ÁVILA EN EL TESORO DE MARY QUIÑONES DE ARANGUREN, REFLEJO DE LA CULTURA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX (y II)
Nov 08 2026

POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.

                                                       

Tal y como decíamos en nuestra anterior entrega, “El tesoro de Mary” es el libro de María Pilar Quiñones Villanueva, esposa del filósofo José Luis López Aranguren Jiménez, compuesto a partir de un ilustrativo álbum de dedicatorias a la anfitriona, firmadas por intelectuales y artistas reunidos en torno suyo, y ahora tributado a Ávila, que se presentó 3 de noviembre en El Episcopio.
El libro es una colección excepcional de poemas, textos y dibujos realizada durante treinta años de treinta y seis escritores, intelectuales y artistas que son un reflejo de buena parte de la cultura española del siglo XX.
Tal y como anticipamos entonces, Mary Quiñones rescató de primera mano, a través de la escritura, caligrafías, trazos manuscritos, dedicatorias y firmantes, una serie de colaboraciones de las que cabe destacar su valor artístico y literario, las cuales trascienden al motivo circunstancial en el que se produjeron, añadiendo especiales relevancias históricas y culturales, lo que evidencia la necesidad de compartirlas con el público general.
Adentrado en la personalidad de los protagonistas del libro, en la primera parte de este reportaje, publicada el pasado domingo, ya nos ocupamos de las rúbricas de los Hermanos Álvarez Quintero, Dramaturgos y poetas, Francisco Rodríguez Marín, Ricardo León, Jacinto Benavente, Blanca de los Ríos, Mariano Benlliure, Armando Palacio Valdés, Eduardo Marquina, Concha Espina, Gregorio Martínez Sierra, Federico García Sanchiz, Manuel Benedito Vives, Gregorio Marañón, Manuel Machado, Antonio Machado y Ramón Menéndez Pidal.
Y continuando con aquel padrón, ahora no detenemos en la terna de personajes que ilustran “El tesoro de Mary” a partir de los años cuarenta, con los cuales compartimos en Ávila los lazos de paisanaje y querencias comunes, muchas veces guiados por las influencias de los místicos abulenses Teresa de Ávila y Juan de Yepes.
En esta línea figuran los nombres de Eugenio d’Ors, Adriano del Valle, Emilio García Gómez, Aron Cotrus, Virginia A. Cotrus, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Gabriel Marcel, Rafael Zabaleta, José María Pemán, José Camón Aznar, Gerardo Diego, Joaquín Vaquero Turcios, Pedro Mourlane Michelena, Rafael Sánchez Mazas, José María Valverde, Benjamín Palencia, Pedro Laín, José Ortega y Gasset y Vicente Aleixandre.
El filósofo y académico Eugenio d’Ors y Rovira (1881-1954) escribe en el cuaderno de Mary Quiñones: «A José Luis, yo decía cuando a mí lo acercó mi estrella, / cuánto gana Filosofía, / si gustada por mujer bella». Y a su figura, Antonio Machado fecha en Ávila en 1921 el poema que le dedica: «Un amor que conversa y que razona, / sabio y antiguo —diálogo y presencia—, / nos trajo de su ilustre Barcelona; / y otro, distancia y horizonte: ausencia, / que es alma, a nuestro modo, le ofrecimos».
Por su parte, José Luis López-Aranguren escribió La filosofía de Eugenio d’Ors (Ediciones y publicaciones españolas, 1945), dedicado a su maestro y constituyendo entonces uno de los primeros estudios monográficos dedicados a analizar el pensamiento y la figura intelectual de filósofo y ensayista catalán.
Finalmente, en Ávila, en el Museo Caprotti – De la Torre, abierto en el palacio de Superunda, se exhibe un expresivo busto en bronce de Eugenio d’Ors, esculpido por Óscar Caprotti, ubicado en la antesala de sendos retratos pintados por Sorolla de Félix de la Torre y Laura Hernández, abuelos del escultor, y junto a la obra pictórica de su padre Güido Caprotti da Monza.
