. Y conviene no olvidarlo, porque en sus coplas se conserva una parte de nuestra historia que sorprendió hasta los mismísimos señores académicos de la Lengua.
Este viernes, 6 de noviembre, las XI Jornadas sobre el Trovo en La Arboleja tendrán uno de esos momentos que justifican cualquier celebración de nuestras tradiciones: el homenaje a Pedro López, conocido como ‘El Cardoso’, trovero de Sangonera la Verde. Será a las ocho y media de la tarde, en el Centro Cultural de La Arboleja.
No se trata solamente de dedicar una velada a un hombre. En Murcia, como es sabido, se homenajea a cualquiera que pase por la puerta. O se le nombra pregonero. Pero, en esta ocasión, se trata de reconocer una manera de entender la vida. Porque el trovo no es una reliquia que se guarda en una vitrina ni una curiosidad para entretener a quienes todavía sienten cierta debilidad por las tradiciones.
El trovo es una expresión popular que seguirá viva mientras haya alguien dispuesto a recoger el guante de una controversia (que así se llaman esos espléndidos debates poéticos improvisados) y responder con una décima, en tanto una guitarra acompañe una ocurrencia y mientras el ingenio consiga arrancar una sonrisa a quienes escuchan.
El trovero tiene algo de poeta, bastante de actor y mucho de hombre de la calle. No necesita encerrarse en un despacho para encontrar inspiración. Le basta con mirar alrededor. La vida cotidiana, las alegrías, los desengaños, las disputas, los amores y hasta las pequeñas miserias de cada día le proporcionan materia suficiente para construir sus versos. Y luego está la improvisación, ese prodigio que convierte una conversación en espectáculo y que obliga al trovero a pensar con la rapidez de quien sabe que no puede permitirse el lujo de quedarse callado.
‘El Cardoso’ pertenece a esa tradición que encontró en la huerta murciana uno de sus territorios más fértiles. Su nombre está ligado a Sangonera la Verde, una tierra donde la palabra, la convivencia y las costumbres populares han mantenido durante generaciones una forma muy particular de entender la cultura. Célebre era su cuadrilla, célebres sus aguilandos. Y hasta la famosa Tía Pereta, inventora de la jota de Aljucer, que en realidad es la de Sangonera, pues allí nació la señora y allí aún se la recuerda como la Tía Sota.
Resulta muy oportuno que las jornadas de La Arboleja le dediquen este reconocimiento a un buen hombre y grande trovero, en altura y en voz. La huerta necesita que se cuenten sus historias, pero también que se escuche a quienes son capaces de expresarla. Y pocas cosas hablan de esta tierra con tanta autenticidad como el trovo. En sus décimas hay humor, picardía, crítica, sabiduría popular y una extraordinaria capacidad para convertir lo cotidiano en literatura.
El viernes habrá también un taller de trovo en el colegio, a cargo de Patricia Navarro, ‘La Trovera’, y la entrega de premios del certamen. Después llegará la muestra de trovo de la Asociación Trovera José Travel Montoya, ‘El Repuntín’, con el Grupo ‘El Patiñero’.
El sábado continuará la programación con la presentación del libro ‘Memoria poética de la Aurora de Santa Cruz’, de Luis Paz Esquivel ‘Papilló’ y Manuel Herrera Pérez, y una muestra de trovo a cargo de Anamarys Gil Méndez, de Cuba. La jornada concluirá con una sesión de ‘Trovo Trasnocho’ en Los Pájaros Ateneo Huertano.
De todo, me quedo con el homenaje a ‘El Cardoso’, a quien cuento entre mis más estimados amigos. Y hasta maestro, pues bien supo enseñarme hace ya casi cuatro décadas cómo se canta el auténtico aguilando. A menudo nos empeñamos en buscar la grandeza lejos, cuando tenemos junto a casa personas que han contribuido a mantener vivo un patrimonio extraordinario.
El homenaje a Pedro López será una buena ocasión para recordar que la huerta y el campo murcianos no solo se heredan: también se hablan, se cantan y se improvisan. Que no se nos olvide. Porque cuando desaparece una voz como la suya, no perdemos únicamente a un trovero. Perdemos una manera de contar quiénes somos.