El poeta altruista sevillano de la generación del 27 Adriano del Valle (1895-1957) caligrafió en el álbum de Mary Quiñones:
«A María del Pilar. / En vísperas de la aparición / del libro de su esposo. / Un ángel nos lo trajo de la mano / y el viento de Castilla nos lo lleva, / el obelisco de su mente eleva / a la lumbre del sol astigitano. /… bajo la excelsa cumbre de su frente / su siembra floreció, revive el fruto, / y nace en la más clara Andalucía / mediterránea flor con su simiente…».
Es poesía modernista que Adriano bebió de Rubén Darío, el poeta nicaragüense enamorado de nuestra paisana de Francisca Sánchez, la “Princesa Paca”, natural del pueblo abulense de Navalsauz donde fue a pedir su mano (“De Rubén Darío: en tierra avilesa: fiestas campesinas”, La Nación, 17/12/1899).
En 1916, Adriano conoció a Federico García Lorca, con quién trabó una gran amistad, uniéndose desde entonces con la generación del 27 (Mº Reina Sofía). Es el mismo año en el que el 19 de octubre Lorca visita Ávila en viaje de estudios, donde quedó fascinado por la figura de santa Teresa y la ciudad amurallada (Impresiones y paisajes, 1918).
Años después, en 1933, Adriano del Valle fue galardonado con un accésit, junto a Vicente Aleixandre, que obtuvo el primer premio, en el Concurso Nacional de Literatura que falló el jurado compuesto por Manuel Machado, Gerardo Diego y Dámaso Alonso, por su obra “Mundo sin tranvías”.
Sobre esta convocatoria del premio literario, que cada año hacía el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, cabe añadir que en este tiempo fue ministro del ramo Francisco Barnés, profesor de historia que fue del Instituto “Vallespín” y diputado por Ávila.
Finalmente, volvemos a reencontrarnos en Ávila con Adriano del Valle través del fontivereño San Juan de la Cruz en la revista Escorial 11/1942, nº 25: «Geográfico tatuaje. / Allí pájaro y pez, allí la rosa, / dan al color voltaje, / y en luz filamentosa / quema su atlas, febril, la mariposa».
El filólogo arabista Emilio García Gómez (1905-1995), Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1992, el mismo reconocimiento con el que fue distinguido José Luis López-Aranguren en 1995, dejó su testimonio de amistad y gratitud en la siguiente dedicatoria a Mary:
«Tú hiciste con mi alma y por inconsciencia / resolviste acabar con ella / y el alma se me va. / Soy como un pajarillo en la mano de un niño / que, por puro juego, lo hace beber en los / aljibes de la muerte».
La obra de Emilio García Gómez supuso una revolución en el estudio de la literatura andalusí y la conexión entre la poesía clásica árabe con la cultura occidental. En su memoria, la Universidad de Granada creó en el año 2000 una cátedra con su nombre, la cual fue ocupada honoríficamente por la puertorriqueña Luce López Baralt, considerada legítima heredera de las investigaciones del profesor Emilio García y una de las mayores expertas en mística española e islámica.
Finalmente, resulta que por tales méritos, Luce López Baralt fue galardonada en 2024 con el XX Premio de las Letras “Teresa de Ávila” que concede el Ayuntamiento abulense, declarando entonces:
«San Juan de la Cruz y Santa Teresa significan algo medular en mi obra y en mi conciencia espiritual», y sus ‘delirios místicos’ me llevaron a los sufíes, los místicos del islam, comprobando en seguida los elementos comunes en la obra de todos ellos, también del Cantar de los Cantares, pese a las culturas dispares y a los siglos que les separaban (DAV, 5/10/2024)..
El poeta rumano Aron Cotrus (1891-1961), diplomático exiliado en España, cercano al círculo del filósofo Eugenio d’Ors y el poeta del 27 Adriano del Valle (El Español, 23/03/1955), dedicó la siguiente canción a Mary Quiñones, fechada en 1946: «Una canción a la amistad quisiera cantar, /como me lo manda el corazón: / en un verso tempestuoso / y luego abrazar el vacío infinito…».
En su obra, destaca el título “Rapsodia Ibérica” (Ed. Los Cárpatos, 1954), prologado por Camón Aznar e ilustrado por el pintor por Ávila Daniel Vázquez Díaz. También escribió varios libros de poemas, donde ofrenda estos versos castellanos:
«Castilla desbordada de hombres y piedras / con su gigantesco clarín al costado / se estremece hasta las entrañas / y, como a un signo de otro mundo, / vuelve a sentirse áspero, impetuoso caudal / pronto a crecer, cual la tormenta crece / hacia una España libre…» (E. Cultura Ibérica, 1951).
La traductora y escritora Virginia A. Cotrus (1895? – 1953), esposa de Aron Citrus, dibujó una mujer hilandera rumana y caligrafió en el álbum de Mary Quiñones: «El placer de acercarte a las / personas no está en lo que / ellos puedan darte con su simpatía, / sino en lo que tú sientes por ellos (Madrid, 27 de octubre de 1946)».
En su obra destaca la publicación del cuento rumano “Por la muerte a la vida” (Arriba, 3/01/1944), cuyo título nos trae a la memoria la leyenda abulense de la calle “De la Muerte y la Vida” sobre la que se dice que el pretendiente que debía batirse en duelo «no traía la Muerte bajo su brazo, sin que era el señor de la Vida».
Igualmente, Virginia Cotrus escribió sobre el Misterio de Elche, san Francisco de Asís y Gabriela Mistral, la poetisa que recordamos en Ávila en sus textos teresianos y la mujer que «excede sus propios límites humanos» (Amanecer, 19/04/1947),
El poeta y arquitecto Luis Felipe Vivanco Bergamín (1907-1975), de la generación del 36, recorre Ávila y visita El Cerezo y escribe los versos de su “Soneto frente a Ávila” en el cuaderno de Mary:
«Desde El Zerezo/ Ya estoy aquí, Señor donde te sueña / Recién herrado y ponto tu novillo / donde tu Ávila cerca y tu tomillo / Tu viento grande, tu Ávila pequeña…».
Así mismo, en sus diarios (Taurus, 1983), Luis Felipe Vivanco apunta: «Estoy planeando unos poemas sobre Ávila. El primero sería una salutación a Ávila; desde el tomillo y su calor nocturno en el viento, desde los cerros pelados, desde los cardos que crecen entre la hierba del soto… Me levanta el ánimo el paisaje de Ávila. […]
¡Honduras castellanas! De estrellas y constelaciones de Gredos; hondura de Ávila con murallas y hondura de convento y de Dios. Hondura de Misa temprano y de callejas con tapias, de campanas y de laderas rocosas. Hondura de silencio en las cumbres nevadas».
Fruto de la atracción que siente por Ávila es también el poema “Qué bien sé lo que quiero”:
«Qué bien sé lo que quiero: sólo un trozo – con rocas, / Junto al río Voltoya – de la provincia de Ávila…» (El descampado, 1957). A dichos versos añadimos también el auto castellano “Subida a la cumbre”: «Extramuros humildes de Ávila. Compás de un convento. Un grupo de mendigos espera su pitanza del mediodía».
Su obra sobre Ávila concluye con el poema dedicado al padre Alfonso Querejazu, con quien participó en las Conversaciones de Gredos titulado “Criatura desde Gredos”: «Lo ajeno al alma: las estrellas. / Caminemos siempre con ellas / hasta llegar a lo otro ajeno: centella en tu íntimo seno» (Lugares vividos, 1974).
El poeta Leopoldo Panero (1909-1962), Premio Nacional de Literatura, de la generación del 36, rotuló en el cuaderno de Mary: «Mis ojos en su cuna / vuelto costumbre en el sol, la luna / y las claras estrellas el Teleno / mi memoria acompaña, y en mi seno / de piedad y silencio el tiempo acuna».
De la misma manera, especial significado tiene el soneto “Quietud amurallada” (Ávila, la noche), dedicado, esta vez, a José Luis Aranguren: «¡Oh suelta piedra gris del yermo frío! / Ávila está desnuda junto al cielo, / fugitiva del tiempo, toca el suelo / para dar a sus alas nuevo brío…». Es el poema que ensalzó el poeta y sacerdote abulense Jacinto Herrero:
«Al glosar hoy su soneto a Ávila, quisiera testimoniar mi admiración por él (amigo ahora al releer sus versos), y manifestar mi punto de vista respecto a Ávila. Sé que no puedo sentir ante ella como Panero. Él pudo ver esa ciudad intemporal inmóvil, de su sueño o su pureza. Yo, que vivo al arrabal de su muralla, la siento temporal y cotidiana…» (Ávila la casa, 1969).
Con tal motivo, compuso 14 sonetos en los que el final de cada uno coincide con el primero de la poesía de Panero.
En la misma época, Leopoldo Panero escribió “Lontananzas de Ávila”, poema nostálgico dedicado a la ciudad de Ávila vista desde la lejanía:
«Detrás de tus murallas, ¡oh cautiva!, / te ciñe lentamente de añoranza, / violeta de estupor, la lontananza / que exalta la llanura en piedra viva. / Te he visto muchas veces fugitiva, / mientras el tren en soledad avanza / al pie de tu quietud, de tu pujanza / maciza de hermosura, a Dios altiva» (Obras completas. Poemas inéditos, 1973)
El dramaturgo y filósofo francés Gabriel Marcel (1889-1973), adscrito al “existencialismo cristiano”, escribe en su idioma una dedicatoria del emotivo recuerdo de su paso por Madrid. Por su parte, José Luis Aranguren, apuntó en el prólogo del libro del catedrático de Filosofía Feliciano Blázquez Carmona, natural del pueblo abulense de Villarejo del Valle:
«Yo conocí personalmente a Gabriel Marcel en la primavera del año 1948… Tuvimos frecuentes ocasiones de hablar, principalmente, claro está, de filosofía… Pero también hablamos de Ávila, mi ciudad natal, que por su unidad y pureza le produjo mayor admiración que Toledo y El Escorial, admiración a la que, sin duda, no fue ajena el por entonces recién éxito de Le Maître de Santiago, la obra teatral de Henri de Montherlant, cuya acción se desarrolla precisamente en nuestra ciudad» (La Filosofía de Gabriel Marcel, Ed. Encuentro, 1988).
Igualmente, el profesor Feliciano Blázquez se ocupó de la edición en seis volúmenes de las obras completas de José Luis López Aranguren (Ed. Trotta, 1994-1997), de quien también quiso destacar su libro titulado “Ávila de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz” (DAV, 20/06/2015).
Por último, Feliciano Blázquez dedicó una segunda monografía al filósofo francés (Ed. Orto, 1995), y de la misma manera, el abulense y profesor de la Complutense, José Luis Cañas Fernández, también se ocupó de la obra de Gabriel Marcel en un título más (Gabriel Marcel, Ed. Palabra, 1998).
El pintor Rafael Zabaleta Fuentes (1907-1960) plasmó en el cuaderno de dedicatorias todo su estilo pictórico en hermoso dibujo expresionista y postcubista, un bodegón de trazo fino en el que reúne todos los elementos de su peculiar y original maestría con la que retrató paisajes, segadores, aceituneros, campesinos y campesinas, faenas agrícolas, maternidades, romeros, ferias, fiestas, etc., un mundo rural de lo cotidiano y una temática del campo andaluz y el arte popular tremendamente familiar en Ávila.
Aunque Zabaleta no pintó la tierra abulense, sí que lo hicieron pintores que, de alguna manera, influyeron en su lenguaje visual, tales como José Gutiérrez Solana y Daniel Vázquez Díaz. Como ilustrador, colaboró con Camilo José Cela en la traducción al gallego de la “La familia Pascual Duarte”, y con Chueca Goitia en “Semblante de Madrid (Revista de Occidente, 1951).
Tanto Cela, casi convecino abulense en “Judíos, moros y cristinos” (1956), como Chueca en cursos y publicaciones con la Fundación Santa Teresa de la Diputación, tuvieron una estrecha vinculación con Ávila. Igual relación que observamos entre Zabaleta y Benjamín Palencia, pintor de Ávila y del valle del Corneja, quien escribió «a mi amigo Rafael Zabaleta» en una acuarela y un dibujo.
El poeta, dramaturgo y académico José María Pemán (1897-1981), dejó su huella en el siguiente texto a Mary: «Sobre la nieve va el ánsar / sobre la nieve… / Sus huellas las va borrando / la misma nieve. / Sobre estas páginas blancas / como la nieve / a Pilar le van tirando 7 leves flores, / gracias leves… / Su humildad las va borrando / con la nieve».
A José María Pemán le vemos en Ávila a través de las repetidas representaciones de su obra “El divino impaciente” en el Teatro Principal y otros escenarios de la capital y provincia, así como en diversas conferencias y en la promoción de la academia poética de San Juan de la Cruz (DAV, 3/07/1959), y aquí estuvo en la inauguración de la escultura erigida en honor del santo en la plaza Corral de Campanas (DAV, 18/01/1966).
Un poema dedicado a Ávila lleva por título” Huerto de los Cepeda” que concluye así: «Todo el valle de Amblés, pardo y brumoso, / se muestra ante los niños. Por el suelo, / calcinado el sol de pleno estío / las aguas del Adaja van corriendo, / con un pausado murmurar de vida / entre las piedras de los campos muertos».
Finalmente, Pemán también pregonó a san Pedro de Alcántara en Arenas de san Pedro y dedicó a Santa Teresa el discurso inaugural de los actos programados en su honor organizado por el Instituto de España (DAV, 30/05/1963), igual que lo hizo con motivo de la conmemoración de Isabel la Católica en Madrigal de las Altas Torres» (DAV, 3/07/1949).
José Camón Aznar (1898-1979), catedrático, crítico de arte y académico brinda con varios aforismos: «- Toda la creación me rodea con sus dientes y yo le ofrezco mi cuello. / – Ya sé quién eres. Eres el Cordero de Dios. / – En la meditación las primeras ideas, como los primeros copos de nieve no se cuajan. / – ¿Estás en escena? Pues muere a lo romano».
En Ávila, Camón Aznar discursa con el título “Santa Teresa de Jesús, patrona de los escritores españoles” (Ed. Instituto de España, 1966), y reflexiona sobre el valor espiritual y estético de la obra teresiana:
La interpretación intelectual de Teresa de Jesús «tiene que realizarse, no desde una pura valoración literaria o histórica, sino, y sobre todo, desde el misterio de un alma que se halla en perenne comunicación con la divinidad» (Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar de Zaragoza, nº10/1982).
El catedrático y poeta de la Generación del 27 Gerardo Diego (1896-1987) concluye así su larga dedicatoria musical a Mary Quiñones, ambientada con la música de Robert Schumann: «… Una mano piadosa – tan curiosa – abrirá / las ventanas de la rosa / y nuestros sueños se irán de vuelo / Quedará el aire ardiendo de oro y talco, / el mañana al ayer llegará en calco y en ya otra parte dormirá otro cielo».
Una vez más, encontramos la herencia abulense de Teresa de Ávila en la obra de Gerardo Diego en el poema “Rosa mística”: «Era ella, y nadie lo sabía. / Pero cuando pasaba / los árboles se arrodillaban. / Anidaba en sus ojos el Ave María / y en su cabellera se trenzaban las letanías. / Era ella. / Era ella» (“Imagen. Poemas”, Gráfica ambos mundos, 1922).
Más aún, resultan ilustrativos el poema «Teresa y el agua» por su dimensión mística y el simbolismo del agua propio de la espiritualidad teresiana; y el titulado «Lámpara de fuego», dedicado a San Juan de la Cruz (Versos divinos, 1971).
A ello, añadimos el entusiasmo del poeta por el campo soriano, el cual trasladamos al medio rural abulense: «A la trilla, trilladores, / que el alba amarilla brilla, / y las estrellas rastrilla, / y es ya amarilla Castilla» (Soria sucedida, 1977)
El pintor, escultor, arquitecto y académico Joaquín Vaquero Turcios (1933-2010) dedica a Mary Quiños un bello dibujo de una marina fechado febrero de 1949.
Es la misma inspiración y contraste que le llevó a ilustrar el libro “Sonetos a la vida y fundaciones de Santa Teresa de Jesús” del abulense de adopción Luis López Anglada (Ed. Espiritualidad, 1985), quien vivió estrechamente vinculado a Burgohondo y fue el primer juglar de Fontiveros, de cuyas localidades ha sido distinguido como hijo adoptivo.
López Anglada encabeza su libro de sonetos con los siguientes versos: «Hirióme con una flecha / enherbolada de amor…» (Santa Teresa); y ¡Oh, prado de verduras, / de flores esmaltado¡ / decid si por vosotros ha pasado» (San Juan de la Cruz). Otro soneto dedicado a Ávila empieza así: «¡Oh qué ciudad para nacer!».
El periodista y crítico literario Pedro Mourlane Michelena (1888-1955), dejó grabada la siguiente literatura el 14 de marzo de 1946:
«Andaluz es aquel, que juega / a los dados sobre un tambor todo / el botín de un asalto. Otro antes que él se / ha jugado las torres de Notre Dame / de París a un caballo de copas. Y otro, / en fin, y antes aún jugó y perdió / su sombra, ya cansado de tanta compañía…».
Por otro lado, Michelena para en Ávila durante la Guerra Civil, donde publica su libro “Cómo fui ejecutado en Madrid”, firmado con el pseudónimo de «El Fugitivo», el cual fue impreso por Sigirano Díaz en 1937.
Posteriormente, Pedro Morulane es uno de los invitados de la Duquesa de Valencia, Luisa Narváez, en las tertulias donde se trataba sobre el futuro político de España en el palacio de Los Águila (Ernesto Escapa, Diario de León, 27/06/2010).
Por su parte, José Luis López-Aranguren dedicó en 1949 un conocido ensayo a Pedro Mourlane Michelena titulado “Aprecio de don Pedro Mourlane” (Crítica y Meditación, Taurus, 1957), reseñado por Eduardo Creus:
«La modestia, timidez, elegancia y nobilísima ironía que, junto con su noble incapacidad para la intriga y los empujones, le han desinteresado del lugar que hoy debiera ocupar en las letras españolas» (Diccionario de ensayistas, U. Pompeu, 2019-2022).
El periodista, escritor y político Rafael Sánchez Mazas (1894-1966) dejó así su impronta:
«Las Parcas. / Girad, girad locas devanaderas / mientras dura el vivir enamorado. / Hilad aprisa, hilad ruecas de hilo dorado, / para las horas venideras. / Y haced que Mary siempre tenga el tiempo encantado / mientras podáis, divinas hilanderas».
De igual manera, en el artículo “España amarga” transcribió parte del prólogo Fr. Justo Pérez de Urbel del libro de “Leyendas de Ávila”, de José Belmonte:
«Es Ávila. Ávila de los Santos y de los cantos, panera, baluarte, muralla: pero también drama, poesía, leyenda, la leyenda propia de una tierra fuerte y compacta, que es aire puro y nieve fría, y almena y blasón y altivez y bravura…» (La Hora nº 1/1948).
Y en el padrón familiar de Sánchez Mazas encontramos a su nuera Carmen Martín Gaite, esposa de Rafael Sánchez Ferlosio, guionista de la serie de TVE “Santa Teresa de Jesús” (1982), dirigida por Josefina Molina y protagonizada por Concha Velasco, donde Ávila luce su esplendor en el siglo XVI.
El poeta José María Valverde (1926-1996), catedrático de Estética agradeció la acogida de Mary en estos versos: «Después que quedó atrás la infancia, / el país de los grandes miedos / despacio, el alma se acostumbra /a la insistencia del consuelo, / a los milagros simplicísimos, / al alborear del reverso / de luz de las cosas…».
Quizás por la estrecha amistad entre el abulense Aranguren y Valverde, ambos fueron adscritos a la Generación del 36, a pesar de la diferencia de edad (Retrato de José Luis L. Aranguren, E. López-Aranguren, J. Muguruza y José M.ª Valverde, 1993).
Y ahora, a través de Santa Teresa, que tanta inspiración intelectual ejerció en todos ellos, nos acercarnos a su figura con el texto de Valverde:
«Al leer hoy a Teresa de Jesús, lo que nos estremece no es la distancia del tiempo ni el arcaísmo de sus modismos abulenses, sino la irrupción de una voz desconcertantemente cercana» (Revista El Ciervo, nº 367-368/1981).
EL pintor Benjamín Palencia (1894-1980), afincado temporalmente en el pueblo abulense de Villafranca de la Sierra desde los años cuarenta, firmó el 5 de noviembre de 1951 la siguiente dedicatoria: «A María que sabe dónde se halla la verdadera fuerza de la obra de arte». Sobre dicha leyenda, el dibujo de una mujer exploradora buscando con anteojos las virtudes de la creación artística.
Benjamín Palencia pintó Ávila y el valle del Corneja:
«Al conocer Ávila y también toda Castilla la Vieja ha sido la Ciudad y el paisaje que más en armonía ha estado siempre con mi espíritu, es el paisaje que buscaba… Decir: Santa Teresa y san Juan de la Cruz, pues ya es una cumbre tan elevada que creo que las demás provincias de España no pueden ni han llegado a tanto» (Díaz-Castilla, El valle del color, 2003).
El médico, historiador y filósofo Pedro Laín Entralgo (1908-2001), director de la Real Academia Española y premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, dedicó en diciembre de 1951 a Mary Aranguren las siguientes líneas:
«¿Qué es preguntar? / Sucesivamente nos han dicho que / quien pregunta se asombra, duda, se / angustia, tímidamente, que quien pregunta, / espera: si no fuésemos capaces / de esperar – si no estuviésemos forzados a / esperar – no preguntaríamos…».
Ávila es el motivo plástico de la carpeta de grabado “Castilla. Dieciocho grabados al buril de Jaume Pla”, con prólogo de Pedro Laín Entralgo y texto de Miguel Delibes (Ed. Rosa Vera, 1995).
En este caso, Pedro Laín ofrece una reflexión estética y filosófica sobe el paisaje castellano a partir del texto de Delibes y una vista, entre otras, de la muralla abulense desde el mirador de los Cuatro Postes. Más impresiones de Laín sobre el paisaje castellano se recogieron en su libro “A qué llamamos España (Espasa-Calpe, 1971), donde anota: «Ávila nos aproxima las contentadoras frondas del Tiétar y el Jerte».
El filósofo y ensayista José Ortega y Gasset (1883-1995) en el mes de mayo de 1955, escribió en el cuaderno de Mary:
«Lo más difícil que hay en el mundo / es ser buena mujer». Tiempo atrás, Ramón Gómez de la Serna entrevistó a Ortega preguntándole: «- ¿Qué paisaje o paraje de esos que se hace sombría noche en pleno mediodía es el que le pone más desolado? Y Ortega responde: -La Paramera de Ávila, donde hay un pueblo que se llama La Hija de Dios» (La Gaceta Literaria, 15/03/1927).
Así mimo, en otro lugar hemos escrito que Ortega, atraído por el paisaje serrano, entre 1929 y 1930, solía veranear en Gredos y en Navalperal, y su afición al excursionismo en auto hizo que en 1920 le comprara el coche al cronista de Ávila, Manuel de Foronda, el mismo que había invitado a Lorca para conferenciar en la Real Academia de la Historia cuando pasó por Ávila (DAV, 21/06/2011).
El poeta y Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre (1898-1984), en mayo de 1960, firma la siguiente dedicatoria:
«La estampa antigua / Vanamente cansado el día insiste / la misma flor, la misma fuente, / la misma, la misma sombra del cerezo / ¿Qué preguntas? El mar tan lejos gesticula / inútilmente. Sus espumas ruedan, / ansia de amor proclaman sin sonido, / lejos, lejos, lejísimos, sin bulto, / vapor telón de sedas amarillas».
Anteriormente, en mayo de 1953, Aleixandre envió una carta a los fundadores de “El Cobaya”, revista literaria abulense: «En el panorama de la más reciente poesía española faltaba el grupo que hubiese nacido a la sombra venerable de las piedras abulense…». La revista fue presentada con éxito en Ávila con la asistencia de autoridades y las intervenciones de José Luis Aranguren, Dionisio Ridruejo y Luis Felipe Vivanco.
Además, se da la circunstancia de que Aleixandre pasaba los veranos en Las Navas del Marqués entre 1911 y 1918, donde coincidió con el poeta Dámaso Alonso, quien le trasmitió su pasión por la poesía:
«Recuerdo la cerca blanca que los acosaba, / unida a la Ermita del Cristo, y al fondo las lomas, / el amarillo estival de la hierba abrasada, / con un confín de pinos espesísimos: / el bosque natural de Las Navas del Marqués, / en que la villa antaño se erguía» (Los encuentros. Ed, Guadarrama, 1958; y Espasa-Calpe, 1985).

FUENTE:https://www.facebook.com/jmsanchidrian1234

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